miércoles, 31 de agosto de 2011

Audiencias Generales de S.S. Benedicto XVI en Agosto 2011

BENEDICTO XVI
AUDIENCIA GENERAL
Castelgandolfo
Miércoles 3 de Agosto de 2011


Queridos hermanos y hermanas:

Me alegra veros aquí, en la plaza, en Castelgandolfo, y reanudar las audiencias interrumpidas en el mes de julio. Quiero continuar con el tema que hemos iniciado, es decir, una «escuela de oración», y también hoy, de un modo algo diferente, sin alejarme del tema, aludir a algunos aspectos de carácter espiritual y concreto, que me parecen útiles no sólo para quien vive —en alguna parte del mundo— el período de vacaciones de verano, sino también para todos los que están comprometidos en el trabajo diario.

Cuando tenemos un momento de pausa en nuestras actividades, de modo especial durante las vacaciones, a menudo tomamos en las manos un libro que deseamos leer. Este es precisamente el primer aspecto sobre el que quiero reflexionar. Cada uno de nosotros necesita tiempos y espacios de recogimiento, de meditación, de calma… ¡Gracias a Dios es así! De hecho, esta exigencia nos dice que no estamos hechos sólo para trabajar, sino también para pensar, reflexionar, o simplemente para seguir con la mente y con el corazón un relato, una historia en la cual sumergirnos, en cierto sentido «perdernos», para luego volvernos a encontrar enriquecidos.

Naturalmente, muchos de estos libros de lectura, que tomamos en las manos en las vacaciones, son por lo general de evasión, y esto es normal. Sin embargo, varias personas, especialmente si pueden tener espacios de pausa y de relajamiento más prolongados, se dedican a leer algo más comprometedor. Por eso, quiero haceros una propuesta: ¿por qué no descubrir algunos libros de la Biblia que normalmente no se conocen, o de los que hemos escuchado algún pasaje durante la liturgia, pero que nunca hemos leído por entero? En efecto, muchos cristianos no leen nunca la Biblia, y la conocen de un modo muy limitado y superficial. La Biblia —como lo dice su nombre— es una colección de libros, una pequeña «biblioteca», nacida a lo largo de un milenio. Algunos de estos «libritos» que la componen permanecen casi desconocidos para la mayor parte de las personas, incluso de los buenos cristianos. Algunos son muy breves, como el Libro de Tobías, un relato que contiene un sentido muy elevado de la familia y del matrimonio; o el Libro de Ester, en el que esa reina judía, con la fe y la oración, salva a su pueblo del exterminio; o, aún más breve, el Libro de Rut, una extranjera que conoce a Dios y experimenta su providencia. Estos libritos se pueden leer por entero en una hora. Más comprometedores, y auténticas obras maestras, son el Libro de Job, que afronta el gran problema del dolor inocente; el Qohélet, que impresiona por la desconcertante modernidad con que pone en tela de juicio el sentido de la vida y del mundo; el Cantar de los Cantares, estupendo poema simbólico del amor humano. Como veis, todos estos son libros del Antiguo Testamento. ¿Y el Nuevo? Ciertamente, el Nuevo Testamento es más conocido, y los géneros literarios son menos variados. Pero conviene descubrir la belleza de leer un Evangelio todo seguido, y recomiendo también los Hechos de los Apóstoles o una de las Cartas.

En conclusión, queridos amigos, hoy quiero sugerir que tengáis a mano, durante el período estival o en los momentos de pausa, la sagrada Biblia, para gustarla de modo nuevo, leyendo de corrido algunos de sus libros, los menos conocidos y también los más conocidos, como los Evangelios, pero en una lectura continuada. Si se hace así, los momentos de distensión pueden convertirse no sólo en enriquecimiento cultural, sino también en alimento del espíritu, capaz de alimentar el conocimiento de Dios y el diálogo con él, la oración. Esta parece ser una hermosa ocupación para las vacaciones: tomar un libro de la Biblia, para encontrar así un poco de distensión y, al mismo tiempo, entrar en el gran espacio de la Palabra de Dios y profundizar nuestro contacto con el Eterno, precisamente como finalidad del tiempo libre que el Señor nos da.



Saludos

Saludo cordialmente a los peregrinos de lengua española, en particular a los grupos provenientes de España, México, Venezuela, Chile, Perú y otros países latinoamericanos. Invito a todos, en este tiempo para muchos de descanso, a escoger como lectura uno de los libros de la Biblia, descubriendo así, poco a poco, la inmensa riqueza de este tesoro que es la Palabra de Dios. Gracias por vuestra presencia y oración. Que el Señor vaya siempre con vosotros.


BENEDICTO XVI
AUDIENCIA GENERAL
Castelgandolfo
Miércoles 10 de Agosto de 2011

Queridos hermanos y hermanas:

En cada época, hombres y mujeres que consagraron su vida a Dios en la oración —como los monjes y las monjas— establecieron sus comunidades en lugares particularmente bellos, en el campo, sobre las colinas, en los valles de las montañas, a la orilla de lagos o del mar, o incluso en pequeñas islas. Estos lugares unen dos elementos muy importantes para la vida contemplativa: la belleza de la creación, que remite a la belleza del Creador, y el silencio, garantizado por la lejanía respecto a las ciudades y a las grandes vías de comunicación.

El silencio es la condición ambiental que mejor favorece el recogimiento, la escucha de Dios y la meditación. Ya el hecho mismo de gustar el silencio, de dejarse, por decirlo así, «llenar» del silencio, nos predispone a la oración. El gran profeta Elías, sobre el monte Horeb —es decir, el Sinaí— presencia un huracán, luego un terremoto, y, por último, relámpagos de fuego, pero no reconoce en ellos la voz de Dios; la reconoce, en cambio, en una brisa suave (cf. 1 R 19, 11-13). Dios habla en el silencio, pero es necesario saberlo escuchar. Por eso los monasterios son oasis en los que Dios habla a la humanidad; y en ellos se encuentra el claustro, lugar simbólico, porque es un espacio cerrado, pero abierto hacia el cielo.

Mañana, queridos amigos, haremos memoria de santa Clara de Asís. Por ello me complace recordar uno de estos «oasis» del espíritu apreciado de manera especial por la familia franciscana y por todos los cristianos: el pequeño convento de San Damián, situado un poco más abajo de la ciudad de Asís, en medio de los olivos que descienden hacia Santa María de los Ángeles. Junto a esta pequeña iglesia, que san Francisco restauró después de su conversión, Clara y las primeras compañeras establecieron su comunidad, viviendo de la oración y de pequeños trabajos. Se llamaban las «Hermanas pobres», y su «forma de vida» era la misma que llevaban los Frailes Menores: «Observar el santo Evangelio de nuestro Señor Jesucristo» (Regla de santa Clara, I, 2), conservando la unión de la caridad recíproca (cf. ib., X, 7) y observando en particular la pobreza y la humildad vividas por Jesús y por su santísima Madre (cf. ib., XII, 13).

El silencio y la belleza del lugar donde vive la comunidad monástica —belleza sencilla y austera— constituyen como un reflejo de la armonía espiritual que la comunidad misma intenta realizar. El mundo está lleno de estos oasis del espíritu, algunos muy antiguos, sobre todo en Europa, otros recientes, otros restaurados por nuevas comunidades. Mirando las cosas desde una perspectiva espiritual, estos lugares del espíritu son la estructura fundamental del mundo. Y no es casualidad que muchas personas, especialmente en los períodos de descanso, visiten estos lugares y se detengan en ellos durante algunos días: ¡también el alma, gracias a Dios, tiene sus exigencias!

Recordemos, por tanto, a santa Clara. Pero recordemos también a otras figuras de santos que nos hablan de la importancia de dirigir la mirada a las «cosas del cielo», como santa Edith Stein, Teresa Benedicta de la Cruz, carmelita, copatrona de Europa, que celebramos ayer.

Y hoy, 10 de agosto, no podemos olvidar a san Lorenzo, diácono y mártir, con una felicitación especial a los romanos, que desde siempre lo veneran como uno de sus patronos. Por último, dirijamos nuestra mirada a la santísima Virgen María, para que nos enseñe a amar el silencio y la oración.


Saludos

Saludo cordialmente a los peregrinos de lengua española, en particular a los fieles de la arquidiócesis de Portoviejo, en Ecuador, así como a los grupos provenientes de España, Colombia, México, Venezuela, Chile, Argentina y otros países latinoamericanos. Invito a todos en este tiempo a descubrir y contemplar la belleza de la creación, que a su vez revela al Creador, y a cultivar también el silencio interior, que dispone al recogimiento, a la meditación y a la oración, para favorecer el progreso espiritual mediante la escucha de la voz divina en lo profundo del alma. ¡Muchas gracias y que Dios os bendiga!

(En lengua polaca)

Mañana se celebra la memoria de santa Clara. Nuestro pensamiento se dirige a Asís, a la iglesia de San Damián, cuna de las monjas Clarisas, oasis del silencio, de la belleza de la naturaleza, de la oración. Os deseo a todos que las sendas de vuestra peregrinación os lleven a muchos lugares, descubiertos ya por los santos, donde podáis experimentar la cercanía de Dios. Os bendigo de corazón.



BENEDICTO XVI
AUDIENCIA GENERAL
Castelgandolfo
Miércoles 17 de Agosto de 2011

Queridos hermanos y hermanas:

Estamos aún en la luz de la fiesta de la Asunción de la Virgen, que, como he dicho, es una fiesta de esperanza. María ha llegado al Paraíso y este es nuestro destino: todos nosotros podemos llegar al Paraíso. La cuestión es cómo. María ya ha llegado. Ella —dice el Evangelio— es «la que creyó que se cumpliría lo que le había dicho el Señor» (cf. Lc 1, 45). Por tanto, María creyó, se abandonó a Dios, entró con su voluntad en la voluntad del Señor y así estaba precisamente en el camino directísimo, en la senda hacia el Paraíso. Creer, abandonarse al Señor, entrar en su voluntad: esta es la dirección esencial.

Hoy no quiero hablar sobre la totalidad de este camino de la fe, sino sólo sobre un pequeño aspecto de la vida de oración, que es la vida de contacto con Dios, es decir, sobre la meditación. Y ¿qué es la meditación? Quiere decir: «hacer memoria» de lo que Dios hizo, no olvidar sus numerosos beneficios (cf. Sal 103, 2b). A menudo vemos sólo las cosas negativas; debemos retener en nuestra memoria también las cosas positivas, los dones que Dios nos ha hecho; estar atentos a los signos positivos que vienen de Dios y hacer memoria de ellos. Así pues, hablamos de un tipo de oración que en la tradición cristiana se llama «oración mental». Nosotros conocemos de ordinario la oración con palabras; naturalmente también la mente y el corazón deben estar presentes en esta oración, pero hoy hablamos de una meditación que no se hace con palabras, sino que es una toma de contacto de nuestra mente con el corazón de Dios. Y María aquí es un modelo muy real. El evangelista san Lucas repite varias veces que María, «por su parte, conservaba todas estas cosas, meditándolas en su corazón» (2, 19; cf. 2, 51b). Las custodia y no las olvida. Está atenta a todo lo que el Señor le ha dicho y hecho, y medita, es decir, toma contacto con diversas cosas, las profundiza en su corazón.

Así pues, la que «creyó» en el anuncio del ángel y se convirtió en instrumento para que la Palabra eterna del Altísimo pudiera encarnarse, también acogió en su corazón el admirable prodigio de aquel nacimiento humano-divino, lo meditó, se detuvo a reflexionar sobre lo que Dios estaba realizando en ella, para acoger la voluntad divina en su vida y corresponder a ella. El misterio de la encarnación del Hijo de Dios y de la maternidad de María es tan grande que requiere un proceso de interiorización, no es sólo algo físico que Dios obra en ella, sino algo que exige una interiorización por parte de María, que trata de profundizar su comprensión, interpretar su sentido, entender sus consecuencias e implicaciones. Así, día tras día, en el silencio de la vida ordinaria, María siguió conservando en su corazón los sucesivos acontecimientos admirables de los que había sido testigo, hasta la prueba extrema de la cruz y la gloria de la Resurrección. María vivió plenamente su existencia, sus deberes diarios, su misión de madre, pero supo mantener en sí misma un espacio interior para reflexionar sobre la palabra y sobre la voluntad de Dios, sobre lo que acontecía en ella, sobre los misterios de la vida de su Hijo.

En nuestro tiempo estamos absorbidos por numerosas actividades y compromisos, preocupaciones y problemas; a menudo se tiende a llenar todos los espacios del día, sin tener un momento para detenerse a reflexionar y alimentar la vida espiritual, el contacto con Dios. María nos enseña que es necesario encontrar en nuestras jornadas, con todas las actividades, momentos para recogernos en silencio y meditar sobre lo que el Señor nos quiere enseñar, sobre cómo está presente y actúa en nuestra vida: ser capaces de detenernos un momento y de meditar. San Agustín compara la meditación sobre los misterios de Dios a la asimilación del alimento y usa un verbo recurrente en toda la tradición cristiana: «rumiar»; los misterios de Dios deben resonar continuamente en nosotros mismos para que nos resulten familiares, guíen nuestra vida, nos nutran como sucede con el alimento necesario para sostenernos. Y san Buenaventura, refiriéndose a las palabras de la Sagrada Escritura dice que «es necesario rumiarlas para que podamos fijarlas con ardiente aplicación del alma» (Coll. In Hex, ed. Quaracchi 1934, p. 218). Así pues, meditar quiere decir crear en nosotros una actitud de recogimiento, de silencio interior, para reflexionar, asimilar los misterios de nuestra fe y lo que Dios obra en nosotros; y no sólo las cosas que van y vienen. Podemos hacer esta «rumia» de varias maneras, por ejemplo tomando un breve pasaje de la Sagrada Escritura, sobre todo los Evangelios, los Hechos de los Apóstoles, las Cartas de los apóstoles, o una página de un autor de espiritualidad que nos acerca y hace más presentes las realidades de Dios en nuestra actualidad; o tal vez, siguiendo el consejo del confesor o del director espiritual, leer y reflexionar sobre lo que se ha leído, deteniéndose en ello, tratando de comprenderlo, de entender qué me dice a mí, qué me dice hoy, de abrir nuestra alma a lo que el Señor quiere decirnos y enseñarnos. También el santo Rosario es una oración de meditación: repitiendo el Avemaría se nos invita a volver a pensar y reflexionar sobre el Misterio que hemos proclamado. Pero podemos detenernos también en alguna experiencia espiritual intensa, en palabras que nos han quedado grabadas al participar en la Eucaristía dominical. Por lo tanto, como veis, hay muchos modos de meditar y así tomar contacto con Dios y de acercarnos a Dios y, de esta manera, estar en camino hacia el Paraíso.

Queridos amigos, la constancia en dar tiempo a Dios es un elemento fundamental para el crecimiento espiritual; será el Señor quien nos dará el gusto de sus misterios, de sus palabras, de su presencia y su acción; sentir cuán hermoso es cuando Dios habla con nosotros nos hará comprender de modo más profundo lo que quiere de nosotros. En definitiva, este es precisamente el objetivo de la meditación: abandonarnos cada vez más en las manos de Dios, con confianza y amor, seguros de que sólo haciendo su voluntad al final somos verdaderamente felices.


Saludos

Saludo cordialmente a los peregrinos de lengua española, venidos de España, México y otros países Latinoamericanos. Que vuestra oración me sostenga y acompañe en el viaje apostólico que mañana emprendo a España. Muchas gracias y que Dios os bendiga.

(En italiano)

Mañana, como sabéis, me dirigiré a Madrid, donde tendré la alegría de encontrarme con numerosos jóvenes que han acudido allí para la XXVI Jornada mundial de la juventud. Os pido que os unáis espiritualmente con la oración a este importante acontecimiento eclesial.



BENEDICTO XVI
AUDIENCIA GENERAL
Castelgandolfo  
Miércoles 24 de Agosto de 2011

VIAJE APOSTÓLICO A MADRID


Queridos hermanos y hermanas:

Hoy quiero volver brevemente con el pensamiento y con el corazón a los extraordinarios días pasados en Madrid para la XXVI Jornada mundial de la juventud. Ha sido, como sabéis, un acontecimiento eclesial emocionante; cerca de dos millones de jóvenes de todos los continentes vivieron con alegría una formidable experiencia de fraternidad, de encuentro con el Señor, de compartir y de crecimiento en la fe: una verdadera cascada de luz. Doy gracias a Dios por este valioso don, que da esperanza al futuro de la Iglesia: jóvenes con el deseo firme y sincero de arraigar su vida en Cristo, permanecer firmes en la fe y caminar juntos en la Iglesia. Expreso mi agradecimiento a cuantos han trabajado generosamente por esta Jornada: al cardenal arzobispo de Madrid, a sus auxiliares, a los demás obispos de España y de otras partes del mundo, al Consejo pontificio para los laicos, a los sacerdotes, los religiosos y las religiosas, a los laicos. Renuevo mi agradecimiento a las autoridades españolas, a las instituciones y asociaciones, a los voluntarios y a cuantos ofrecieron su apoyo con la oración. No puedo olvidar la cordial acogida que recibí de sus majestades los reyes de España, así como de todo el país.

En pocas palabras, naturalmente no puedo describir los momentos tan intensos que vivimos. Conservo en la mente el entusiasmo incontenible con el que me recibieron los jóvenes, el primer día, en la plaza de Cibeles, sus palabras ricas de expectativas, su fuerte deseo de orientarse hacia la verdad más profunda y de arraigarse en ella, esa verdad que Dios nos dio a conocer en Cristo. En el imponente monasterio de El Escorial, rico de historia, de espiritualidad y de cultura, me encontré con las jóvenes religiosas y los jóvenes docentes universitarios. A las primeras, a las jóvenes religiosas, les recordé la belleza de su vocación vivida con fidelidad, y la importancia de su servicio apostólico y de su testimonio profético. Y permanece en mí la imagen de su entusiasmo, de una fe joven y llena de valentía con vistas al futuro, de voluntad de servir de este modo a la humanidad. A los profesores les recordé que son verdaderos formadores de las nuevas generaciones, guiándolas en la búsqueda de la verdad no sólo con palabras, sino también con la vida, conscientes de que la Verdad es Cristo mismo. Al encontrar a Cristo encontramos la verdad. Por la tarde, en la celebración del vía crucis, una variada multitud de jóvenes revivió con una participación intensa las escenas de la pasión y muerte de Cristo: la cruz de Cristo da mucho más de lo que exige, da todo, porque nos conduce a Dios.

Al día siguiente, la santa misa en la catedral de la Almudena, en Madrid, con los seminaristas: jóvenes que quieren arraigarse en Cristo para hacerlo presente el día de mañana, como sus ministros. Deseo que aumenten las vocaciones al sacerdocio. Entre los presentes se encontraba más de uno que había escuchado la llamada del Señor precisamente en las anteriores Jornadas de la juventud; tengo la certeza de que también en Madrid el Señor ha llamado a la puerta del corazón de muchos jóvenes para que lo sigan con generosidad en el ministerio sacerdotal o en la vida religiosa. La visita a un Centro para jóvenes discapacitados me hizo ver el gran respeto y amor que se nutre hacia cada persona y me presentó la ocasión de dar las gracias a los miles de voluntarios que testimonian silenciosamente el evangelio de la caridad y de la vida. La Vigilia de oración de la noche y la gran celebración eucarística conclusiva del día siguiente fueron dos momentos muy intensos: por la noche, una multitud de jóvenes en fiesta, para nada atemorizados por la lluvia y por el viento, permaneció en adoración silenciosa de Cristo presente en la Eucaristía, para alabarlo, agradecerle, pedirle ayuda y luz; y luego, el domingo, los jóvenes manifestaron su exuberancia y su alegría de celebrar al Señor en la Palabra y en la Eucaristía, para insertarse cada vez más en él y reforzar su fe y su vida cristiana. Por último, en un clima de entusiasmo me encontré con los voluntarios, a los que agradecí su generosidad; y con la ceremonia de despedida dejé el país llevando como un gran don estos días en el corazón.

Queridos amigos, el encuentro de Madrid fue una estupenda manifestación de fe para España y, ante todo, para el mundo. Para la multitud de jóvenes, procedentes de todos los rincones de la tierra, fue una ocasión especial para reflexionar, dialogar, intercambiar experiencias positivas y, sobre todo, rezar juntos y renovar el compromiso de arraigar la propia vida en Cristo, amigo fiel. Estoy seguro de que al regresar a sus casas tienen el firme propósito de ser levadura en la masa, llevando la esperanza que nace de la fe. Por mi parte sigo acompañándolos con la oración, para que permanezcan fieles a los compromisos asumidos. Confío los frutos de esta Jornada a la intercesión maternal de María.

Y ahora deseo anunciar los temas de las próximas Jornadas mundiales de la juventud. La del próximo año, que se celebrará en las diversas diócesis, tendrá como lema: «Alegraos siempre en el Señor», tomado de la carta a los Filipenses (4, 4); mientras que en la Jornada mundial de la juventud de 2013 en Río de Janeiro, el lema será el mandato de Jesús: «Id y haced discípulos a todos los pueblos» (cf. Mt 28, 19). Desde ahora confío a la oración de todos la preparación de estas citas muy importantes. 
Gracias.



Saludos

Saludo con afecto a los peregrinos de lengua española, en particular a los grupos provenientes de España, Honduras, Chile, Argentina, México y otros países Latinoamericanos. Invito a todos a dar gracias al Señor por mi visita apostólica a Madrid para la Jornada Mundial de la Juventud. A la vez que agradezco de corazón a quienes han hecho posible el magnífico desarrollo de esta iniciativa, ruego, por intercesión de María Santísima, que los jóvenes que en ella han participado, «arraigados y edificados en Cristo, firmes en la fe», lleven al mundo entero la alegría del Evangelio, con la palabra y una vida colmada de obras de caridad. Muchas gracias.


 




Ángelus del Papa Benedicto XVI durante el mes de Agosto 2011

BENEDICTO XVI
ÁNGELUS
Palacio Apostólico de Castelgandolfo
Domingo 7 de Agosto de 2011

Queridos hermanos y hermanas:

En el Evangelio de este domingo encontramos a Jesús que, retirándose al monte, ora durante toda la noche. El Señor, alejándose tanto de la gente como de los discípulos, manifiesta su intimidad con el Padre y la necesidad de orar a solas, apartado de los tumultos del mundo. Ahora bien, este alejarse no se debe entender como desinterés respecto de las personas o como abandonar a los Apóstoles. Más aún, como narra san Mateo, hizo que los discípulos subieran a la barca «para que se adelantaran a la otra orilla» (Mt 14, 22), a fin de encontrarse de nuevo con ellos. Mientras tanto, la barca «iba ya muy lejos de tierra, sacudida por las olas, porque el viento era contrario» (v. 24), y he aquí que «a la cuarta vela de la noche se les acercó Jesús andando sobre el mar» (v. 25); los discípulos se asustaron y, creyendo que era un fantasma, «gritaron de miedo» (v. 26), no lo reconocieron, no comprendieron que se trataba del Señor. Pero Jesús los tranquiliza: «¡Ánimo, soy yo, no tengáis miedo!» (v. 27). Es un episodio, en el que los Padres de la Iglesia descubrieron una gran riqueza de significado. El mar simboliza la vida presente y la inestabilidad del mundo visible; la tempestad indica toda clase de tribulaciones y dificultades que oprimen al hombre. La barca, en cambio, representa a la Iglesia edificada sobre Cristo y guiada por los Apóstoles. Jesús quiere educar a sus discípulos a soportar con valentía las adversidades de la vida, confiando en Dios, en Aquel que se reveló al profeta Elías en el monte Horeb en el «susurro de una brisa suave» (1 R 19, 12). El pasaje continúa con el gesto del apóstol Pedro, el cual, movido por un impulso de amor al Maestro, le pidió que le hiciera salir a su encuentro, caminando sobre las aguas. «Pero, al sentir la fuerza del viento, le entró miedo, empezó a hundirse y gritó: “¡Señor, sálvame!”» (Mt 14, 30). San Agustín, imaginando que se dirige al apóstol, comenta: el Señor «se inclinó y te tomó de la mano. Sólo con tus fuerzas no puedes levantarte. Aprieta la mano de Aquel que desciende hasta ti» (Enarr. in Ps. 95, 7: PL 36, 1233) y esto no lo dice sólo a Pedro, sino también a nosotros. Pedro camina sobre las aguas no por su propia fuerza, sino por la gracia divina, en la que cree; y cuando lo asalta la duda, cuando no fija su mirada en Jesús, sino que tiene miedo del viento, cuando no se fía plenamente de la palabra del Maestro, quiere decir que se está alejando interiormente de él y entonces corre el riesgo de hundirse en el mar de la vida. Lo mismo nos sucede a nosotros: si sólo nos miramos a nosotros mismos, dependeremos de los vientos y no podremos ya pasar por las tempestades, por las aguas de la vida. El gran pensador Romano Guardini escribe que el Señor «siempre está cerca, pues se encuentra en la razón de nuestro ser. Sin embargo, debemos experimentar nuestra relación con Dios entre los polos de la lejanía y de la cercanía. La cercanía nos fortifica, la lejanía nos pone a prueba» (Accettare se stessi, Brescia 1992, p. 71).

Queridos amigos, la experiencia del profeta Elías, que oyó el paso de Dios, y las dudas de fe del apóstol Pedro nos hacen comprender que el Señor, antes aún de que lo busquemos y lo invoquemos, él mismo sale a nuestro encuentro, baja el cielo para tendernos la mano y llevarnos a su altura; sólo espera que nos fiemos totalmente de él, que tomemos realmente su mano. Invoquemos a la Virgen María, modelo de abandono total en Dios, para que, en medio de tantas preocupaciones, problemas y dificultades que agitan el mar de nuestra vida, resuene en el corazón la palabra tranquilizadora de Jesús, que nos dice también a nosotros: «¡Ánimo, soy yo, no tengáis miedo!» y aumente nuestra fe en él.



Después del Ángelus

Queridos hermanos y hermanas, sigo con gran preocupación los dramáticos y crecientes episodios de violencia en Siria, que han provocado numerosas víctimas y graves sufrimientos. Invito a los fieles católicos a orar para que el esfuerzo por la reconciliación prevalezca sobre la división y sobre el rencor. Además, renuevo a las autoridades y a la población siria un apremiante llamamiento para que se restablezca cuanto antes la convivencia pacífica y se responda adecuadamente a las legítimas aspiraciones de los ciudadanos, en el respeto de su dignidad y en beneficio de la estabilidad regional. 
Mi pensamiento va también a Libia, donde la fuerza de las armas no ha resuelto la situación. Exhorto a los organismos internacionales y a quienes tienen responsabilidades políticas y militares a impulsar nuevamente con convicción y decisión la búsqueda de un plan de paz para el país, a través de la negociación y el diálogo constructivo.

(En francés)

Sabemos bien que en nuestra vida debemos afrontar múltiples problemas, que pueden parecer tempestades. A veces nos resulta difícil ver que Dios está presente en la barca zarandeada de nuestra vida. En esos momentos delicados, o de duda, como Pedro gritemos a Dios: «¡Señor, sálvame!». ¡Dios está allí! No nos abandona jamás. No olvidemos orar cada día. Reservemos siempre un tiempo para la oración, que nos lleva a pasar del miedo al amor. Nos hace ver el rostro luminoso de Dios, como se manifestó en Jesús durante la Transfiguración. Esta mirada nos hará ver con caridad a nuestros hermanos. Que María nos acompañe, y de modo especial al centenar de jóvenes iraquíes presentes aquí entre nosotros, a quienes saludo con afecto. Os bendigo de todo corazón.

(En español)

Saludo con afecto a los peregrinos de lengua española, en particular a los miembros del Coro Infantil de la Parroquia de Nuestra Señora del Milagro, de Valdestillas; a los fieles de la diócesis de San Luis, en Argentina; a los estudiantes de Isla de Pascua, Chile; así como a los jóvenes de la congregación mariana “Mater Salvatoris”, de Caracas. En el Evangelio de este domingo, el Señor, caminando sobre las aguas, sale al encuentro de los discípulos que se hallan en peligro y les dice: «¡Ánimo, soy yo, no tengáis miedo!». También nosotros, aunque a veces se haga de noche o el viento sea contrario en nuestras vidas, estamos llamados a descubrir la presencia amorosa de Dios, que nunca nos abandona. Al acercarse la celebración de la próxima Jornada Mundial de la Juventud, en Madrid, invito a todos a pedir a la Virgen María por los frutos de este esperado encuentro. Feliz Domingo.


BENEDICTO XVI
ÁNGELUS
Palacio Pontificio de Castelgandolfo
Domingo 14 de Agosto de 2011

Queridos hermanos y hermanas:

El pasaje evangélico de este domingo comienza con la indicación de la región a donde Jesús se estaba retirando: Tiro y Sidón, al noroeste de Galilea, tierra pagana. Allí se encuentra con una mujer cananea, que se dirige a él pidiéndole que cure a su hija atormentada por un demonio (cf. Mt 15, 22). Ya en esta petición podemos descubrir un inicio del camino de fe, que en el diálogo con el divino Maestro crece y se refuerza. La mujer no tiene miedo de gritar a Jesús: «Ten compasión de mí», una expresión recurrente en los Salmos (cf. 50, 1); lo llama «Señor» e «Hijo de David» (cf. Mt 15, 22), manifestando así una firme esperanza de ser escuchada. ¿Cuál es la actitud del Señor frente a este grito de dolor de una mujer pagana? Puede parecer desconcertante el silencio de Jesús, hasta el punto de que suscita la intervención de los discípulos, pero no se trata de insensibilidad ante el dolor de aquella mujer. San Agustín comenta con razón: «Cristo se mostraba indiferente hacia ella, no por rechazarle la misericordia, sino para inflamar su deseo» (Sermo 77, 1: PL 38, 483). El aparente desinterés de Jesús, que dice: «Sólo he sido enviado a las ovejas descarriadas de Israel» (v. 24), no desalienta a la cananea, que insiste: «¡Señor, ayúdame!» (v. 25). E incluso cuando recibe una respuesta que parece cerrar toda esperanza —«No está bien tomar el pan de los hijos y echárselo a los perritos» (v. 26)—, no desiste. No quiere quitar nada a nadie: en su sencillez y humildad le basta poco, le bastan las migajas, le basta sólo una mirada, una buena palabra del Hijo de Dios. Y Jesús queda admirado por una respuesta de fe tan grande y le dice: «Que se cumpla lo que deseas» (v. 28).

Queridos amigos, también nosotros estamos llamados a crecer en la fe, a abrirnos y acoger con libertad el don de Dios, a tener confianza y gritar asimismo a Jesús: «¡Danos la fe, ayúdanos a encontrar el camino!». Es el camino que Jesús pidió que recorrieran sus discípulos, la cananea y los hombres de todos los tiempos y de todos los pueblos, cada uno de nosotros. La fe nos abre a conocer y acoger la identidad real de Jesús, su novedad y unicidad, su Palabra, como fuente de vida, para vivir una relación personal con él. El conocimiento de la fe crece, crece con el deseo de encontrar el camino, y en definitiva es un don de Dios, que se revela a nosotros no como una cosa abstracta, sin rostro y sin nombre; la fe responde, más bien, a una Persona, que quiere entrar en una relación de amor profundo con nosotros y comprometer toda nuestra vida. Por eso, cada día nuestro corazón debe vivir la experiencia de la conversión, cada día debe vernos pasar del hombre encerrado en sí mismo al hombre abierto a la acción de Dios, al hombre espiritual (cf. 1 Co 2, 13-14), que se deja interpelar por la Palabra del Señor y abre su propia vida a su Amor.

Queridos hermanos y hermanas, alimentemos por tanto cada día nuestra fe, con la escucha profunda de la Palabra de Dios, con la celebración de los sacramentos, con la oración personal como «grito» dirigido a él y con la caridad hacia el prójimo. Invoquemos la intercesión de la Virgen María, a la que mañana contemplaremos en su gloriosa asunción al cielo en alma y cuerpo, para que nos ayude a anunciar y testimoniar con la vida la alegría de haber encontrado al Señor.



Después del Ángelus

Saludo con afecto a los grupos de lengua española, en particular a los fieles llegados de Cuba, acompañados por el señor cardenal Jaime Ortega Alamino, que encabeza la primera peregrinación de cubanos a los sepulcros de los santos Apóstoles, y renuevo mi cercanía y afecto a todos los hijos de ese amado país. Un saludo cordial también a los jóvenes de Colombia, de Venezuela y de Argentina, así como a los que se unen a ellos de camino a Madrid para la Jornada mundial de la juventud. Invito a todos a encomendar en la oración este viaje apostólico a España, que llevaré a cabo dentro de pocos días, para que en él se cosechen abundantes frutos de vida cristiana.

(En polaco)

Hoy se celebra el 70° aniversario del martirio de san Maximiliano Kolbe en el campo de exterminio de Auschwitz. Su amor heroico es signo luminoso de la victoriosa presencia de Dios en el drama humano del odio, del sufrimiento y de la muerte. Oremos para que, a través de nuestro amor, los hombres en todo el mundo experimenten esta presencia divina.



SOLEMNIDAD DE LA ASUNCIÓN DE LA VIRGEN MARÍA
BENEDICTO XVI
ÁNGELUS
Palacio Pontificio de Castelgandolfo
Lunes 15 de Agosto de 2011

Queridos hermanos y hermanas:

En el corazón del mes de agosto, los cristianos de Oriente y de Occidente celebran conjuntamente la fiesta de la Asunción de María santísima al cielo. En la Iglesia católica, el dogma de la Asunción —como es sabido— fue proclamado durante el Año santo de 1950 por mi venerado predecesor el siervo de Dios Papa Pío XII. Esa memoria, sin embargo, hunde sus raíces en la fe de los primeros siglos de la Iglesia.

En Oriente se llama todavía hoy «Dormición de la Virgen». En un antiguo mosaico de la basílica de Santa María la Mayor en Roma, que se inspira precisamente en el icono oriental de la «Dormitio», están representados los Apóstoles que, advertidos por los ángeles del final terreno de la Madre de Jesús, se encuentran reunidos en torno al lecho de la Virgen. En el centro está Jesús, que tiene entre sus brazos una niña: es María, que se hizo «pequeña» por el Reino y fue llevada por el Señor al cielo.

En la página del Evangelio de san Lucas de la liturgia de hoy, hemos leído que María «en aquellos días se levantó y se puso en camino de prisa hacia la montaña, a una ciudad de Judá» (Lc 1, 39). En aquellos días María se apresuró desde Galilea hacia una localidad cercana a Jerusalén, para ir a encontrar a su pariente Isabel. Hoy la contemplamos subiendo hacia la montaña de Dios y entrando en la Jerusalén celestial, «vestida del sol, y la luna bajo sus pies y una corona de doce estrellas sobre su cabeza» (Ap 12, 1).

La página bíblica del Apocalipsis, que leemos en la liturgia de esta solemnidad, habla de una lucha entre la mujer y el dragón, entre el bien y el mal. San Juan parece proponernos de nuevo las primeras páginas del libro del Génesis, que narran la historia tenebrosa y dramática del pecado de Adán y Eva. Nuestros progenitores fueron derrotados por el maligno; en la plenitud de los tiempos, Jesús, nuevo Adán, y María, nueva Eva, vencen definitivamente al enemigo, y esta es la alegría de este día. Con la victoria de Jesús sobre el mal, también la muerte interior y la física quedan derrotadas. María fue la primera en tomar en sus brazos al Hijo de Dios, Jesús, hecho niño, y ahora es la primera en estar a su lado en la gloria del cielo.

Es un misterio grande el que celebramos hoy; es sobre todo un misterio de esperanza y de alegría para todos nosotros: en María vemos la meta hacia la cual caminan todos los que saben unir su propia vida a la de Jesús, que lo saben seguir como hizo María. Esta fiesta, por consiguiente, habla de nuestro futuro, nos dice que también nosotros estaremos junto a Jesús en la alegría de Dios y nos invita a tener valentía, a creer que el poder de la Resurrección de Cristo puede obrar también en nosotros y hacernos hombres y mujeres que cada día tratan de vivir como resucitados, llevando la luz del bien a la oscuridad del mal que hay en el mundo.



Después del Ángelus

Saludo con afecto a los peregrinos de lengua española presentes en esta oración mariana. La solemnidad de la gloriosa asunción de la Virgen María, que hoy recordamos, nos abre a la esperanza de la plenitud de la vida del Cielo, a la que Ella ya ha llegado y en la que nos aguarda. Que por la amorosa intercesión de la Madre de Dios desciendan abundantes gracias y bendiciones sobre la Iglesia y el mundo.



BENEDICTO XVI
ÁNGELUS
VIAJE APOSTÓLICO A LA XXVI JMJ 
Aeropuerto Cuatro Vientos de Madrid
Domingo 21 de Agosto de 2011

Queridos amigos,

Ahora vais a regresar a vuestros lugares de residencia habitual. Vuestros amigos querrán saber qué es lo que ha cambiado en vosotros después de haber estado en esta noble Villa con el Papa y cientos de miles de jóvenes de todo el orbe: ¿Qué vais a decirles? Os invito a que deis un audaz testimonio de vida cristiana ante los demás. Así seréis fermento de nuevos cristianos y haréis que la Iglesia despunte con pujanza en el corazón de muchos.

¡Cuánto he pensado en estos días en aquellos jóvenes que aguardan vuestro regreso! Transmitidles mi afecto, en particular a los más desfavorecidos, y también a vuestras familias y a las comunidades de vida cristiana a las que pertenecéis.

No puedo dejar de confesaros que estoy realmente impresionado por el número tan significativo de Obispos y sacerdotes presentes en esta Jornada. A todos ellos doy las gracias muy desde el fondo del alma, animándolos al mismo tiempo a seguir cultivando la pastoral juvenil con entusiasmo y dedicación.

Saludo con afecto al Señor Arzobispo castrense y agradezco vivamente al Ejército del Aire el haber cedido con tanta generosidad la Base Aérea de Cuatro Vientos, precisamente en el centenario de la creación de la aviación militar española. Pongo a todos los que la integran y a sus familias bajo el materno amparo de María Santísima, en su advocación de Nuestra Señora de Loreto.

Asimismo, y al conmemorarse ayer el tercer aniversario del grave accidente aéreo ocurrido en el aeropuerto de Barajas, que ocasionó numerosas víctimas y heridos, deseo hacer llegar mi cercanía espiritual y mi afecto entrañable a todos los afectados por ese lamentable suceso, así como a los familiares de los fallecidos, cuyas almas encomendamos a la misericordia de Dios.

Me complace anunciar ahora que la sede de la próxima Jornada Mundial de la Juventud, en el dos mil trece, será Río de Janeiro. Pidamos al Señor ya desde este instante que asista con su fuerza a cuantos han de ponerla en marcha y allane el camino a los jóvenes de todo el mundo para que puedan reunirse nuevamente con el Papa en esa bella ciudad brasileña.

Queridos amigos, antes de despedirnos, y a la vez que los jóvenes de España entregan a los de Brasil la cruz de las Jornadas Mundiales de la Juventud, como Sucesor de Pedro, confío a todos los aquí presentes este gran cometido: Llevad el conocimiento y el amor de Cristo por todo el mundo. Él quiere que seáis sus apóstoles en el siglo veintiuno y los mensajeros de su alegría. ¡No lo defraudéis! Muchas gracias.

Saludo en francés

Chers jeunes de langue française, le Christ vous demande aujourd’hui d’être enracinés en Lui et de bâtir avec Lui votre vie sur le roc qu’il est Lui-même. Il vous envoie pour être des témoins courageux et sans complexes, authentiques et crédibles ! N’ayez pas peur d’être catholiques, d’en témoigner toujours autour de vous avec simplicité et sincérité ! Que l’Église trouve en vous et en votre jeunesse les missionnaires joyeux de la Bonne Nouvelle!

[Traducción española: Queridos jóvenes de lengua francesa, Cristo os pide hoy que estéis arraigados en Él y construyáis con Él vuestra vida sobre la roca que es Él mismo. Él os envía para que seáis testigos valientes y sin complejos, auténticos y creíbles. No tengáis miedo de ser católicos, dando siempre testimonio de ello a vuestro alrededor, con sencillez y sinceridad. Que la Iglesia halle en vosotros y en vuestra juventud a los misioneros gozosos de la Buena Noticia].

Saludo en inglés

I greet all the English-speaking young people present here today!  As you return home, take back with you the good news of Christ’s love which we have experienced in these unforgettable days.  Fix your eyes upon him, deepen your knowledge of the Gospel and bring forth abundant fruit!  God bless all of you until we meet again!

[Traducción española: Saludo a todos los jóvenes de leguna inglesa que están hoy aquí. Al regresar a vuestra casa, llevad con vosotros la Buena Noticia del amor de Cristo, que habéis experimentado en estos días inolvidables. Con los ojos fijos en Él, profundizad en vuestro conocimiento del Evangelio y dad abundantes frutos. Dios os bendiga hasta que nos encontremos nuevamente].

Saludo en alemán

Meine lieben Freunde! Glaube ist keine Theorie. Glauben heißt, in eine persönliche Beziehung zu Jesus zu treten und die Freundschaft mit ihm in Gemeinschaft mit anderen, in der Gemeinschaft der Kirche zu leben. Vertraut Christus euer ganzes Leben an, und helft euren Freunden, daß auch sie zur Quelle des Lebens, zu Gott gelangen. Der Herr mache euch zu frohen Zeugen seiner Liebe.

[Traducción española: Mis queridos amigos. La fe no es una teoría. Creer significa entrar en una relación personal con Jesús y vivir la amistad con Él en comunión con los demás, en la comunidad de la Iglesia. Confiad a Cristo toda vuestra vida, y ayudad a vuestros amigos a alcanzar la fuente de la vida: Dios. Que el Señor haga de vosotros testigos gozosos de su amor].

Saludo en italiano

Cari giovani di lingua italiana! Vi saluto tutti! L’Eucaristia che abbiamo celebrato è Cristo risorto presente e vivo in mezzo a noi: grazie a Lui, la vostra vita è radicata e fondata in Dio, salda nella fede. Con questa certezza, ripartite da Madrid e annunciate a tutti ciò che avete visto e udito. Rispondete con gioia alla chiamata del Signore, seguiteLo e rimanete sempre uniti a Lui: porterete molto frutto!

[Traducción española: Queridos jóvenes de lengua italiana. Os saludo a todos. La Eucaristía que hemos celebrado es Cristo Resucitado, presente y vivo en medio de nosotros: Gracias a Él, vuestra vida está arraigada y fundada en Dios, firme en la fe. Con esta certeza, marchad de Madrid y anunciad a todos lo que habéis visto y oído. Responded con gozo a la llamada del Señor, seguidlo y permaneced siempre unidos a Él: daréis mucho fruto].

Saludo en portugués

Queridos jovens e amigos de língua portuguesa, encontrastes Jesus Cristo! Sentir-vos-eis em contra-corrente no meio duma sociedade onde impera a cultura relativista que renuncia a buscar e a possuir a verdade. Mas foi para este momento da história, cheio de grandes desafios e oportunidades, que o Senhor vos mandou: para que, graças à vossa fé, continue a ressoar a Boa Nova de Cristo por toda a terra. Espero poder encontrar-vos daqui a dois anos, na próxima Jornada Mundial da Juventude, no Rio de Janeiro, Brasil. Até lá, rezemos uns pelos outros, dando testemunho da alegria que brota de viver enraizados e edificados em Cristo. Até breve, queridos jovens! Que Deus vos abençoe!

[Traducción española: Queridos jóvenes y amigos de lengua portuguesa, habéis encontrado a Jesucristo. Os sentiréis yendo contra corriente en medio de una sociedad donde impera la cultura relativista que renuncia a buscar y a poseer la verdad. Pero el Señor os ha enviado en este momento de la historia, lleno de grandes desafíos y oportunidades, para que, gracias a vuestra fe, siga resonando por toda la tierra la Buena Nueva de Cristo. Espero poder encontraros dentro de dos años en la próxima Jornada Mundial de la Juventud, en Río de Janeiro, Brasil. Hasta entonces, recemos unos por otros, dando testimonio de la alegría que brota de vivir enraizados y edificados en Cristo. Hasta pronto, queridos jóvenes. Que Dios os bendiga].

Saludo en polaco:

Drodzy młodzi Polacy, silni wiarą, zakorzenieni w Chrystusie! Niech owocują w was otrzymane w tych dniach od Boga talenty. Bądźcie Jego świadkami. Nieście innym orędzie Ewangelii. Waszą modlitwą i przykładem życia pomagajcie Europie odnaleźć jej chrześcijańskie korzenie.

[Traducción española: Queridos jóvenes polacos, firmes en la fe, arraigados en Cristo. Los talentos recibidos de Dios en estos días produzcan en vosotros abundantes frutos. Sed sus testigos. Llevad a los demás el mensaje del Evangelio. Con vuestra oración y con el ejemplo de la vida, ayudad a Europa a encontrar sus raíces cristianas].


 

martes, 30 de agosto de 2011

Visita Pastoral de S.S. Benedicto XVI a Ancona, Italia

VISITA PASTORAL A ANCONA

PARA LA CLAUSURA DEL XXV CONGRESO EUCARÍSTICO NACIONAL

11 DE SEPTIEMBRE DE 2011

PROGRAMA




Domingo 11 de Septiembre de 2011




Roma



8.30 horas - S.S. Benedicto XVI sale en helicóptero desde el helipuerto Vaticano hacia Ancona



Ancona 



9.15 horas - Llegada al Muelle Wojtyła del Puerto de Ancona




10.00 horas - Concelebración Eucarística al final del XXV Congreso Eucarístico Nacional Italiano en los astilleros de Ancona
Homilía del Santo Padre


Rezo del Ángelus Domini en los astilleros de Ancona
Saludo del Santo Padre




13.30 horas - Almuerzo con los Obispos, una representación de obreros en desempleo indemnizado y una representación de pobres asistidos por la Caritas en el Centro Pastoral de Colle Ameno




16.30 horas - Saludo a los organizadores de la Visita Pastoral en el Centro Pastoral de Colle Ameno




17.00 horas - Encuentro con las familias y con los sacerdotes en la Catedral de San Ciriaco de Ancona
Discurso del Santo Padre




18.00 horas - Encuentro con parejas de jóvenes novios en la Plaza del Plebiscito de Ancona
Discurso del Santo Padre




19.00 horas - Salida en helicóptero desde el Muelle Wojtyła del Puerto de Ancona hacia el Vaticano




Roma




20.00 horas - El Papa Benedicto XVI llega al helipuerto Vaticano

Rueda de prensa de S.S. Benedicto XVI durante el vuelo a Madrid (Agosto 18-2011)

 
CONFERENCIA DE PRENSA DEL SANTO PADRE BENEDICTO XVI
A BORDO DEL AVIÓN EN EL VUELO HACIA MADRID
RUMBO A SU VIAJE APOSTÓLICO A ESPAÑA CON OCASIÓN DE LA XXVI JORNADA MUNDIAL DE LA JUVENTUD 
AGOSTO 18 AL 21 DE 2011 


Jueves 18 de Agosto de 2011
  

P. Lombardi: Santo Padre, estamos en la XXVI Jornada mundial de la juventud, la decimosegunda celebrada con un gran encuentro mundial. Juan Pablo II, que las instituyó, ahora es beato y es protector oficial de esta JMJ de Madrid. Al inicio de su pontificado, nos preguntábamos si usted continuaría en el surco de su predecesor. Ahora usted está ya en su tercera Jornada mundial, después de la de Colonia y Sydney. ¿Cómo ve el significado de estos acontecimientos en la «estrategia» pastoral de la Iglesia universal en el tercer milenio?

Santo Padre: Queridos amigos, ¡buenos días! Me alegra viajar con vosotros a España para este gran acontecimiento. Después de dos jmj vividas también personalmente, puedo decir que fue realmente una inspiración la que recibió el Papa Juan Pablo II cuando creó esta realidad de un gran encuentro de los jóvenes del mundo con el Señor. Diría que estas JMJ son un signo, una cascada de luz, dan visibilidad a la fe, visibilidad a la presencia de Dios en el mundo, y dan así la valentía para ser creyentes. Con frecuencia, los creyentes se sienten aislados en este mundo, casi perdidos. Aquí ven que no están solos, que hay una gran red de fe, una gran comunidad de creyentes en el mundo, que es hermoso vivir en esta amistad universal. Y así, me parece, nacen amistades que superan las fronteras de las diferentes culturas, de los diferentes países. Este nacimiento de una red universal de amistad, que une al mundo con Dios, es una realidad importante para el futuro de la humanidad, para la vida de la humanidad de hoy. Naturalmente la jmj no puede ser un acontecimiento aislado: forma parte de un camino más grande. Debe ser preparado por este camino de la cruz que transmigra a diferentes países y ya une a los jóvenes con el signo de la cruz y con el maravilloso signo de la imagen de la Virgen. De este modo la preparación de la JMJ, mucho más que una preparación técnica de un acontecimiento con muchos problemas técnicos, naturalmente; es una preparación interior, un ponerse en camino hacia los demás y, juntos, hacia Dios. Y así se crean grupos de amistad. Este contacto universal abre las fronteras de las culturas y de los contrastes humanos y religiosos, y de este modo se convierte en un camino continuo, que después lleva a una nueva cumbre, a una nueva JMJ. En este sentido, me parece que la jmj debe considerarse como un signo, como parte de un gran camino: crea amistades, abre fronteras y hace visible que es bello estar con Dios, que Dios está con nosotros. En este sentido, queremos seguir con esta gran idea del beato Papa Juan Pablo II.


P. Lombardi: Santidad, los tiempos cambian. Europa y el mundo occidental en general viven una crisis económica profunda, que manifiesta también señales de un grave malestar social y moral, de gran incertidumbre para el futuro, particularmente doloroso para los jóvenes. En los días pasados hemos visto, por ejemplo, los sucesos acontecidos en Gran Bretaña, con manifestaciones de rebelión y agresividad. Al mismo tiempo, hay signos de compromiso generoso y entusiasta, de voluntariado y solidaridad, de jóvenes creyentes y no creyentes. ¿Qué mensajes puede ofrecer la Iglesia para dar esperanza y aliento a los jóvenes del mundo, sobre todo a los que hoy sienten la tentación del desaliento y la rebelión?

 Santo Padre: Sí. Se confirma en la crisis económica actual lo que ya se ha visto en la gran crisis precedente: que la dimensión ética no es algo exterior a los problemas económicos, sino una dimensión interior y fundamental. La economía no funciona sólo con una auto-reglamentación mercantil, sino que tiene necesidad de una razón ética para funcionar para el hombre. Puede constatarse lo que ya había dicho Juan Pablo IIen su primera encíclica social: que el hombre debe estar en el centro de la economía y que la economía no debe medirse según el máximo beneficio, sino según el bien de todos; incluye la responsabilidad respecto del otro, y funciona verdaderamente bien sólo si funciona de una manera humana, respetando al otro. Y con sus diferentes dimensiones: responsabilidad por la propia nación, y no sólo por sí mismos, responsabilidad por el mundo. Una nación no está aislada; tampoco Europa está aislada, sino que es responsable de toda la humanidad y debe pensar siempre en los problemas económicos con esta clave de responsabilidad, también por las demás partes del mundo, por las que sufren, tienen sed y hambre, y no tienen futuro. Y, por tanto —tercera dimensión de esta responsabilidad— es la responsabilidad por el futuro. Sabemos que debemos proteger nuestro planeta, pero tenemos que proteger el funcionamiento del servicio del trabajo económico para todos y pensar que el mañana es también el hoy. Si los jóvenes de hoy no encuentran perspectivas en su vida, también nuestro hoy está equivocado, está mal. Por tanto, la Iglesia con su doctrina social, con su doctrina sobre la responsabilidad ante Dios, abre la capacidad de renunciar al máximo beneficio y de ver las cosas en la dimensión humanística y religiosa, es decir, estamos hechos el uno para el otro. De este modo es posible también abrir caminos. El gran número de voluntarios que trabajan en diferentes partes del mundo, no para sí mismos sino para los demás, y encuentran precisamente así el sentido de su vida, demuestran que es posible hacer esto y que una educación en estos grandes objetivos, como trata de hacer la Iglesia, es fundamental para nuestro futuro.


P. Lombardi: Los jóvenes del mundo de hoy viven generalmente en ambientes multiculturales y multiconfesionales. La tolerancia recíproca hoy es más necesaria que nunca. Usted insiste siempre mucho en el tema de la verdad. ¿No piensa que esta insistencia en la verdad y en la única Verdad que es Cristo, es un problema para los jóvenes de hoy? ¿No piensa que esta insistencia los impulse a la contraposición y a la dificultad de dialogar y buscar junto a los demás?

 Santo Padre: La relación entre verdad e intolerancia, monoteísmo e incapacidad de diálogo con los demás, es un argumento que con frecuencia vuelve al debate sobre el cristianismo de hoy. Y naturalmente es verdad que en la historia se han dado también abusos, tanto del concepto de verdad como del concepto de monoteísmo; pero han sido abusos. La realidad es totalmente diferente. El argumento está equivocado, pues la verdad sólo es accesible en la libertad. Se pueden imponer con la violencia comportamientos, observancias, actividades, pero no la verdad. La verdad se abre sólo a la libertad, al consentimiento libre y, por eso, libertad y verdad están íntimamente unidas, una es condición de la otra. Por lo demás, buscar la verdad, los valores auténticos, que dan vida y futuro, no tiene alternativa. No queremos la mentira, no queremos el positivismo de normas impuestas con una cierta fuerza. Sólo los auténticos valores llevan al futuro y es necesario, por tanto, buscar los valores auténticos y no permitir el arbitrio de algunos, no dejar que se imponga una razón positivista que nos dice, sobre los problemas éticos, sobre los grandes problemas del hombre: no hay una verdad racional. Esto significa exponer el hombre al arbitrio de cuantos tienen el poder. Debemos buscar siempre la verdad, los verdaderos valores; tenemos un núcleo de valores, en los derechos humanos fundamentales. Los derechos fundamentales reconocidos nos ponen en diálogo unos con otros. La verdad como tal es dialogante, pues busca conocer mejor, comprender mejor, y lo hace en diálogo con los demás. De este modo, buscar la verdad y la dignidad del hombre es la mejor defensa de la libertad.


P. Lombardi: Las Jornadas mundiales de la juventud son un tiempo hermosísimo y suscitan mucho entusiasmo, pero los jóvenes luego al volver a casa encuentran un mundo en el que la práctica religiosa está en disminución muy fuerte. A muchos de ellos probablemente no se les verá ya en la iglesia. ¿Cómo se puede dar continuidad a los frutos de la Jornada mundial de la juventud? ¿Piensa que dará efectivamente frutos de larga duración más allá de los momentos de gran entusiasmo?

Santo Padre: La siembra de Dios siempre es silenciosa, no aparece inmediatamente en las estadísticas. Y esa semilla que el Señor siembra con las JMJ es como la semilla de la que habla el Evangelio: una parte cae en el camino y se pierde; una parte cae en la piedra y se pierde; una parte cae entre las espinas y se pierde; pero una parte cae en tierra buena y da mucho fruto. Esto es precisamente lo que sucede con la siembra de la JMJ: mucho se pierde y esto es humano. Con otras palabras del Señor, la semilla de mostaza es pequeña, pero crece y se convierte en un gran árbol. Ciertamente se pierde mucho, no podemos decir que desde mañana comienza un gran crecimiento de la Iglesia. Dios no actúa así. Crece en silencio y mucho. Sé que otras JMJ han suscitado numerosas amistades, amistades para toda la vida; muchas nuevas experiencias de que Dios existe. Y nosotros confiamos en este crecimiento silencioso, y estamos seguros de que, aunque las estadísticas no hablen mucho de ello, la semilla del Señor crece realmente. Y para muchísimas personas será el inicio de una amistad con Dios y con los demás, de una universalidad de pensamiento, de una responsabilidad común que realmente nos muestra que estos días dan fruto. Gracias.

Decreto con el que se concede la indulgencia plenaria con ocasión de la "XXVI JMJ"

PENITENCIARÍA APOSTÓLICA
DECRETO
INDULGENCIAS PARA LA JORNADA MUNDIAL DE LA JUVENTUD DE MADRID

Se concede la indulgencia plenaria a los fieles que, con ocasión de la «XXVI Jornada mundial de la juventud», acudan a Madrid con espíritu de peregrinación; también podrán conseguir la indulgencia parcial todos los que, en cualquier parte donde estén, recen por las intenciones espirituales de este encuentro y por su éxito.

Ha llegado recientemente a la Penitenciaría apostólica la súplica de su eminencia reverendísima Antonio María Rouco Varela, cardenal arzobispo de Madrid y presidente de la Conferencia episcopal española, para que los jóvenes puedan obtener los anhelados frutos de santificación de la XXVI Jornada mundial de la juventud, que se celebrará del 16 al 21 de este mes de agosto en la capital española, y que tendrá por tema: «Arraigados y edificados en Cristo, firmes en la fe» (cf. Col 2, 7).

La Penitenciaría apostólica, que expuso al Santo Padre estas consideraciones, ha sido dotada de facultades especiales para conceder, mediante el presente Decreto, el don de la indulgencia, según la intención del mismo Pontífice, como sigue:

Se concede la Indulgencia plenaria a los fieles que participen devotamente en cualquier función sagrada o práctica piadosa que tenga lugar en Madrid durante la «XXVI Jornada mundial de la juventud» y en su solemne conclusión, con tal de que, confesados y realmente arrepentidos, reciban la sagrada Comunión y recen piadosamente según las intenciones de Su Santidad.

Se concede la Indulgencia parcial a los fieles, en cualquier lugar donde estén durante dicho encuentro, si, al menos con espíritu contrito, elevan sus oraciones a Dios Espíritu Santo, para que impulse a los jóvenes a la caridad y les dé la fuerza para anunciar el Evangelio con su vida.

A fin de que los fieles puedan participar más fácilmente de estos dones celestiales, los sacerdotes, legítimamente aprobados para escuchar las confesiones sacramentales, con espíritu pronto y generoso préstense a recibirlas y propongan a los fieles oraciones públicas por el éxito de la misma «Jornada mundial de la juventud».

Este Decreto tiene validez para esta ocasión. No obstante cualquier disposición contraria.

Dado en Roma, en la sede de la Penitenciaría apostólica, el 2 de agosto, año de la Encarnación del Señor 2011, en la piadosa memoria de la «Porciúncula».

Cardenal Fortunato Baldelli
Penitenciario mayor
Gianfranco Girotti, o.f.m.conv.
Obispo titular de Meta
Regente

Actos Pontificios de Benedicto 16 (Martes 30 de Agosto)

En otros Actos Pontificios, este martes 30 de Agosto, el Santo Padre Benedicto XVI nombró Obispo de Cádiz y Ceuta en España a Mons. Rafael Zornoza Boy, hasta ahora Obispo Titular de Mentesa y Auxiliar de Getafe.

El Obispo electo nació el 31 de Julio de 1949 en Madrid, España.

Fue ordenado Sacerdote el  19 de Marzo de 1975.

El 13 de Diciembre de 2005 fue electo Obispo titular de Mentesa y Auxiliar de Getafe. Recibió la consagración episcopal el 5 de Febrero siguiente.

Sucede a Mons. Antonio Ceballos Atienza, quien presentó su renuncia a la diócesis de Cádiz y Ceuta en conformidad al canon 401 §1 del Código de Derecho Canónico.

lunes, 29 de agosto de 2011

Actos Pontificios de Benedicto 16 (Lunes 29 de Agosto)

CASTELGANDOLFO.  El Santo Padre Benedicto XVI aceptó hoy lunes 29 de Agosto la renuncia presentada por el Cardenal John Patrick Foley al cargo de Gran Maestro de la Orden Ecuestre del Santo Sepulcro de Jerusalén. Le sucede Monseñor Edwin Frederick O'Brien, hasta ahora Arzobispo de Baltimore.