''Envío
mi saludo fraterno y mis mejores deseos a usted y a todos los miembros
del Consejo de Conferencias Episcopales de Europa, reunidos en la Tierra
Santa del 11 al 16 de Septiembre 2015. Reunidos para reflexionar sobre
la vida de la Iglesia en vuestros países, rezo para que el tiempo
transcurrido juntos sea sobre todo un tiempo de oración y solidaridad
profunda. Que vuestro abandono en el Señor pueda renovaros en la
santidad de vida y en el celo apostólico hacia aquellos que están bajo
vuestro cuidado pastoral. Pueda además reavivar la frescura del
Evangelio, del cual “brotan nuevos caminos, métodos creativos, otras
formas de expresión, signos más elocuentes, palabras cargadas de
renovado significado para el mundo actual”. Encomiendo especialmente a
vuestras oraciones el próximo Sínodo Ordinario, para que la Iglesia
pueda responder siempre con mayor urgencia y generosidad a las
necesidades de la familia. Invocando la intercesión de María, nuestra
Madre, de corazón envío a cada uno mi Bendición Apostólica como promesa
de sabiduría y fortaleza en nuestro Señor Jesucristo''.