Dusambé, TAYIKISTÁN (Agencia Fides, 15/10/2018) - Hay motivos étnico-religiosos detrás de las
tensiones en la Región Autónoma de Gorno-Badakhshan, situada en la parte
oriental de Tayikistán. Es lo que Giannicola Saldutti, investigador
asociado al Instituto de Estudios Avanzados en Geopolítica y Ciencias
Auxiliares, con sede en Roma, dice a la Agencia Fides, en referencia a
los disturbios que siguieron a la última visita del presidente Emomali
Rahmon a la región, a mediados de septiembre. En esa ocasión, el jefe de
Estado criticó la falta de compromiso de las autoridades locales en la
lucha contra el tráfico ilegal de armas y drogas, particularmente
floreciente en la zona fronteriza con Afganistán, y les dio un ultimátum
de un mes para restablecer el orden.
“La cuestión de Gorno-Badakhshan es histórica y políticamente una de las
más problemáticas de Asia Central. Tras la disolución de la Unión
Soviética, la guerra civil tayika de 1992 tuvo como protagonista a esta
región que exigía la autonomía de Dushambe por razones étnico-religiosas
bien fundadas: sus habitantes se diferencian de los tayikos sunitas por
la lengua pamiri y por el credo chiíta, que ve en el aga khan al líder
espiritual”.
Gorno-Badakhshan es una región estratégica, tanto por su proximidad a
Afganistán como por haber sido un foco de oposición gubernamental en la
guerra civil de Tayikistán de 1992 a 1997. “Hay que recordar que el
Gorno-Badakhshan, la región oriental de Tayikistán, situada en las
laderas del Pamir, siempre ha sido históricamente resistente al poder
central desde principios del siglo XX. De hecho, no se anexionó al
Imperio Ruso sino hasta 1895 y, más tarde, a la URSS en 1925, como la
República Socialista Soviética de Tayikistán”, dice el investigador.
Según Saldutti, “la falla etno-cultural que corta a Tayikistán por la
mitad es la prueba de lo frágiles y artificiales que son las fronteras
de los países ‘stan’, considerando los criterios, a veces muy lábiles,
con los cuales fueron establecidos”.
En la zona de Gorno-Badakhshan, las tensiones entre la población y el
gobierno se han convertido ocasionalmente en violencia: en 2012, las
fuerzas de seguridad tayikas llevaron a cabo una operación militar en
esa zona, tras el asesinato de un líder provincial. Los enfrentamientos
que siguieron entre el ejército y la población local del Pamir causaron
la muerte de unas 50 personas. Dado los antecedentes, se teme que las
tensiones actuales, así como la sustitución de muchos funcionarios
políticos y de seguridad locales, puedan exacerbar el problema.
Según Saldutti, la situación es vigilada principalmente por China:
“Recordamos, de hecho, que el Gorno-Badakhshan también limita con el
Xinjiang chino, otra región de etnia uigure y de creencias musulmana,
tradicionalmente recalcitrante ante el poder de Beijing. Por esta razón,
la presencia militar china es cada vez más intensa y pesada en la
frontera con Tayikistán. El Gorno-Badakhshan representaría un paso
necesario para cualquier actividad terrorista o, más en general,
criminal. Rusia y China, por otro lado, aparentemente no tienen la
intención de seguir “balcanizando” el tablero de ajedrez euroasiático y
de socavar la integridad territorial de Tayikistán. Moscú y Pekín sin
duda tendrán que incentivar a Dusambé a ser parte de una transacción de
poder que tenga como objetivo enfriar los espíritus independentistas y
estabilizar la situación, reevaluando completamente las políticas que
Tayikistán hasta ahora ha utilizado en relación con más de 200.000 de
sus habitantes”, concluyó el investigador.