El Pontífice comentó el evangelio de hoy que narra cuando Jesús, en camino hacia
Cesarea pregunta a los discípulos acerca de lo que dice la gente de su
persona, porque aunque lo consideraban un enviado de Dios, no lo veían
aún como el Mesías. Así los apóstoles responden que unos dicen que
Elías, otros Juan Bautista revivido u otro profeta. Entonces, Cristo
dice a sus discípulos: “¿Y vostros quién decís que soy?” .
''He
aquí la pregunta más importante, con la que Jesús se dirige
directamente a aquellos que lo han seguido, para verificar su fe -dijo
el Santo Padre- Pedro, en nombre de todos, exclama sin ambages: “Tú eres
el Cristo”. Y Jesús, conmovido por esa fe reconoce que es ''fruto ...
de una gracia especial de Dios Padre y revela abiertamente a los
discípulos lo que le espera en Jerusalén, es decir que “el Hijo del
hombre deberá sufrir mucho… ser condenado a muerte y resucitar después
de tres días”. Pero al escuchar esas palabras, el apóstol que acaba de
profesar su fe en Jesús como Mesías, se escandaliza y , en un aparte, lo
reprende. Jesús reacciona con gran severidad diciéndole: ¡Retírate,
vete de mí, Satanás!... Porque tus pensamientos no son los de Dios, sino
los de los hombres''.
''Jesús
se da cuenta de que en Pedro, como en los demás discípulos – ¡y también
en cada uno de nosotros! – a la gracia del Padre se opone la tentación
del Maligno, que quiere apartarnos de la voluntad de Dios -observó el
Papa- Anunciando que deberá sufrir y ser condenado a muerte para
resucitar después, Jesús quiere que cuantos le siguen entiendan que es
un Mesías humilde y servidor. Es el Siervo obediente a la palabra y a la
voluntad del Padre, hasta el sacrificio completo de su vida. Por esto,
dirigiéndose a toda la muchedumbre, declara que aquel que quiera ser su
discípulo debe aceptar ser siervo, como Él se hizo siervo, y advierte:
“El que quiera venir detrás de mí, que renuncie a sí mismo, que cargue
con su cruz y me siga”.
''Seguir
a Jesús significa cargar con la propia cruz – todos la tenemos… – para
acompañarlo en su camino; un camino incómodo que no es el del éxito, el
de la gloria pasajera, sino el que conduce a la verdadera libertad, la
que nos libera del egoísmo y del pecado. Consiste en rechazar
abiertamente esa mentalidad mundana que pone el propio “yo” y los
propios intereses en el centro de la existencia... En cambio Jesús nos
invita a perder nuestra vida por Él, por el Evangelio, para recibirla
renovada, realizada, y auténtica. Estamos seguros, gracias a Jesús, de
que este camino conduce, al final, a la resurrección, a la vida plena y
definitiva con Dios. La decisión de seguir a nuestro Maestro y Señor que
se hizo Siervo de todos, exige caminar detrás de Él y escucharlo
atentamente en su Palabra -dijo FRANCISCO reiterando a los presentes su
invitación a leer todos los días un un pasaje del Evangelio – y en los
Sacramentos''.
Por
último se dirigió a los jóvenes que estaban en la Plaza: ''Sólo os
pregunto: ¿Habéis sentido las ganas de seguir a Jesús más de cerca?
Pensad. Rezad. Y dejad que el Señor os hable''.
Después de rezar el Ángelus, el Papa recordó
que hoy en Sudáfrica se proclama beato a Samuel Benedict Daswa, primer
mártir de la Iglesia Católica en ese país. El nuevo beato, maestro de
escuela primaria, fue lapidado en 1990 en Tshitanini, una aldea de la
provincia de Limpopo, por atribuir el incendio de algunas cabañas a un
rayo y no a fuerzas del mal y negarse a pagar los servicios de un mago
al que sus habitantes querían recurrir para acabar con la tempestad.
''En
su vida -dijo FRANCISCO- demostró siempre una gran coherencia,
asumiendo valientemente actitudes cristianas y rechazando costumbres
mundanas y paganas. ¡Que su testimonio ayude especialmente a las
familias a difundir la verdad y la caridad de Cristo¡ Y su testimonio se
une al de tantos hermanos y hermanas nuestros, jóvenes, ancianos,
chicos, niños perseguidos, expulsados, asesinados por confesar a
Jesucristo. A todos estos mártires, a Samuel Benedict Daswa y a todos
ellos, les agradecemos su testimonio y les pedimos que intercedan por
nosotros”.
Al
final saludó a los maestros precarios llegados de la isla italiana de
Cerdeña deseándoles “que se haga frente a los problemas del mundo del
trabajo teniendo en cuenta a la familia y a sus exigencias concretas''.