CIUDAD DEL VATICANO, 2 de abril de 2016 (VIS).- ”Artífices y testigos de esperanza” es el título del mensaje del Arzobispo Zygmunt Zimowski, Presidente del Pontificio Consejo para la
Pastoral de la Salud con motivo de la IX Jornada Mundial para la
Concienciación y la Sensibilización sobre el Autismo (2 de abril). Este
año la jornada coincide con los días inmediatamente sucesivos al Domingo
de Pascua y, como escribe el prelado, la Iglesia quiere hacer suya la
actitud de Jesús resucitado, que infunde esperanza a las mujeres después
de los trágicos días de su pasión y muerte con las palabras: “No
tengáis miedo”.
“Muchas veces la fatiga diaria, la soledad, el ansia por el futuro
-dice el mensaje- predominan sobre la esperanza... Conscientes de que es
importante y necesario estimular el esfuerzo para que mejoren los
servicios y la investigación, lo mismo que de la necesidad de estar al
lado de las personas autistas y de sus familias... nuestro corazón no
puede dejar de sentirse confirmado en la esperanza... En una época en que
a menudo se hace difícil encontrar razones para ella y sobre todo
frente a los trastornos del espectro autista, que a menudo no sólo es
problemático diagnosticar sino que, -sobre todo en las familias – se
viven con vergüenza o replegándose en la soledad, estamos llamados a
depositar nuestra confianza en Dios. Si, por definición, la esperanza
mira hacia el futuro, hunde sus raíces en el hoy de Dios, que nos ama y
nos busca incansablemente... Dios es bondad sin límites, se ocupa de sus
hijos y nunca abandonará a los que él ha llamado a entrar en su
comunión, sean cuales sean las dificultades”.
“En esta perspectiva de fe, la sensibilización sobre un problema
neurológico y de comportamiento, que hasta hace poco casi se consideraba
un estigma social, está adquiriendo cada vez más importancia -observa
el Arzobispo- en el ámbito de la diagnosis y de la investigación, así
como en los de la asistencia, la incorporación escolar y laboral, y
también en el del acompañamiento del crecimiento espiritual. Es un signo
de esperanza, como se pudo ver en la Conferencia Internacional
organizada hace dos años por este dicasterio sobre el tema: “La persona
con trastornos del espectro autista: animar la esperanza”.
“No puede fallar el compromiso de todos -recalca el presidente del
Pontificio Consejo- para favorecer la acogida, el encuentro, la
solidaridad, en una labor concreta de ayuda y de promoción renovada de
la esperanza, sobre todo si se tiene en cuenta que el autismo dura toda
la vida. Por eso, solamente la alianza entre los sectores de la sanidad,
socio-sanitarios y educativos, junto con la inclusión, siempre que sea
posible, en actividades laborales para aumentar la autonomía personal,
pueden garantizar la continuidad del “hacerse cargo” durante toda la
vida de estos hermanos y hermanas nuestros. Permitiendo una integración
funcional entre los servicios específicos de la edad evolutiva y los de
la edad adulta, se hace posible para la persona con autismo conservar
las capacidades adquiridas con las intervenciones de rehabilitación
durante su juventud, evitando su regresión y la invalidación de los recursos empleados”.
“En esta tarea onerosa, pero no imposible, el efecto de las
intervenciones educativas, sanitarias y sociales en apoyo de las
personas con trastornos del espectro autista y sus familias puede
suponer un acicate para identificar y promover políticas eficaces y
puntuales, creando así en el territorio y también en los países de bajos
ingresos - como afirmó el Papa FRANCISCO encontrando a los niños y a
las personas con autismo y a sus familias el 22 de noviembre de 2014 -
“una red de apoyo y servicios, completa y asequible” que “ayude a las
familias a superar la sensación que a veces puede surgir, de
insuficiencia, ineficacia y frustración”.
“Acogiendo la invitación del Papa FRANCISCO que, sobre todo en este
Año Santo de la Misericordia, llama a los creyentes y a los que no lo
son a redescubrir actitudes de acogida y solidaridad fraterna -concluye
el mensaje- hagámonos cargo en nuestra vida de la aceptación y de la
inclusión de las personas con autismo y de sus familias, con la certeza
de que de esta manera somos testigos de esperanza auténtica y alegre en
la Iglesia y en el mundo”.