Seúl, COREA DEL SUR (Agencia Fides, 10/10/2018) – “Me complace y reconforta saber que, durante su
visita al Vaticano la próxima semana, el Presidente Moon Jae-in llevará
consigo el mensaje del líder norcoreano Kim Jong-un, quien desea invitar
al papa Francisco a Pyongyang”. Así lo declaró el cardenal Andrew Yeom
Soo-jung, arzobispo de Seúl, en una nota enviada a la Agencia Fides, a
propósito de la invitación al pontífice, que será presentada durante la
gira europea del Presidente Mooon Jae-in, en Italia y en el Vaticano los
días 17 y 18 de octubre.
El Cardenal Yeom expresó a Fides: “El santo padre siempre se ha
preocupado y se preocupa por la paz en la península coreana; e ha
incluido en sus oraciones a los coreanos, siempre que ha habido eventos
importantes en la historia reciente. Espero que estos esfuerzos ayuden a
construir una paz genuina en la península de Corea. Sobre todo, como
administrador apostólico de Pyongyang, oro sinceramente para que en los
días venideros podamos enviar sacerdotes y religiosos al Norte y
celebrar juntos los Sacramentos”.
Actualmente, a la comunidad católica de Corea del Norte la llaman
comúnmente la "Iglesia del silencio" porque, desde 1948, el régimen
norcoreano comenzó a eliminar todos los rastros de la presencia de la
Fe, arrasando iglesias y confinando al personal eclesiástico y a los
creyentes en campos de concentración.
En Corea del Norte había, hasta 1950, más de 55.000 creyentes y 57
iglesias construidas, con misioneros, escuelas católicas y florecientes
actividades pastorales. Hoy en día no hay obispos, sacerdotes o
religiosos católicos. A partir de 1989, con el colapso del bloque
comunista, se produjo un cambio en la política religiosa del régimen que
reconoció una "Asociación católica" y una "Federación cristiana", a las
cuales se adhieren unos tres miles fieles controlados oficialmente por
el gobierno. Los sacerdotes del Sur que han estado en Corea del Norte en
los últimos años, siguen convencidos de la existencia de muchos otros
hombres y mujeres, en el país, que todavía viven su fe en Cristo de una
manera íntima y privada.