CIUDAD DEL VATICANO, 6 de abril de 2016 (VIS).- Después de la catequesis el Papa FRANCISCO recordó que hoy se celebra la
Jornada Mundial del Deporte para la Paz y el Desarrollo, proclamada por
las Naciones Unidas. “El deporte es un lenguaje universal que acerca a
los pueblos y puede contribuir a que las personas se encuentren y
superen los conflictos -destacó el Pontífice- Por eso animo a que la
dimensión deportiva se viva como una escuela de virtudes para el
crecimiento integral de los individuos y de la comunidad”.
En los saludos en francés, inglés, alemán, español, portugués, árabe, polaco y eslovaco; el Santo Padre se dirigió
especialmente a los fieles franceses de la diócesis de Aix- en-Provence,
a los jóvenes alemanes de la Liebfraunenschule de Diessen, al grupo de
habla portuguesa de Sao Sebastiao do Pontal, a los peregrinos
procedentes de Oriente Medio, así como a la redacción, lectores y amigos
del semanario católico polaco “Niedziela” que celebran el noventa
aniversario de su fundación y a los parroquianos y estudiantes eslovacos
de Stara Lubovna. También saludó a los fieles de los Países Bajos
procedentes de la diocesis de Amberes y a los peregrinos de Bélgica. En italiano mencionó a los
peregrinos de Castellaneta y Fidenza, a los participantes en la “marcha
alimentaria”, de Gubbio, a la comunidad del Pontificio Colegio San Juan
Damasceno que recuerda su 75 aniversario, a los estudiantes y familiares
de las Escuelas de la Congregación de las Adoradoras de la Sangre de
Cristo, a los médicos de la Sociedad Europea de Ortopedia, a los fieles
procedentes de Recco, Alatri, Vietri de Potenza y a los estudiantes de
Messina.
Estas fueron sus palabras en castellano:
"Queridos hermanos y hermanas:
Después de reflexionar sobre la misericordia de Dios en el Antiguo
Testamento, iniciamos a meditar ahora como el Señor la ha llevado a su
plenitud. Todo el Evangelio es una muestra de ese amor puro, gratuito y
absoluto que llega al culmen con el Sacrificio de la Cruz.
Jesús comienza su misión poniéndose en la fila de los pecadores, para
recibir el bautismo de Juan, mostrándonos así su compasión, su
solidaridad con la condición humana. En la Sinagoga de Nazaret afirma
que todo lo que hará será cumplir este programa inicial, llevando
consolación, salud y perdón a quien acudía a Él. En el Jordán, ninguno
pudo entender este gesto, sólo el Padre, que declara: «Este es mi hijo,
el amado, mi predilecto», ratificando con la unción del Espíritu el
camino que el Señor ha tomado.
En la Cruz contemplamos este gran misterio de amor. En ella, el
inocente muere por los culpables y, desde ella, suplica al Padre el
perdón para todos, sin excluir a nadie. Por eso no debemos temer
reconocernos pecadores, pues ha llevado nuestro pecado sobre su Cruz y,
cuando nos confesamos arrepentidos, tenemos siempre la certeza de su
perdón.
Saludo cordialmente a los peregrinos de lengua española, en particular a
los grupos provenientes de España y Latinoamérica. Acerquémonos al
sacramento de la reconciliación que actualiza la fuerza del perdón que
nace de la cruz y renueva en nosotros la gracia de la misericordia
divina, haciéndonos capaces de amar y perdonar como el Señor nos amó y
nos perdonó".