Manila, FILIPINAS (Agencia Fides 16/09/2021) – “Es como estar en el valle de la muerte: el asesinato de drogadictos y opositores; las víctimas de la pandemia; la muerte por penuria debido a un gobierno sin visión y por una corrupción descarada que parece batir todos los récords”: es la fuerte denuncia de tres arzobispos filipinos de la región de Luzón Norte, que condenan las matanzas y la inacción del gobierno en Filipinas. En una carta pastoral conjunta, monseñor Marlo M. Peralta, arzobispo de Nueva Segovia, monseñor Sócrates B. Villegas, arzobispo de Lingayen-Dagupan, y monseñor Ricardo L. Baccay, arzobispo de Tuguegarao, constatan con dolor y preocupación la pérdida masiva de vidas humanas en Filipinas, causada por diversos fenómenos como la "guerra contra las drogas", la pandemia, la corrupción.
“En los últimos cinco años - señala la Carta -, más de 30.000 filipinos
han muerto en la campaña contra las drogas ilegales”. Además el rastro
dejado por la muerte es amplio: “Periodistas, opositores políticos,
jueces, sacerdotes han sido asesinados y los críticos del gobierno han
sido intimidados y amenazados. Los asesinos andan sueltos y los
partidarios de estos asesinos les aplauden”.
Los obispos añaden: “La pandemia ha sido un desastre natural que no
hemos pudimos controlar. Hemos visto la muerte en nuestros hogares y
oficinas. Heroicos trabajadores sanitarios han arriesgado sus vidas y
algunos han muerto. Mientras otras naciones se han recuperado de la
pandemia, nuestro número de muertos sigue aumentando. Como resultado de
la pandemia, los pobres están muriendo lentamente por el desempleo, las
dificultades y la falta de medios de subsistencia. “Los pobres están
pagando la corrupción de los poderosos. La nación se está hundiendo en
la deuda”, señalan los prelados, que destacan la incompetencia, la
ineptitud y la corrupción que “están matando a la nación y a la
economía”.
En una situación tan dramática, la esperanza viene de Dios: “Venceremos
el mal con la fuerza del bien. Nuestra ayuda viene del Señor”, afirman,
añadiendo que la situación actual en Filipinas, exige penitencia y
expiación de los pecados personales y comunitarios: “Podemos organizar
rosarios penitenciales y oraciones de reparación a la Divina
Misericordia para que el Señor perdone a los asesinos. Que nuestra
penitencia nos conduzca, a nuestra pequeña manera, a obras de
misericordia y de caridad generosas y valientes”, subrayan los Prelados.
Los tres líderes eclesiásticos instan a los ciudadanos a respetar la
ley, pero sobre todo sus conciencias iluminadas por la fe: “Debemos
resistir a un orden público asesino y corrupto, dejándonos guiar por el
Compendio de la Doctrina Social de la Iglesia, que en el número 400
admite como legítima la resistencia a la autoridad cuando ésta viola
grave o reiteradamente los principios esenciales de la ley natural”.
Citando a Santo Tomás de Aquino, los obispos afirman que “la ley natural
es la base del derecho a la resistencia”.
“La resistencia no violenta, con asambleas pacíficas de disidencia o
debates sobrios sobre cuestiones sociales, guiados por el Evangelio, o
manifestaciones por la honestidad y el heroísmo, es el camino que
debemos elegir siempre. Esta es la única resistencia moralmente
aceptable”, dice la Carta. “Tenemos el deber moral de resistir y
corregir la cultura del asesinato y el saqueo tanto como la costumbre
constante de ocultar o destruir la verdad”, reiteran los autores.
El texto de la carta también pide “una investigación completa de los
episodios de corrupción” y rechazar la actitud de “quienes obstruyen el
proceso legal dirigido a la verdad y la justicia”.
Dado que las elecciones generales y locales en Filipinas están
programadas para el 9 de mayo de 2022, los obispos afirman: “Las
elecciones libres que permiten la elección y el cambio de representantes
son la forma más eficaz de exigir responsabilidades a la autoridad
política. Con este espíritu, pedimos a nuestros jóvenes y nuevos
votantes que se registren. Apelamos al sentido patriótico de los
candidatos para que vuelvan a introducir la ética en nuestra vida
política y actúen según su conciencia, no según las encuestas”.
La misiva concluye: “No es el momento de la desesperación, sino del
valor. No es el momento de callar, sino de defender a Dios. Contra la
ola de asesinatos y saqueos, demos testimonio de la verdad y la vida”.