lunes, 7 de septiembre de 2015

Ángelus: "Dios no está encerrado en sí mismo, se abre a la humanidad" y llama a todas las diócesis de Europa acojan a una familia de prófugos

CIUDAD DEL VATICANO, 6 de septiembre de 2015 (VIS).- El relato evangélico de la curación del sordomudo, que muestra cómo Jesús restablece la plena comunicación de la persona con Dios y con los demás fue el tema de la reflexión del Papa FRANCISCO en el Ángelus de esta mañana.
 
El Santo Padre explicó a los miles de fieles reunidos a mediodía en la Plaza de San Pedro que el milagro está ambientado en la zona de la Decápolis, es decir, en territorio pagano y, así, el sordomudo llevado ante Jesús se transforma en símbolo del no creyente que cumple un camino hacia la fe. ''Efectivamente -dijo FRANCISCO- su sordera expresa la incapacidad de escuchar y de comprender no sólo las palabras de los demás, sino también la Palabra de Dios. Y San Pablo nos recuerda que ''la fe nace de la escucha de la predicación''.
 
Lo primero que hace Jesús es llevarse al sordomudo lejos de la muchedumbre porque ''no quiere hacer publicidad al gesto que está por realizar, ni tampoco que su palabra sea cubierta por el ruido de las voces y de las habladurías del ambiente. La Palabra de Dios que Cristo nos transmite necesita silencio para ser acogida como Palabra que sana, que reconcilia y restablece la comunicación''.
 
Después Jesús toca las orejas y la lengua del hombre para restablecer, a través del contacto, la comunicación que estaba bloqueada. Pero el milagro ''es un don que viene de lo alto, que Jesús implora al Padre; por eso, levanta los ojos al cielo y manda: ''¡Ábrete!'' Y las orejas del sordo se abren, se desata el nudo de su lengua y comienza a hablar correctamente''.
 
El relato nos enseña ''que Dios no está encerrado en sí mismo, sino que se abre y se comunica con la humanidad. En su inmensa misericordia, supera el abismo de la infinita diferencia entre Él y nosotros, y sale a nuestro encuentro. Para comunicarse con el ser humano, Dios se hace hombre: no le basta hablarnos a través de la Ley y de los profetas: se hace presente en la persona de su Hijo, la Palabra hecha carne. Jesús es el gran ''constructor de puentes'' que construye en sí mismo el gran puente de la comunión plena con el Padre''.
 
''Pero este Evangelio -subrayó el Pontífice- nos habla también de nosotros: a menudo estamos replegados y encerrados en nosotros mismos, y creamos tantas islas inaccesibles e inhospitalarias. Incluso las relaciones humanas más elementales a veces son incapaces de apertura recíproca: la pareja cerrada, la familia cerrada, el grupo cerrado, la parroquia cerrada, la patria cerrada...¡Y eso no es de Dios¡ Es nuestro, es nuestro pecado''.
 
''Y sin embargo en el origen de nuestra vida cristiana, en el Bautismo, están precisamente ese gesto y esa palabra de Jesús: ''¡Effatá!''– ''¡Ábrete!”. Y el milagro se cumple: estamos curados de la sordera del egoísmo y del mutismo de la cerrazón y del pecado y pasamos a formar parte de la gran familia de la Iglesia; podemos escuchar a Dios que nos habla y comunicar su Palabra a cuantos no la han escuchado nunca o a los que la han olvidado, o sepultado bajo las espinas de las preocupaciones y de los engaños del mundo''.
 
Después de rezar el Ángelus, FRANCISCO lanzó un fuerte llamamiento para que todas las diócesis de Europa acojan a una familia entre las decenas de miles de prófugos que huyen de los horrores de la guerra y las persecuciones.
 
''La Misericordia de Dios -dijo- se reconoce a través de nuestras obras, como testimonia la vida de la beata Madre Teresa de Calcuta, cuyo aniversario de muerte recordamos ayer''.
''Frente a la tragedia de decenas de miles de prófugos que huyen de la muerte por la guerra y el hambre y están en camino hacia una esperanza de vida, el Evangelio nos llama, nos pide que seamos ''prójimos'' de los más pequeños y abandonados; que les demos una esperanza concreta y no digamos solo ''¡ánimo, paciencia!''… La esperanza cristiana es combativa, con la tenacidad de quien va hacia una meta segura''.
 
''Por lo tanto, en proximidad del Jubileo de la Misericordia, dirijo un llamamiento a las parroquias, a las comunidades religiosas, a los monasterios y a los santuarios de toda Europa para que expresen que el Evangelio es concreto y acojan a una familia de prófugos. Un gesto concreto en preparación del Año Santo de la Misericordia. Cada parroquia, cada comunidad religiosa, cada monasterio, cada santuario de Europa hospede a una familia, empezando por mi diócesis de Roma''.
 
''Me dirijo a mis hermanos, a los Obispos de Europa, verdaderos pastores, para que en sus diócesis sostengan mi llamamiento, recordando que Misericordia es el segundo nombre del Amor: “Todo lo que hagáis por el más pequeño de mis hermanos, lo hacéis conmigo”. También las dos parroquias del Vaticano acogerán en estos días a dos familias de prófugos''.
 
Después el Papa recordó que en estos días los Obispos de Venezuela y Colombia se reunieron para examinar juntos la dolorosa situación que se ha creado en la frontera entre ambos países. ''Veo en este encuentro un claro signo de esperanza -señaló el Obispo de Roma- Invito a todos, en particular a los amados pueblos venezolano y colombiano, a rezar para que, con un espíritu de solidaridad y fraternidad, se puedan superar las actuales dificultades''.
 
También mencionó que ayer en Gerona (España) fueron beatificadas las religiosas del Instituto de San José de Gerona, Fidelia Oller, Josefa Monrabal y Facunda Margenat, ''asesinadas por su fidelidad a Cristo y a la Iglesia. A pesar de las amenazas e intimidaciones, estas mujeres permanecieron valerosamente en su lugar para ayudar a los enfermos, confiando en Dios. Su testimonio heroico, hasta el derramamiento de sangre, dé fortaleza y esperanza a todos los perseguidos hoy en día por motivo de su fe cristiana. Y sabemos que son muchos''.
 
Por último habló de la inauguración, el pasado viernes, en Brazzaville, capital de la República del Congo, de los undécimos Juegos Africanos en los que participan miles de atletas de todo el continente. ''Espero -concluyó- que esta fiesta grande del deporte contribuya a la paz, a la fraternidad y al desarrollo de todos los países de Africa''.