martes, 3 de abril de 2018

Ángelus del Papa FRANCISCO en el “Lunes del Ángel”

CIUDAD DEL VATICANO (http://catolicidad.blogspot.mx - 3 de abril de 2018).-  A las 12.00 horas de ayer “Lunes del Ángel”, el Papa FRANCISCO desde el balcón de su estudio en el Palacio Apostólico Vaticano, rezó el Ángelus de la festividad con los fieles y peregrinos reunidos en la Plaza de San Pedro.

Texto del Ángelus traducido del original intaliano por: http://catolicidad.blogspot.mx



PAPA FRANCESCO


REGINA COELI


Plaza de San Pedro
 Lunes del Ángel, 2 de abril de 2018


Queridos hermanos y hermanas, ¡buenos días!


El lunes después de Pascua es llamado “Lunes del Ángel”, según una tradición muy bella que corresponde a las fuentes bíblicas sobre la Resurrección. De hecho narran los Evangelios (cfr Mt 28,1-10, Mc 16,1-7; Lc 24,1-12) que, cuando las mujeres fueron al Sepulcro, lo encontraron abierto. Temían no poder entrar porque la tumba había sido cerrada con una piedra grande. En cambio estaba abierta; y del interior una voz les dice que Jesús no estaba allí, sino que ha resucitado.


Por primera vez son pronunciadas las palabras: “Él ha resucitado”. Los evangelistas nos dicen que este primer anuncio fue dado por los ángeles, es decir mensajeros de Dios. Hay un significado en esta presencia angelical: como el anunciar la Encarnación del Verbo fue dada al ángel, Gabriel, por lo que para anunciar por primera vez la Resurrección no era suficiente una palabra humana. Nos envió a un ser superior para comunicar una realidad tan inpactante, totalmente increíbe, que tal vez ningún hombre se atrevería a pronunciarla. Después de este primer anuncio, la comunidad de los discípulos comienza a repetir: «De verdad el Señor ha resucitado, y se le apareció a Simón», (Lc 24,34). Es bello este anuncio. Podemos decirlo todos juntos ahora: “De verdad el Señor ha resucitado”. Este primer anuncio - “De verdad el Señor ha resucitado” - requería una inteligencia superior a la humana.


Hoy es el día de fiesta y de convivencia que generalmente se vive con la familia. Es un día de familia. Después de haber celebrado la Pascua sentimos la necesidad de reunirnos ahora con nuestros seres queridos y con los amigos para hacer fiesta. Porque la fraternidad es el fruto de la Pascua de Cristo que, con su muerte y resurrección, ha vencido al pecado que separaba al hombre de Dios, al hombre de sí mismo, al hombre de sus hermanos. Pero sabemos que el pecado siempre separa, siempre hace enemistades. Jesús ha abatido el muro de división entre los hombres y ha restablecido la paz, comenzando a tejer la red de una nueva fraternidad. Y es tan importante en este nuestro tiempo redescubrir la fraternidad, así como era vista en las primeras comunidades cristianas. Redescubre como dar espacio a Jesús que nunca separa, siempre une. No puede haber una verdadera comunión y un compromiso para el bien común y la justicia social sin la fraternidad y la compartición. Sin compartición fraterna no se puede realizar una comunidad eclesial o civil: existe solo un grupo de individuos movidos o reagrupados por sus proprios intereses. Pero la fraternidad es una gracia que da Jesús.


La Pascua de Cristo ha hecho explotar en el mundo otra cosa: la novedad del diálogo y de la relación, novedad que para los cristianos es convertida en una resposabilidad. De hecho Jesús ha dicho: «De esto todos sabrán que sois mis discípulos: si tienen amor los unos por los otros» (Gv 13,35). Es por esto que no podemos encerrarnos en nosotros mismos, en nuestro gupo, sino que estamos llamados a ocuparnos del bien común, a cuidad de los hermanos, especialmente de aquellos más débiles y marginados. Solo la fraternidad puede garantizar una paz duradera, puede vencer la pobreza, puede extinguir las tensiones y las guerras, puede estirpar la corrupción y la criminalidad. El ángel que nos dice: “ha resucitado”, nos ayuda a vivir la fraternidad y la novedad del diálogo y de la relación y la preocupación para el bien común.



Que la Virgen María, que en este tiempo pascual invocamos con el título de Reina del Cielo, nos sostenga con su oración, para que la fraternidad y la comunión que experimentamos en estos días de Pasqua, puedan convertirse en nuestro estilo de vida y alma de nuestras relaciones.



Después del Regina Coeli:


Queridos hermanos y hermanas,


En el clima pascual que caracteriza el día de hoy, saludo cordialmente a todos vosotros, familias, grupos parroquiales, asociaciones y peregrinos, venidos de Italia y de varias partes del mundo.


A cada uno de vosotros deseo que transcurran en la serenidad estos días de la Octava de Pascua, en los cuales se prolonga la alegría de la Resurrección de Cristo. Aprovechen cada buena ocasión para ser testimonios de la paz del Señor resucitado especialmente en el resguardo de las personas más frágiles y desfavorecidos. En este propósito, deseo asegurar una especial oración para la Jornada Mundial de la Conciencia sobre el autismo, que se celebra hoy.


Invocamos el don de la paz para todo el mundo, especialmente para las poblaciones que más sufren a causa de los conflictos en curso. Renuevo en particular mi llamado para que las personas secuestradas o injustamente privadas de la libertad sean liberadas y puedan regresar a sus hogares. 


¡Buen Lunes del Ángel! Por favor, no se olviden de rezar por mí, Buen almuerzo y adiós: “De verdad el Señor ha resucitado”.



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Actos Pontificios del Santo Padre [Martes 3 de abril]

CIUDAD DEL VATICANO (http://catolicidad.blogspot.mx - 3 de abril de 2018).-  En otros Actos Pontificios hoy el Santo Padre FRANCISCO ha aceptado la renuncia al oficio de Auxiliar de la Arquidiócesis de Los Angeles en Estados Unidos de América, presentada por S.E. Monseñor Thomas J. Curry.

lunes, 2 de abril de 2018

Bendición "Urbi et Orbi"

CIUDAD DEL VATICANO (http://catolicidad.blogspot.mx - 1° de abril de 2018).- A las 12:00 horas, desde el balcón central de la Basílica Vaticana, el Papa FRANCISCO ha dirigido a los presentes en la Plaza de San Pedro y a cuantos lo escuchaban a través de la radio, la televisión y las nuevas tecnologías de comunicaciones el siguiente Mensaje:








MENSAJE URBI ET ORBI
DEL SANTO PADRE FRANCISCO


PASCUA 2018


Balcón central de la Basílica Vaticana
Domingo, 1° de abril de 2018


Queridos hermanos y hermanas, ¡Feliz Pascua!


Jesús ha resucitado de entre los muertos.


Junto con el canto del aleluya, resuena en la Iglesia y en todo el mundo, este mensaje: Jesús es el Señor, el Padre lo ha resucitado y él vive para siempre en medio de nosotros.


Jesús mismo había preanunciado su muerte y resurrección con la imagen del grano de trigo. Decía: «Si el grano de trigo no cae en tierra y muere, queda infecundo; pero si muere, da mucho fruto» (Jn 12,24). Y esto es lo que ha sucedido: Jesús, el grano de trigo sembrado por Dios en los surcos de la tierra, murió víctima del pecado del mundo, permaneció dos días en el sepulcro; pero en su muerte estaba presente toda la potencia del amor de Dios, que se liberó y se manifestó el tercer día, y que hoy celebramos: la Pascua de Cristo Señor.


Nosotros, cristianos, creemos y sabemos que la resurrección de Cristo es la verdadera esperanza del mundo, aquella que no defrauda. Es la fuerza del grano de trigo, del amor que se humilla y se da hasta el final, y que renueva realmente el mundo. También hoy esta fuerza produce fruto en los surcos de nuestra historia, marcada por tantas injusticias y violencias. Trae frutos de esperanza y dignidad donde hay miseria y exclusión, donde hay hambre y falta trabajo, a los prófugos y refugiados —tantas veces rechazados por la cultura actual del descarte—, a las víctimas del narcotráfico, de la trata de personas y de las distintas formas de esclavitud de nuestro tiempo.


Y, hoy, nosotros pedimos frutos de paz para el mundo entero, comenzando por la amada y martirizada Siria, cuya población está extenuada por una guerra que no tiene fin. Que la luz de Cristo resucitado ilumine en esta Pascua las conciencias de todos los responsables políticos y militares, para que se ponga fin inmediatamente al exterminio que se está llevando a cabo, se respete el derecho humanitario y se proceda a facilitar el acceso a las ayudas que estos hermanos y hermanas nuestros necesitan urgentemente, asegurando al mismo tiempo las condiciones adecuadas para el regreso de los desplazados.


Invocamos frutos de reconciliación para Tierra Santa, que en estos días también está siendo golpeada por conflictos abiertos que no respetan a los indefensos, para Yemen y para todo el Oriente Próximo, para que el diálogo y el respeto mutuo prevalezcan sobre las divisiones y la violencia. Que nuestros hermanos en Cristo, que sufren frecuentemente abusos y persecuciones, puedan ser testigos luminosos del Resucitado y de la victoria del bien sobre el mal.


Suplicamos en este día frutos de esperanza para cuantos anhelan una vida más digna, sobre todo en aquellas regiones del continente africano que sufren por el hambre, por conflictos endémicos y el terrorismo. Que la paz del Resucitado sane las heridas en Sudán del Sur: abra los corazones al diálogo y a la comprensión mutua. No olvidemos a las víctimas de ese conflicto, especialmente a los niños. Que nunca falte la solidaridad para las numerosas personas obligadas a abandonar sus tierras y privadas del mínimo necesario para vivir.


Imploramos frutos de diálogo para la península coreana, para que las conversaciones en curso promuevan la armonía y la pacificación de la región. Que los que tienen responsabilidades directas actúen con sabiduría y discernimiento para promover el bien del pueblo coreano y construir relaciones de confianza en el seno de la comunidad internacional.


Pedimos frutos de paz para Ucrania, para que se fortalezcan los pasos en favor de la concordia y se faciliten las iniciativas humanitarias que necesita la población.


Suplicamos frutos de consolación para el pueblo venezolano, el cual —como han escrito sus Pastores— vive en una especie de «tierra extranjera» en su propio país. Para que, por la fuerza de la resurrección del Señor Jesús, encuentre la vía justa, pacífica y humana para salir cuanto antes de la crisis política y humanitaria que lo oprime, y no falten la acogida y asistencia a cuantos entre sus hijos están obligados a abandonar su patria.


Traiga Cristo Resucitado frutos de vida nueva para los niños que, a causa de las guerras y el hambre, crecen sin esperanza, carentes de educación y de asistencia sanitaria; y también para los ancianos desechados por la cultura egoísta, que descarta a quien no es «productivo».


Invocamos frutos de sabiduría para los que en todo el mundo tienen responsabilidades políticas, para que respeten siempre la dignidad humana, se esfuercen con dedicación al servicio del bien común y garanticen el desarrollo y la seguridad a los propios ciudadanos.


Queridos hermanos y hermanas:


También a nosotros, como a las mujeres que acudieron al sepulcro, van dirigidas estas palabras: «¿Por qué buscáis entre los muertos al que vive? No está aquí. Ha resucitado» (Lc 24,5-6). La muerte, la soledad y el miedo ya no son la última palabra. Hay una palabra que va más allá y que solo Dios puede pronunciar: es la palabra de la Resurrección (cf. Juan Pablo II, Palabras al término del Vía Crucis, 18 abril 2003). Ella, con la fuerza del amor de Dios, «ahuyenta los pecados, lava las culpas, devuelve la inocencia a los caídos, la alegría a los tristes, expulsa el odio, trae la concordia, doblega a los poderosos» (Pregón pascual).


¡Feliz Pascua a todos!


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Santa Misa en la Pascua de Resurrección

CIUDAD DEL VATICANO (http://catolicidad.blogspot.mx - 1° de abril de 2018).- A las 10:00 de este Domingo de Pascua, en la Resurrección del Señor, el Santo Padre FRANCISCO ha presidido, la Solemne celebración de la Misa del día.


La Celebración, que ha dado inicio con el rito del “Resurrexit”, han tomado parte los fieles romanos y los peregrinos provenientes de diversas partes del mundo en ocasión de las fiestas pascuales.







Texto de la Homilía pronunciada por el Papa FRANCISCO después de la proclamación del Evangelio,traducida del original italiano por http://catolicidad.blogspot.mx:




SANTA MISA DEL DÍA


HOMILÍA DEL SANTO PADRE FRANCISCO


Plaza de San Pedro
Domingo de Pascua, 1° de abril de 2018



Después de haber escuchado la Palabra de Dios, de este pasaje de Evangelio, vienen a mí tres cosas para decir.


Primero: el anuncio. Hay un anuncio: el Señor ha resucitado. Ese anuncio que desde los primeros tiempos de los cristianos andaba de boca en boca; era el saludo: el Señor ha resucitado. Y las mujeres, que fueron para ungir el cuerpo del Señor, se encontraron frente a una sorpresa. La sorpresa … Los anuncios de Dios son siempre sorpresas, porque nuestro Dios es el Dios de las sorpresas. Es así desde el inicio de historia de la salvación, desde nuestro padre Abraham, Dios te sorprende: “Pero, ve, ve, vete, abandona tu tierra y ve”. Y siempre hay una sorpresa detrás de otra. Dios no puede hacer un anuncio sin sorprendernos. Y la sorpresa es lo que conmueve el corazón, que te toca ahí mismo, donde non lo esperabas. Por decir un poco con el lenguaje de los jóvenes: la sorpresa es un golpe bajo; tu no te lo esperabas. Y Él va y te conmueve. Primero: el anuncio hecho sorpresa.


Segundo: la prisa. Las mujeres corren, van de prima a decir: “¡Pero, habíamos encontrado esto!”. Las sopresas de Dios nos ponen en camino, rápido, sin esperar. Yasí corren para ver. Y Pedro y Juan corren. Los pastores, aquella noche de Navidad, corren: “¡Vamos a Belen a ver esto que nos han dicho los ángeles!”. Y la Samaritana, corre para decir a su gente: “¡Esta es una novedad: he encontrado a un hombre que ha decho todo aque que he hecho!”. Y la gente sabía las cosas que ella había hecho. Y aquella gente, corre, deja lo que está haciendo, incluso el ama de casa deja las papas en la olla – las encontrará quemadas -, pero lo importante es ir, correr, para ver aquella sorpresa, aquel anuncio. También hoy sucede. En nuestros vecindarios en nuestra villas, cuando sucede cualquier cosa extraordinaria, la gente corre a ver. Andar de prisa. Andrés, no ha perdido el tiempo y de prisa a ido con Pedro a decirle: “Encontramos al Mesías”. Las sorpresas, las buenas noticias, se dan siempre así: de prisa. En el Evangelio hay uno que se toma un poco de tiempo; no quiere arriesgarse. Pero el Señor es bueno, lo espera con amor, es Tomás. “Lo creeré cuando vea las llagas” dice. También el Señor tiene paciencia para aquellos que no van de prisa.


El anuncio-sorpresa, la respuesta de prisa y lo tercero que quiero deciros hoy es una pregunta: “¿Y yo? Mi corazón abierto a las sorpresas de Dios, son capaces de ir de prisa o siempre con aquella cantaleta: “¿Pero, mañana veré, mañana, mañana?”. ¿Cual es mi sorpresa? Juan y Pedro corrieron al sepulcro. El Evangelio de Juan nos dice: “Cree”. Tambien Pedro: “Cree”, pero a su manera, con la fe un poco mezclada con el remordimiento de haber negado al Señor. El anuncio hecho sorpresa, el viaje fue de prisa, y la pregunta: ““¿Y yo, hoy, en esta Pascua 2018, yo que hago? Tu, que haces?



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Papa FRANCISCO preside la Solemne Vigilia Pascual en la Noche Santa

CIUDAD DEL VATICANO (http://catolicidad.blogspot.mx - 31 de marzo de 2018).- A las 20.30 horas de esta noche, el Santo Padre FRANCISCO ha presidido, en la Basílica Vaticana, la solemne Vigilia Pascual en la Noche Santa.


El Rito ha ha dado inicio en el atrio de la Basílica de San Pedro con la bendición del fuego y la preparación del cirio pascual. La procesión se dirigió al Altare, con el cirio pascual encendido y el canto del Exultet, ha esto ha seguido la Liturgia de la Palabra y la Liturgia Bautismal, en el curso de la cual el Papa ha administrado los Sacramentos de la iniciación cristiana a 8 neófitos provenientes de: Albania, Italia, Nigeria, Perú y Estados Unidos de América.
















Texto de la Homilía pronunciada por el Papa en el curso de la Vigilia Pascual, después de la proclamación del Evangelio.



HOMILÍA DEL SANTO PADRE FRANCISCO

Basílica Vaticana
Sábado Santo, 31 de marzo de 2018


Esta celebración la hemos comenzado fuera... inmersos en la oscuridad de la noche y en el frío que la acompaña. Sentimos el peso del silencio ante la muerte del Señor, un silencio en el que cada uno de nosotros puede reconocerse y cala hondo en las hendiduras del corazón del discípulo que ante la cruz se queda sin palabras.


Son las horas del discípulo enmudecido frente al dolor que genera la muerte de Jesús: ¿Qué decir ante tal situación? El discípulo que se queda sin palabras al tomar conciencia de sus reacciones durante las horas cruciales en la vida del Señor: frente a la injusticia que condenó al Maestro, los discípulos hicieron silencio; frente a las calumnias y al falso testimonio que sufrió el Maestro, los discípulos callaron. Durante las horas difíciles y dolorosas de la Pasión, los discípulos experimentaron de forma dramática su incapacidad de «jugársela» y de hablar en favor del Maestro. Es más, no lo conocían, se escondieron, se escaparon, callaron (cfr. Jn 18,25-27).


Es la noche del silencio del discípulo que se encuentra entumecido y paralizado, sin saber hacia dónde ir frente a tantas situaciones dolorosas que lo agobian y rodean. Es el discípulo de hoy, enmudecido ante una realidad que se le impone haciéndole sentir, y lo que es peor, creer que nada puede hacerse para revertir tantas injusticias que viven en su carne nuestros hermanos.


Es el discípulo atolondrado por estar inmerso en una rutina aplastante que le roba la memoria, silencia la esperanza y lo habitúa al «siempre se hizo así». Es el discípulo enmudecido que, abrumado, termina «normalizando» y acostumbrándose a la expresión de Caifás: «¿No les parece preferible que un solo hombre muera por el pueblo y no perezca la nación entera?» (Jn 11,50).


Y en medio de nuestros silencios, cuando callamos tan contundentemente, entonces las piedras empiezan a gritar (cf. Lc 19,40)[1] y a dejar espacio para el mayor anuncio que jamás la historia haya podido contener en su seno: «No está aquí ha resucitado» (Mt 28,6). La piedra del sepulcro gritó y en su grito anunció para todos un nuevo camino. Fue la creación la primera en hacerse eco del triunfo de la Vida sobre todas las formas que intentaron callar y enmudecer la alegría del evangelio. Fue la piedra del sepulcro la primera en saltar y a su manera entonar un canto de alabanza y admiración, de alegría y de esperanza al que todos somos invitados a tomar parte.


Y si ayer, con las mujeres contemplábamos «al que traspasaron» (Jn 19,36; cf. Za 12,10); hoy con ellas somos invitados a contemplar la tumba vacía y a escuchar las palabras del ángel: «no tengan miedo… ha resucitado» (Mt 28,5-6). Palabras que quieren tocar nuestras convicciones y certezas más hondas, nuestras formas de juzgar y enfrentar los acontecimientos que vivimos a diario; especialmente nuestra manera de relacionarnos con los demás. La tumba vacía quiere desafiar, movilizar, cuestionar, pero especialmente quiere animarnos a creer y a confiar que Dios «acontece» en cualquier situación, en cualquier persona, y que su luz puede llegar a los rincones menos esperados y más cerrados de la existencia. Resucitó de la muerte, resucitó del lugar del que nadie esperaba nada y nos espera —al igual que a las mujeres— para hacernos tomar parte de su obra salvadora. Este es el fundamento y la fuerza que tenemos los cristianos para poner nuestra vida y energía, nuestra inteligencia, afectos y voluntad en buscar, y especialmente en generar, caminos de dignidad. ¡No está aquí…ha resucitado! Es el anuncio que sostiene nuestra esperanza y la transforma en gestos concretos de caridad. ¡Cuánto necesitamos dejar que nuestra fragilidad sea ungida por esta experiencia, cuánto necesitamos que nuestra fe sea renovada, cuánto necesitamos que nuestros miopes horizontes se vean cuestionados y renovados por este anuncio! Él resucitó y con él resucita nuestra esperanza y creatividad para enfrentar los problemas presentes, porque sabemos que no vamos solos.


Celebrar la Pascua, es volver a creer que Dios irrumpe y no deja de irrumpir en nuestras historias desafiando nuestros «conformantes» y paralizadores determinismos.  Celebrar la Pascua es dejar que Jesús venza esa pusilánime actitud que tantas veces nos rodea e intenta sepultar todo tipo de esperanza.


La piedra del sepulcro tomó parte, las mujeres del evangelio tomaron parte, ahora la invitación va dirigida una vez más a ustedes y a mí: invitación a romper las rutinas, renovar nuestra vida, nuestras opciones y nuestra existencia. Una invitación que va dirigida allí donde estamos, en lo que hacemos y en lo que somos; con la «cuota de poder» que poseemos. ¿Queremos tomar parte de este anuncio de vida o seguiremos enmudecidos ante los acontecimientos?


¡No está aquí ha resucitado! Y te espera en Galilea, te invita a volver al tiempo y al lugar del primer amor y decirte: No tengas miedo, sígueme.



[1]«Les aseguro que si ellos callan, gritarán las piedras».


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Nombramientos del Santo Padre [Sábado 31 de marzo]

CIUDAD DEL VATICANO (http://catolicidad.blogspot.mx - 31 de marzo de 2018).-  En otros Actos Pontificios hoy el Papa FRANCISCO:


* Ha aceptado la renuncia al gobierno pastoral de la diócesis de Inongo (República Democrática del Congo), presentada por S.E. Monseñor Philippe Nkiere Kena, C.I.C.M.



* Ha nombrado Obispo de Inongo en República Democrática del Congo a S.E. Monseñor Donatien Bafuidinsoni Maloko-Mana, S.I., hasta ahora Auxiliar de Kinshasa.


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* Ha aceptado la renuncia al gobierno pastoral de la diócesis de Kenge (República Democrática del Congo), presentada por S.E. Monseñor Jean Gaspard Mudiso Mund’la, S.V.D.


* Ha nombrado Obispo de Kenge en República Democrática del Congo a S.E. Monseñor Jean-Pierre Kwambamba Masi, hasta ahora Auxiliar de Kinshasa.


sábado, 31 de marzo de 2018

El Papa FRANCISCO presidirá esta noche la Vigilia Pascual

CIUDAD DEL VATICANO (http://www.vaticannews.va/es/papa/news/2018-03/papa-francisco-vigilia-pascual-semana-santa-vaticano.html - 31 de marzo de 2018).-  La celebración con la Iglesia Católica medita la pasión y muerte del Señor, y espera en oración velante su resurrección, tendrá lugar a las 20:30 en la Basílica de San Pedro.

 

En la noche del Sábado Santo a las 20:30 hora local de Roma, el Papa FRANCISCO presidirá la Vigilia Pascual en la Basílica de San Pedro; la celebración más importante de nuestra fe con la Iglesia Católica medita la pasión y muerte del Señor, y espera en oración velante su resurrección.



La ceremonia comenzará con la bendición tradicional del nuevo fuego en el atrio de la Basílica, seguido por la procesión con la vela de Pascua y el Exsultet,  así como la alegre proclamación de Pascua que canta el triunfo del Señor Resucitado sobre la muerte y la oscuridad del mundo. En ella destacan cuatro momentos fundamentales: 

 

La bendición del fuego


 

El Santo Padre bendecirá el fuego, que representa el fuego de Cristo y es símbolo de purificación de nuestros corazones, momento tras el cual encenderá el cirio pascual.

En este acto se entona el Pregón Pascual: un poema escrito alrededor del año 300 que proclama que Jesús es el fuego nuevo y se pone especial atención a la figura de la Santísima Virgen María acompañandola en su soledad que vela junto a la tumba de su amado Hijo.


La liturgia de la Palabra

 
En esta noche santa escuchamos, en las lecturas del Antiguo Testamento, el relato de las maravillas que hizo Dios con su pueblo.


En las lecturas del Nuevo Testamento escuchamos las maravillas que Cristo ha hecho por nosotros, liberándonos de la muerte mediante el bautismo y abriéndonos las puertas de la Vida Eterna, con su resurrección. 


Se leen siete lecturas, que narran desde la Creación hasta la Resurrección, siendo la del líbro del Éxodo la más importante, ya que relata el paso de los israelitas por el Mar Rojo cuando huían de las tropas egipcias siendo así salvados por Dios, de la misma manera recuerda que Dios esta noche nos salva por su Hijo.


Liturgia bautismal

 
Durante esta parte de la celebración, los fieles renuevan su compromiso bautismal entonando las promesas propias del sacramento del bautismo, mediante el cual, tal y como nos recuerda el Apóstol San Pablo,  "fuimos sepultados con Cristo en la muerte, para que así como Cristo fue resucitado de entre los muertos por la gloria del Padre, así también nosotros andemos en una vida nueva”.


En la vigilia más importante para los cristianos, el Papa FRANCISCO bautizará a 8 adultos, 3 mujeres y 5 hombres, de edades comprendidas entre 28 y 52 años: son 4 italianos, un albanés, un nigeriano, un estadounidense y un peruano.


Asimismo, durante la ceremonia el Santo Padre invitará a rezar especialmente por las familias, los pobres y los que sufren, sin olvidar orar para que los pastores de la Iglesia, vivan una verdadera sed de salvación de cada hombre.


Liturgia eucarística

 
En este instante los fieles se adentran en el misterio más recóndito de la Pascua, en la que se vive la alegría cristiana más grande: Jesús ha vencido a la muerte.


Por ello, en la celebración de la Eucaristía hacemos memoria y actualizamos gozosamente la muerte y resurrección del Señor. Y no se trata sólo de una expresión externa de nuestro gozo interior, sino de plasmar fundamentalmente, una actualización gozosa interior de la Resurrección de Cristo y de nuestra esperada resurrección.


La celebración más importante de nuestra Fe

 
Tal y como recordó el Papa FRANCISCO, en su catequesis del miércoles 28 de marzo, la Pascua es la celebración más importante de nuestra fe, ya que constituye la memoria del gran y único misterio, “la fiesta de nuestra 
salvación, la fiesta del amor de Dios por nosotros”. 
 

"Los tres días santos que constituyen el Triduo Pascual, son la matriz de la vida personal de los cristianos, como lo es para los hermanos judíos, el éxodo de Egipto", añadió el Pontífice expresando su deseo de que esta Pascua "lave nuestros corazones". 


Transmisión en vivo [12.30 hora de México] en:
http://w2.vatican.va/content/francesco/es/events/event.dir.html/content/vaticanevents/es/2018/3/31/veglia-pasquale.html