Manila, FILIPINAS (Agencia Fides, 04/04/2016) – “Una muerte siempre es trágica, aún más cuando
se trata de una muerte violenta. Oramos por nuestros agricultores en
Kidapawan: para que puedan encontrar paz y felicidad en el cielo. La
policía tiene el mandato de mantener la paz, proteger a los débiles y
servir a la justicia”: lo ha declarado el arzobispo Sócrates Villegas,
Presidente de la Conferencia Episcopal de Filipinas, condenando la
violencia que se produjo en la localidad de Kidapawan City, en la isla
de Mindanao, durante una manifestación de agricultores.
Dos agricultores fueron asesinados y decenas resultaron heridos el 1 de
abril, después de que las fuerzas de la policía abriesen fuego para
dispersar a los manifestantes. La Policía informó que 40 agentes
resultaron heridos y dos de ellos están en “estado crítico”.
Miles de agricultores, en su mayoría lumads (nativos locales), habían
bloqueado durante tres días la carretera de Davao a Cotabato, pidiendo
los subsidios y ayudad por sus condiciones de extrema pobreza a las
autoridades.
La Iglesia ha condenado la violencia, manifestando su esperanza de que
el problema se resuelva de inmediato, apelando tanto al Estado para que
garantice los subsidios, tanto a las familias de las víctimas, para que
abandonen sus posibles deseos de venganza.
Los agricultores se han visto afectados por tifones e inundaciones, y
luego por una grave sequía y viven en la exasperación, incapaces de
garantizar la subsistencia de sus familias: piden ayuda alimentaria
hasta que puedan reanudar la siembra. También han pedido poder recibir
las semillas gratis, para que se puedan sustituir los cultivos perdidos.
Los líderes de las Iglesias locales deploran la violencia y piden una
solución “justa y pacífica”, recordando que estos agricultores pobres
han sido abandonados por el gobierno.