Bangui, REPÚBLICA CENTROAFRICANA (Agencia Fides, 15/10/2018) – “¿Qué es verdad?”, pregunta monseñor Tadeusz
Kusy, obispo de Kaga-Bandoro, en el centro-norte de la República
Centroafricana, quejándose de la falta de transparencia con la que opera
la Minusca (Misión de las Naciones Unidas en África Central) en la
gestión de los desplazados locales.
En Bandoro más de 15.000 habitantes fueron expulsados de sus hogares por
los rebeldes Seleka hace más de 4 años, en febrero de 2014. Estas
personas viven a tres kilómetros de la ciudad, en campamentos para
desplazados. Según Mons. Kusy, las autoridades locales y las de la ONU
les envían mensajes contradictorios. Por un lado, invitan a la población
a regresar a la vida comunitaria en sus barrios de origen, “pero al
mismo tiempo están construyendo estructuras a 3 kilómetros de sus casas y
les dicen: ‘Pueden quedarse aquí’. Entonces, ¿dónde está la verdad? No
hay verdad en estos programas”, denuncia el obispo.
Mons. Kusy hace hincapié en el drama humano de los desplazados, en
particular de “los niños menores de 4 años, nacidos en los campos y que
no conocen la vida normal en una casa. Nacieron bajo lonas o bajo un
techo de paja. Son niños que están marcados por las cicatrices de la
vida, porque desde que nacieron no han conocido la vida de un hogar
familiar, en un barrio normal”.
El obispo también denuncia la inseguridad en las vías que conectan los
diferentes lugares de la diócesis. Por ejemplo, en julio fue retirado el
contingente burundiano de cascos azules que controlaba la carretera
entre Bandoro y Ndombetté, dejando el campo abierto a los bandidos que
extorsionan a los vehículos de pasajeros.
La inseguridad debida a la presencia de grupos armados y bandidos tiene
un fuerte impacto en las actividades pastorales. En la zona de Ndélé a
Kaga-Bandoro hay guerrilleros Séléka y mercenarios sudaneses y chadianos
que roban vehículos y motocicletas. “Había planeado una visita pastoral
a esa zona en diciembre de 2017, pero sólo pude hacerlo en mayo de
2018”, dijo mons. Kusy.
Más grave aún fue el episodio de este verano cuando, de camino a la
Asamblea Plenaria de la Conferencia Episcopal, celebrada en Berbérati
del 18 al 26 de junio, mons. Kusy y su séquito fueron asaltados por
bandoleros. “En el robo la diócesis perdió los documentos contenidos en
el ordenador del ecónomo: toda la contabilidad diocesana y toda la
documentación de la Caritas diocesana”, relató el obispo.