lunes, 28 de octubre de 2019

Carta Apostólica en forma de Motu Proprio para el cambio de la denominación de Archivo Secreto Vaticano en Archivo Apostólico Vaticano

CIUDAD DEL VATICANO (http://press.vatican.va - 28 de octubre de 2019).-  Carta Apostólica en forma de Motu Proprio para el cambio de la denominación de Archivo Secreto Vaticano en Archivo Apostólico Vaticano


CARTA APOSTÓLICA
EN FORMA DE «MOTU PROPRIO»



PARA EL CAMBIO DE LA DENOMINACIÓN DE
ARCHIVO SECRETO VATICANO


EN


ARCHIVO APOSTÓLICO VATICANO


La experiencia histórica nos enseña que toda institución humana, si bien haya surgido con las mejores garantías y con esperanzas de progreso vigorosas y fundadas, tocada fatalmente por el tiempo, para permanecer fiel a sí misma y a los objetivos ideales de su naturaleza, siente la necesidad, no ya de cambiar su fisonomía, sino de transponer a las diversas épocas y culturas sus valores inspiradores y de efectuar las actualizaciones que son convenientes y a veces necesarias.

También el Archivo Secreto Vaticano, al que los Romanos Pontífices han reservado siempre solicitud y cuidado debido al ingente y relevante patrimonio documental que conserva, tan precioso para la Iglesia Católica como para la cultura universal, no escapa, en su historia de más de cuatrocientos años de antigüedad, a esos condicionamientos inevitables.

El Archivo Pontificio, que surgió del núcleo documental de la Cámara Apostólica y de la misma Biblioteca Apostólica (la llamada Bibliotheca secreta) entre la primera y segunda década del siglo XVII, comenzó a llamarse Secreto (Archivum Secretum Vaticanum) sólo a mediados de ese siglo; instalado en las salas apropiadas del Palacio Apostólico, alcanzó  con el tiempo  una consistencia notable y se abrió desde el principio a las peticiones de documentos que llegaban al Romano Pontífice, al Cardenal Camarlengo y luego al Cardenal Archivero y Bibliotecario de toda Europa y del mundo. Si bien es cierto que la apertura oficial del Archivo a los investigadores de todos los países se produjo solamente en 1881, también lo es que, entre los siglos XVII y XIX, muchas obras eruditas pudieron ser publicadas con la ayuda de copias documentales fieles o auténticas que los historiadores obtuvieron de los custodios y prefectos del Archivo Secreto Vaticano. Tanto es así que el famoso filósofo y matemático alemán Gottfried Wilhelm von Leibniz, que también se sirvió de él, escribió en 1702 que podría considerarse en cierto modo el Archivo Central de Europa (quod quodam modo totius Europae commune Archivum censeri debet).

Este largo servicio prestado a la Iglesia, a la cultura y a los estudiosos de todo el mundo siempre ha hecho acreedor de estima y  gratitud al Archivo Secreto Vaticano, sobre todo desde la muerte de León XIII hasta nuestros días, tanto por la progresiva "apertura" de la documentación puesta a disposición para su consulta (que a partir del 2 de marzo de 2020, por disposición mía, se extenderá hasta el final del pontificado de Pío XII), como por el aumento del número de investigadores que son admitidos diariamente en dicho Archivo y ayudados en todo lo posible en sus investigaciones.

Este meritorio servicio eclesial y cultural, tan apreciado, bien responde a las intenciones de todos mis predecesores, que según los tiempos y las posibilidades han favorecido la investigación histórica en un Archivo tan vasto, dotándolo, según las sugerencias de los cardenales Archiveros o de los prefectos pro tempore, de personas, medios y también de nuevas tecnologías. De ese modo, la estructura de los Archivos ha ido creciendo poco a poco en vista de su servicio cada vez más intenso a la Iglesia y al mundo de la cultura, dando siempre fe de las enseñanzas y directrices de los Papas.

Hay, sin embargo, un aspecto que creo que podría ser útil actualizar, reafirmando los objetivos eclesiales y culturales de la misión del Archivo. Este aspecto se refiere a la denominación misma de la institución: Archivo Secreto Vaticano.

Nacido, como ya se ha dicho, de la Bibliotheca secreta del Romano Pontefice, es decir, de la parte de los códigos y escrituras más particularmente de propiedad y bajo la jurisdicción directa del Papa, el Archivo se llamaba primero simplemente Archivum novum, luego Archivum Apostolicum y luego Archivum Secretum (las primeras atestaciones del término se remontan aproximadamente a 1646).

El término Secretum, que se ha convertido en el nombre propio de la institución y que ha prevalecido en los últimos siglos, estaba justificado porque indicaba que el nuevo Archivo, querido por mi predecesor Pablo V hacia 1610-1612, no era otro que el archivo privado, separado y reservado del Papa. Así es como todos los pontífices quisieron definirlo siempre, y así es como todavía  lo definen hoy en día, sin ninguna dificultad, los estudiosos. Esta definición, por otra parte, estaba muy extendida, con un significado análogo en las cortes de  soberanos y príncipes, cuyos archivos se definían propiamente como secretos.

Mientras perduró la conciencia de la estrecha relación entre la lengua latina y las lenguas que de ella se derivan, no hubo necesidad de explicar o incluso justificar este título de Archivum Secretum. Con los progresivos cambios semánticos que se han producido en las lenguas modernas y en las culturas y sensibilidad social de las diferentes naciones, en mayor o menor medida, el término Secretum, adosado  al Archivo Vaticano, comenzó a ser malinterpretado y a colorearse de matices ambiguos, incluso negativos. Al haber perdido  el verdadero significado del término secretum y asociando instintivamente su valencia al concepto expresado por la palabra moderna "secreto", en algunos ámbitos y ambientes, incluso en aquellos de cierta importancia cultural, este término ha asumido el significado prejudicial de escondido, de no revelado y reservado para unos pocos. Todo lo contrario de lo que siempre ha sido y pretende ser el Archivo Secreto Vaticano, que -como decía mi santo predecesor Pablo VI- conserva "ecos y vestigios" del paso del Señor en la historia (Enseñanzas de Pablo VI, I, 1963, p. 614). Y la Iglesia "no tiene miedo de la historia, al contrario, la ama y la gustaría amarla más y mejor, ¡como Dios la ama!" (Discurso a los funcionarios del Archivo Secreto Vaticano, 4 marzo 2019: L'Osservatore Romano, 4-5 marzo 2019, p. 6).

Instado en estos últimos años por algunos estimados Prelados, así como por mis colaboradores más cercanos, y habiendo escuchado también el parecer de los Superiores del mismo Archivo Secreto Vaticano, con este Motu Proprio decido que:

A partir de ahora, el actual Archivo Secreto Vaticano, sin cambiar nada de su identidad, de su estructura y de su misión, se denomine  Archivo Apostólico Vaticano.

Reafirmando la voluntad efectiva de servir a la Iglesia y a la cultura, la nueva denominación resalta el estrecho vínculo entre la Sede Romana y el Archivo, instrumento indispensable del ministerio petrino, y al mismo tiempo subraya su dependencia inmediata del Romano Pontífice, como ya sucede en paralelo con el nombre de la Biblioteca Apostólica Vaticana.

Dispongo que la presente Carta Apostólica en forma de Motu Proprio sea promulgada mediante su publicación en el diario L'Osservatore Romano, entrando en vigor inmediatamente después de dicha publicación, para incorporarse inmediatamente a los documentos oficiales de la Santa Sede, y que, posteriormente, se inserta en las Acta Apostolicae Sedis.
Dado en Roma, en San Pedro, el 22 de octubre de 2019, séptimo de nuestro Pontificado.


FRANCISCO 


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Calendario de las celebraciones que presidirá el Papa FRANCISCO (noviembre 2019 - enero 2020

CIUDAD DEL VATICANO (http://press.vatican.va - 28 de octubre de 2019).-  Calendario de las celebraciones que presidirá el Papa FRANCISCO de noviembre 2019 a enero 2020.


NOVIEMBRE


Lunes 4
Basílica Vaticana,
Altar de la Cátedra, 11.30 horas
CAPILLA PAPAL
Santa Misa en sufragio de los Cardenales y Obispos fallecidos durante el año


Domingo 17
XXXIII Domingo del Tiempo Ordinario
Basílica Vaticana, 10:00 horas
Santa Misa
CAPILLA PAPAL
Día Mundial de los Pobres


Martes 19
Martes 26
Viaje Apostólico a Tailandia y Japón


DICIEMBRE


Domingo 8
Solemnidad de la Inmaculada Concepción de la Santísima Virgen María
Plaza de España 16:00
Acto de veneración a la Inmaculada Concepción


Jueves 12
Fiesta de la Santísima Virgen María de Guadalupe
Basílica Vaticana, 18.00 horas
Santa Misa para América Latina


Martes 24
Solemnidad de la Natividad del Señor
Basílica Vaticana, 21.30 horas
CAPILLA PAPAL
Santa Misa del Gallo


Miércoles 25
Solemnidad de la Natividad del Señor
Logia central de la Basílica Vaticana, 12.00 horas
Bendición "Urbi et Orbi"


Martes 31
Solemnidad de María Santísima Madre de Dios
Basílica Vaticana, 17.00 horas
Primeras Vísperas y Te Deum en acción de gracias por el año pasado


ENERO


Miércoles 1°
Solemnidad de María Santísima Madre de Dios
LIII Jornada Mundial de la Paz
Basílica Vaticana, 10:00 horas
CAPILLA PAPAL
Santa Misa


Lunes 6
Solemnidad de la Epifanía del Señor
Basílica Vaticana, 10:00 horas
CAPILLA PAPAL
Santa Misa


Domingo 12
Domingo después de la Epifanía
Fiesta del Bautismo del Señor
Capilla Sixtina, 9.30 horas
Santa Misa y Bautismo de algunos niños

Audiencias y Nombramiento del Santo Padre [Lunes 28 de octubre de 2019]

CIUDAD DEL VATICANO (http://press.vatican.va - 28 de octubre de 2019).- El Santo Padre FRANCISCO ha recibido esta mañana en Audiencia a:


- S.E. el Cardenal Marc Ouellet, P.S.S., Prefecto de la Congregación para los Obispos.


- S.E. el Cardenal Dominique Mamberti, Prefecto del Tribunal Supremo de la Signatura Apostólica.

- S.E. el Cardenal Stanisław Ryłko, Arcipreste de la Basílica Papal de Santa María Mayor.


- Representantes de las religiones abrahámicas para la firma de una declaración conjunta sobre algunos temas relativos al final de la vida y la promoción de los cuidados paliativos.

 
- Excmos. prelados de la Conferencia Episcopal de Nueva Zelanda en visita  “ad Limina Apostolorum”:

- S.E. el Cardenal. John Atcherley Dew, Arzobispo de Wellington.

- S.E. Mons. Patrick James Dunn, Obispo de Auckland.

- S.E. Mons. Paul Martin, S.M., Obispo de Christchurch.

- S.E. Mons. Michael Joseph Dooley, Obispo de Dunedin.

- S.E. Mons. Stephen Marmion Lowe, Obispo de Hamilton in New Zealand.


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Así mismo en otros Actos Pontificios hoy el Papa ha nombrado Nuncio Apostólico en Costa de Marfil a Su Excelencia Reverendísima Monseñor Paolo Borgia, Arzobispo titular de Milazzo.

Santa Misa en sufragio de los Cardenales y Obispos difuntos en el curso del año

CIUDAD DEL VATICANO (http://press.vatican.va - 28 de octubre de 2019).-  Informa la Oficina de Celebraciones Litúrgicas del Sumo Pontífice que el  lunes, 4 de noviembre, a las 11:30 horas en el Altar de la Cátedra de la Basílica Vaticana, el Papa FRANCISCO celebrará la Santa Misa en sufragio de los Cardenales y Oispos difuntos en el curso del año.

Declaración conjunta de las religiones monoteístas abrahámicas sobre las cuestiones del final de la vida (Casina Pío IV, 28 de octubre 2019)

CIUDAD DEL VATICANO (http://press.vatican.va - 28 de octubre de 2019).-  Declaración conjunta de las religiones monoteístas abrahámicas sobre las cuestiones del final de la vida (Casina Pío IV, 28 de octubre 2019)


Preámbulo


Los aspectos morales, religiosos, sociales y  jurídicos del tratamiento del paciente moribundo se encuentran entre los temas más difíciles y ampliamente discutidos en la medicina moderna. En  las diversas culturas y contextos sociales han generado siempre un amplio debate tanto teórico como emocional.


Las cuestiones relativas a las decisiones sobre el final de la vida presentan dilemas difíciles, que no son nuevos, pero que se han intensificado mucho en los últimos años debido a varios factores y acontecimientos, entre los cuales:


- Los enormes avances científico-tecnológicos que permiten una
prolongación significativa de la vida en formas y situaciones hasta ahora impensables. Sin embargo, a menudo la supervivencia prolongada de un enfermo va acompañada de dolor y sufrimiento debido a diversas disfunciones orgánicas, mentales y emocionales.


- El cambio fundamental en la relación médico-paciente de un enfoque paternalista a la petición de una mayor autonomía de juicio por parte del mismo paciente.


- El hecho de que la mayoría de las personas en los países desarrollados mueren hoy en día en hospitales o residencias de ancianos, que a menudo son entornos extraños y desconocidos para ellos. Muchos pacientes están conectados  a máquinas, rodeados de personal sanitario habitualmente ocupado y que conocen poco. Esta situación contrasta con la del pasado, cuando las personas morían en casa, rodeadas de sus seres queridos en su entorno habitual y reconocido.


- La mayor implicación de diversos profesionales en el tratamiento del paciente en fase terminal, así como de los medios de comunicación, del sistema judicial y la opinión pública en general. Todo ello a menudo es expresión de  diferentes antecedentes culturales, puntos de vista y opiniones variadas e incluso contradictorias sobre lo que se debe o no se debe hacer por el paciente moribundo.


- Cambios culturales, especialmente en las sociedades occidentales.


- La creciente escasez de recursos debido a las costosas opciones diagnósticas y terapéuticas.


Los dilemas relacionados con la atención y el tratamiento del paciente terminal no son principalmente médicos o científicos, sino sobre todo sociales, éticos, religiosos, legales y culturales. Mientras que los médicos toman decisiones basadas en los hechos, la mayoría de las decisiones concernientes al paciente terminal no son de naturaleza médico-científica.
Más bien, se basan en valores personales y éticos. Por lo tanto, el cuidado del paciente terminal tanto por parte de las familias como por el personal sanitario, es una tarea difícil, teniendo también en cuenta cuales son las costumbres sociales.


Los principios y prácticas de las religiones monoteístas abrahámicas  y en particular su búsqueda del equilibrio adecuado entre valores en conflicto, no siempre están de acuerdo con los valores y prácticas humanistas laicas actuales.


Los objetivos de esta declaración de principios son:


- Presentar la posición de las religiones monoteístas que abrahámicas  con respecto a los valores y las prácticas relevantes para el enfermo terminal, en beneficio de los pacientes, las familias, el personal sanitario y los responsables políticos que se adhieren a una de estas religiones.


- Mejorar la capacidad de los profesionales de la salud para comprender, respetar, guiar, ayudar y consolar mejor al paciente creyente y a su familia al final de la vida. Respetar los valores religiosos o culturales del paciente no es sólo un problema religioso, sino que es un requisito ético para el personal de los hospitales y otras estructuras donde haya pacientes de varias creencias.


- Promover una comprensión recíproca y sinergias de los diferentes enfoques entre las tradiciones religiosas monoteístas y la ética laica con respecto a las creencias, valores y prácticas relevantes para el paciente en fase terminal.


Definición


Un paciente en fase terminal es  una persona que padece una enfermedad de diagnóstico infausto, incurable e irreversible, en una etapa en la que la muerte se producirá con toda probabilidad en el plazo de unos pocos meses como consecuencia de la enfermedad o de las complicaciones directamente relacionadas, a pesar de los mejores esfuerzos diagnósticos y terapéuticos.


Sufrimiento y muerte


Aunque apreciamos los avances de la ciencia médica para prevenir y curar enfermedades, también reconocemos que toda vida experimentará finalmente la muerte.


El cuidado de los moribundos representa, por una parte, una forma de asumir con responsabilidad del don divino de la vida cuando ya no es posible tratamiento alguno,  y por otra  nuestra responsabilidad humana y ética con la persona que  (a menudo) sufre ante la muerte inminente. El cuidado holístico y respetuoso de la persona debe reconocer como un objetivo fundamental la dimensión específicamente humana, espiritual y religiosa de la muerte. Este enfoque de la muerte requiere compasión, empatía y profesionalismo por parte de todas las personas involucradas en el cuidado del paciente moribundo, especialmente de los trabajadores de la salud responsables del bienestar psicosocial y emocional del paciente.


El uso de la tecnología médica al final de la vida


Las intervenciones humanas mediante tratamientos y tecnologías médicas sólo se justifican en términos de la ayuda que pueden proporcionar. Por lo tanto, su uso requiere un juicio responsable sobre si los tratamientos para mantener y prolongar la vida contribuyen realmente a alcanzar el final la vida humana, y sobre cuándo hace falta, en cambio, limitarlos. Cuando la muerte es inminente a pesar de todos los esfuerzos, está justificado tomar la decisión de rechazar ciertas formas de tratamiento que sólo prolongarían una condición precaria de sufrimiento. No obstante, incluso cuando la persistencia en tratar de evitar la muerte parece irrazonablemente difícil y gravosa, debemos hacer todo lo posible para ofrecer consuelo, alivio efectivo del dolor, compañía, atención emocional y espiritual y apoyo al paciente y a su familia en preparación para la muerte.


El personal sanitario  y la sociedad en general deberían respetar el deseo auténtico y personal del paciente en fase terminal de prolongar o conservar su vida, incluso por un corto período de tiempo adicional, mediante medidas médicas apropiadas desde el punto de vista clínico. Esto incluye la continuación del apoyo respiratorio, de la nutrición e hidratación artificiales, de la quimioterapia o radioterapia, de antibióticos, medicamentos para la tensión  y similares. Este deseo puede ser expresado por el propio paciente, en "tiempo real"; o, si no está imposibilitado en ese momento, por instrucciones anticipadas, por una persona encargada de ello, o por la declaración de familiares cercanos. Este enfoque conjuga tanto el respeto a la vida como el respeto al deseo del paciente, que hay que tener  en cuenta  no solo cuando obedece a la línea seguida por quienes prestan asistencia médica. A la hora de tomar esta decisión la familia consulta a menudo al personal religioso. En los casos de pacientes practicantes o en los que los parientes más próximos también lo son, habría que consultar al personal religioso.


El rechazo de la eutanasia y del suicidio asistido médicamente


Los temas relacionados con la duración y el significado de la vida humana no deberían ser de competencia del personal sanitario,  cuya responsabilidad consiste en proporcionar la mejor cura posible para las enfermedades y la máxima atención a los enfermos. Nos oponemos a cualquier forma de eutanasia -que es el acto directo, deliberado e intencional de quitar la vida- así como al suicidio asistido médicamente-que es el apoyo directo, deliberado e intencional al suicidarse- porque contradicen fundamentalmente el valor inalienable de la vida humana y, por lo tanto, son actos equivocados  desde el punto de vista moral y religioso, y deberían prohibirse sin excepciones.


Ayuda de la comunidad


Hacemos hincapié en la importancia del apoyo de la comunidad en el proceso de toma de decisiones que enfrenta el paciente en fase terminal y su familia. El deber de cuidar a los enfermos, nos exige también reformar las estructuras e instituciones por las que se prestan los cuidados sanitarios y religiosos. Como sociedad debemos asegurarnos de que el deseo del paciente de no ser una carga desde el punto de vista económico no lo induzca a elegir la muerte en lugar de recibir la atención y el apoyo que le permita vivir el tiempo que le queda con comodidad y tranquilidad. Para los pacientes religiosamente observantes y para sus familias existen varias formas posibles de apoyo comunitario a través de momentos de oración  y de reflexión para las personas involucradas, con un adecuado apoyo  médico y religioso.  Es un deber de cada comunidad religiosa con todos sus miembros, según las responsabilidades de cada uno.


Asistencia Espiritual


Una cercanía rica de fe y de esperanza es la mayor contribución que los trabajadores de la salud y las personas religiosas pueden ofrecer para humanizar el proceso de la muerte. La asistencia espiritual y religiosa es un derecho fundamental del paciente y un deber de la comunidad de fe. Los expertos en cuidados paliativos también reconocen su importancia porque saben cuánto sea intensa la interacción entre la dimensión física, psicológica y espiritual de la persona, junto con el deber de demostrar respeto por las creencias y la fe personales; todo el personal sanitario tiene el deber de crear las condiciones mediante las cuales se garantice la asistencia religiosa a todo aquel que la solicite, ya sea explícita o implícitamente.


Promover  los cuidados paliativos


Todo paciente en fase terminal debe recibir la asistencia paliativa mejor y más completa posible: física, emocional, social, religiosa y espiritual. El campo relativamente nuevo de los cuidados paliativos ha hecho grandes avances y es capaz de proporcionar un apoyo integral y eficiente a los pacientes terminales y a sus familias. Por lo tanto, fomentamos los cuidados paliativos para el enfermo y su familia al final de la vida. Los cuidados paliativos tienen como objetivo conseguir la mejor calidad de vida a las personas que padecen una enfermedad incurable y progresiva, cuando ya no es posible la cura. Expresan la noble devoción humana de cuidar de los demás, especialmente de los que sufren. Los servicios de cuidados paliativos comportan un sistema organizado y altamente estructurado para la prestación de cuidados y son fundamentales para la realización de la misión más antigua  de la medicina: "cuidar al enfermo incluso cuando ya no hay cura." Animamos a los profesionales y a los estudiantes a que se especialicen en este campo de la medicina.


Conclusión


Sobre la base de  los argumentos y motivaciones de  este documento, las tres religiones monoteístas abrahámicas comparten objetivos comunes y están totalmente de acuerdo en nuestro enfoque de las siguientes situaciones relativas al final de la vida:


-La eutanasia y el suicidio asistido por un médico son intrínsecamente y por lo tanto moral y religiosamente equivocadas y deberían prohibirse sin excepción. Cualquier presión y acción sobre los pacientes  para inducirles a que pongan fin a sus vidas es categóricamente rechazada.


-Ningún agente sanitario debería ser coaccionado o presionado para ayudar directa o indirectamente a la muerte deliberada e intencional de un paciente mediante el suicidio asistido o cualquier forma de eutanasia, especialmente cuando esa praxis va en contra de sus creencias religiosas. Se ha aceptado favorablemente, a lo largo de los años, que debe ser respetada la objeción de conciencia a actos que entren en conflicto con los valores éticos de una persona. Esto también sigue siendo válido incluso si tales actos han sido declarados legales a nivel  local, o por ciertos grupos de ciudadanos. Las creencias personales sobre la vida y la muerte ciertamente caen dentro de la categoría de objeción de conciencia que debería ser respetada universalmente.


-Alentamos y apoyamos los cuidados paliativos de calidad  y profesionales en todas partes y para todos. Aun cuando alejar la muerte parezca un peso razonablemente insoportable tenemos el deber moral y religioso de proporcionar consuelo, alivio del dolor, compañía y asistencia espiritual al paciente moribundo y a su familia.


-Apoyamos  las leyes y políticas públicas que protejan  los derechos y la dignidad del paciente moribundo, con el fin de evitar la eutanasia y promover los cuidados paliativos.


-Como sociedad, debemos comprometernos para que deseo de los pacientes de no ser una carga no los tiente a elegir la muerte en lugar de recibir la atención y el apoyo que les permita vivir el tiempo que les queda con comodidad y tranquilidad.


-Todo el personal sanitario debería crear las condiciones que garanticen la asistencia religiosa a todo aquel que la solicite, ya sea explícita o implícitamente.


-Nos comprometemos a utilizar los conocimientos e investigaciones para dar forma a políticas que promuevan el cuidado y el bienestar relacional y emocional, físico y espiritual, proporcionando la máxima información y atención a quienes se enfrentan a enfermedades graves y a la muerte.


-Nos comprometemos a involucrar a nuestras comunidades en los temas de bioética relacionados con el paciente en fase terminal, así como a familiarizarlas con técnicas de acompañamiento compasivo para aquellos que sufren y mueren.


-Nos comprometemos a sensibilizar a la opinión pública sobre los cuidados paliativos mediante la formación apropiada y el suministro de recursos sobre los tratamientos para los que sufren y los moribundos.


-Nos comprometemos a proporcionar ayuda a la familia y a los seres queridos de los pacientes moribundos.


-Hacemos un llamamiento a los políticos y a los profesionales de la salud para que se familiaricen con esta amplia perspectiva y con la enseñanza de las religiones abrahámicas a fin de proporcionar la mejor asistencia a los pacientes moribundos y a sus familias que se adhieren a las normas religiosas y a las indicaciones de sus respectivas tradiciones religiosas.


-Nos comprometemos a involucrar a las otras religiones y a todas las personas de buena voluntad.

#Sínodo Amazónico - Santa Misa de clausura de la Asamblea Especial del Sínodo de los Obispos para la Región Panamazónica

CIUDAD DEL VATICANO (http://press.vatican.va - 27 de octubre de 2019).-  Hoy, XXX Domingo del Tiempo Ordinario, en la Basílica Vaticana, el Santo Padre FRANCISCO ha celebrado la Santa Misa con ocasión de la clausura de la Asamblea Especial del Sínodo de los Obispos para la Región Panamazónica (6-27 de octubre de 2019 dedicada al tema: "Amazonia: nuevos caminos para la Iglesia y para una ecología integral".


Texto de la homilía pronunciada por el Papa después de la proclamación del Evangelio:



CAPILLA PAPAL

HOMILÍA DEL SANTO PADRE FRANCISCO

Basílica Vaticana
XXX Domingo del Tiempo Ordinario, 27 de octubre de 2019


La Palabra de Dios nos ayuda hoy a rezar mediante tres personajes: en la parábola de Jesús rezan el fariseo y el publicano, en la primera lectura se habla de la oración del pobre.


1. La oración del fariseo comienza así: «Oh Dios, te agradezco». Es un buen inicio, porque la mejor oración es la de acción de gracias, es la de alabanza. Pero enseguida vemos el motivo de ese agradecimiento: «porque no soy como los demás hombres» (Lc 18,11). Y, además, explica el motivo: porque ayuna dos veces a la semana, cuando entonces la obligación era una vez al año; paga el diezmo de todo lo que tiene, cuando lo establecido era sólo en base a los productos más importantes (cf. Dt 14,22 ss.). En definitiva, presume porque cumple unos preceptos particulares de manera óptima. Pero olvida el más grande: amar a Dios y al prójimo (cf. Mt 22,36-40). Satisfecho de su propia seguridad, de su propia capacidad de observar los mandamientos, de los propios méritos y virtudes, sólo está centrado en sí mismo. El drama de este hombre es que no tiene amor. Pero, como dice san Pablo, incluso lo mejor, sin amor, no sirve de nada (cf. 1 Co 13). Y sin amor, ¿cuál es el resultado? Que al final, más que rezar, se elogia a sí mismo. De hecho, no le pide nada al Señor, porque no siente que tiene necesidad o que debe algo, sino que cree que se le debe a él. Está en el templo de Dios, pero practica otra religión, la religión del yo. Y tantos grupos “ilustrados”, “cristianos católicos”, van por este camino.


Y además de olvidar a Dios, olvida al prójimo, es más, lo desprecia. Es decir, para él no tiene un precio, no tiene un valor. Se considera mejor que los demás, a quienes llama, literalmente, “los demás, el resto” (“loipoi”, Lc 18,11). Son “el resto”, son los descartados de quienes hay que mantenerse a distancia. ¡Cuántas veces vemos que se cumple esta dinámica en la vida y en la historia! Cuántas veces quien está delante, como el fariseo respecto al publicano, levanta muros para aumentar las distancias, haciendo que los demás estén más descartados aún. O también considerándolos inferiores y de poco valor, desprecia sus tradiciones, borra su historia, ocupa sus territorios, usurpa sus bienes. ¡Cuánta presunta superioridad que, también hoy se convierte en opresión y explotación –lo hemos visto en el Sínodo cuando hablábamos de la explotación de la creación, de la gente, de los habitantes de la Amazonía, de la trata de personas, del comercio de las personas! Los errores del pasado no han bastado para dejar de expoliar y causar heridas a nuestros hermanos y a nuestra hermana tierra: lo hemos visto en el rostro desfigurado de la Amazonia. La religión del yo sigue, hipócrita con sus ritos y “oraciones” —tantos son católicos, se confiesan católicos, pero se han olvidado de ser cristianos y humanos—, olvidando que el verdadero culto a Dios pasa a través del amor al prójimo. También los cristianos que rezan y van a Misa el domingo están sujetos a esta religión del yo. Podemos mirarnos dentro y ver si también nosotros consideramos a alguien inferior, descartable, aunque sólo sea con palabras. Recemos para pedir la gracia de no considerarnos superiores, de creer que tenemos todo en orden, de no convertirnos en cínicos y burlones. Pidamos a Jesús que nos cure de hablar mal y lamentarnos de los demás, de despreciar a nadie: son cosas que no agradan a Dios. Y hoy providencialmente nos acompañan en esta Misa no solo los indígenas de la Amazonía: también los más pobres de las sociedades desarrolladas, los hermanos y hermanas enfermos de la Comunidad del Arca. Están con nosotros, en primera fila.


2. Pasamos a la otra oración. La oración del publicano, en cambio, nos ayuda a comprender qué es lo que agrada a Dios. Él no comienza por sus méritos, sino por sus faltas; ni por sus riquezas, sino por su pobreza. No se trata de una pobreza económica —los publicanos eran ricos e incluso ganaban injustamente, a costa de sus connacionales— sino que siente una pobreza de vida, porque en el pecado nunca se vive bien. Ese hombre que se aprovecha de los demás se reconoce pobre ante Dios y el Señor escucha su oración, hecha sólo de siete palabras, pero también de actitudes verdaderas. En efecto, mientras el fariseo está delante en pie (cf. v. 11), el publicano permanece a distancia y “no se atreve ni a levantar los ojos al cielo”, porque cree que el cielo existe y es grande, mientras que él se siente pequeño. Y “se golpea el pecho” (cf. v. 13), porque en el pecho está el corazón. Su oración nace precisamente del corazón, es transparente; pone delante de Dios el corazón, no las apariencias. Rezar es dejar que Dios nos mire por dentro –es Dios el que me mira cuando rezo–, sin fingimientos, sin excusas, sin justificaciones. Muchas veces nos hacen reír los arrepentimientos llenos de justificaciones. Más que un arrepentimiento parece una autocanonización. Porque del diablo vienen la opacidad y la falsedad –estas son las justificaciones–, de Dios la luz y la verdad, la trasparencia de mi corazón. Queridos Padres y Hermanos sinodales: Ha sido hermoso y les estoy muy agradecido, por haber dialogado durante estas semanas con el corazón, con sinceridad y franqueza, exponiendo ante Dios y los hermanos las dificultades y las esperanzas.


Hoy, mirando al publicano, descubrimos de nuevo de dónde tenemos que volver a partir: del sentirnos necesitados de salvación, todos. Es el primer paso de la religión de Dios, que es misericordia hacia quien se reconoce miserable. En cambio, la raíz de todo error espiritual, como enseñaban los monjes antiguos, es creerse justos. Considerarse justos es dejar a Dios, el único justo, fuera de casa. Es tan importante esta actitud de partida que Jesús nos lo muestra con una comparación paradójica, poniendo juntos en la parábola a la persona más piadosa y devota de aquel tiempo, el fariseo, y al pecador público por excelencia, el publicano. Y el juicio se invierte: el que es bueno pero presuntuoso fracasa; a quien es desastroso pero humilde Dios lo exalta. Si nos miramos por dentro con sinceridad, vemos en nosotros a los dos, al publicano y al fariseo. Somos un poco publicanos, por pecadores, y un poco fariseos, por presuntuosos, capaces de justificarnos a nosotros mismos, campeones en justificarnos deliberadamente. Con los demás, a menudo funciona, pero con Dios no. Con Dios el maquillaje no funciona. Recemos para pedir la gracia de sentirnos necesitados de misericordia, interiormente pobres. También para eso nos hace bien estar a menudo con los pobres, para recordarnos que somos pobres, para recordarnos que sólo en un clima de pobreza interior actúa la salvación de Dios.


3. Llegamos así a la oración del pobre, de la primera lectura. Esta, dice el Eclesiástico, «atraviesa las nubes» (35,17). Mientras la oración de quien presume ser justo se queda en la tierra, aplastada por la fuerza de gravedad del egoísmo, la del pobre sube directamente hacia Dios. El sentido de la fe del Pueblo de Dios ha visto en los pobres “los porteros del cielo”: ese sensus fidei que faltaba en la declaración [del fariseo]. Ellos son los que nos abrirán, o no, las puertas de la vida eterna; precisamente ellos que no se han considerado como dueños en esta vida, que no se han puesto a sí mismos antes que a los demás, que han puesto sólo en Dios su propia riqueza. Ellos son iconos vivos de la profecía cristiana.


En este Sínodo hemos tenido la gracia de escuchar las voces de los pobres y de reflexionar sobre la precariedad de sus vidas, amenazadas por modelos de desarrollo depredadores. Y, sin embargo, aun en esta situación, muchos nos han testimoniado que es posible mirar la realidad de otro modo, acogiéndola con las manos abiertas como un don, habitando la creación no como un medio para explotar sino como una casa que se debe proteger, confiando en Dios. Él es Padre y, dice también el Eclesiástico, «escucha la oración del oprimido» (v. 16). Y cuántas veces, también en la Iglesia, las voces de los pobres no se escuchan, e incluso son objeto de burlas o son silenciadas por incómodas. Recemos para pedir la gracia de saber escuchar el grito de los pobres: es el grito de esperanza de la Iglesia. El grito de los pobres es el grito de esperanza de la Iglesia. Haciendo nuestro su grito, también nuestra oración, estamos seguros, atravesará las nubes.
















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Las palabras del Papa en la oración del Ángelus

CIUDAD DEL VATICANO (http://press.vatican.va - 27 de octubre de 2019).-  El Papa FRANCISCO se ha asomado a mediodía a  la ventana de su estudio en el Palacio Apostólico Vaticano para rezar el ángelus con los fieles reunidos en la plaza de San Pedro para la habitual cita dominical.


Estas han sido las palabras del Santo Padre durante la oración mariana:


PAPA FRANCISCO

ÁNGELUS

Plaza de San Pedro
Domingo, 27 de octubre de 2019


Queridos hermanos y hermanas, ¡buenos días!


La misa celebrada esta mañana en San Pedro ha concluido la Asamblea Especial del Sínodo de los Obispos para la región Panamazónica. La primera lectura, del Libro del Eclesiástico, nos ha recordado el punto de partida de este camino: la plegaria del pobre, que «sube hasta las nubes», porque (el Señor) «la plegaria del agraviado escucha» (Eclesiástico 35,16.13). El grito de los pobres, junto con el de la tierra, llegó a nosotros desde el Amazonas. Pasadas estas tres semanas no podemos hacer como que no lo hemos oído. Las voces de los pobres, junto con las de muchos otros dentro y fuera de la Asamblea sinodal ―Pastores, jóvenes, científicos― nos presionan para no permanecer indiferentes. A menudo hemos escuchado la frase “más tarde es demasiado tarde”: esta frase no puede seguir siendo un eslogan.


¿Qué ha sido el Sínodo? Ha sido, como dice la palabra, un caminar juntos, reconfortados por el valor y las consolaciones que vienen del Señor. Hemos caminado mirándonos a los ojos y escuchándonos, con sinceridad, sin ocultar las dificultades, experimentando la belleza de seguir adelante juntos, al servicio de los demás. El Apóstol Pablo nos alienta en esto en la segunda lectura de hoy: en un momento dramático para él, sabiendo que está «a punto de ser derramado en libación ―es decir, ejecutado― y que el momento de su partida es inminente» (cf. 2Timoteo 4, 6), escribe en ese momento: «Pero el Señor me asistió y me dio fuerzas para que, por mi medio, se proclamara plenamente el mensaje y lo oyeran todos los gentiles» (v.17). Este es el último deseo de Pablo: no se trata de algo para sí mismo o para uno de los suyos, sino para el Evangelio, para que sea proclamado a todas las naciones. Esto es lo primero y lo que más importa. Cada uno de nosotros debe haberse preguntado muchas veces qué hacer de bueno por la propia vida; hoy es el momento, preguntémonos: “Yo, ¿qué puedo hacer de bueno por el Evangelio?”.


En el Sínodo nos hemos hecho esta pregunta, deseosos de abrir nuevos caminos para el anuncio del Evangelio. Sólo se proclama lo que se vive. Y para vivir de Jesús, para vivir del Evangelio, uno debe salir de sí mismo. Nos sentimos impulsados a salir al mar, a dejar las cómodas orillas de nuestros puertos seguros para adentrarnos en aguas profundas: no en las aguas pantanosas de las ideologías, sino en el mar abierto en el que el Espíritu nos invita a echar nuestras redes.


Para el camino que viene, invoquemos a la Virgen María, venerada y amada como Reina de la Amazonía. No ha sido proclamada reina por conquista, sino que se ha “inculturado”: con el humilde coraje de la madre se ha convertido en la protectora de sus hijos, en la defensora de los oprimidos. Siempre yendo a la cultura de los pueblos. No hay una cultura estándar, no hay una cultura pura, que purifique a los demás; está el Evangelio, puro, que se incultura. A ella, que en una pobre casa de Nazaret cuidaba de Jesús, le confiamos a los hijos más pobres y nuestra casa común.



Después del Ángelus


Queridos hermanos y hermanas:


Dirijo un pensamiento especial al querido pueblo libanés, en particular a los jóvenes, que en los últimos días han hecho oír su voz ante los desafíos y los problemas sociales, morales y económicos del país. Insto a todos a buscar las soluciones adecuadas en el camino del diálogo, y ruego a la Virgen María, Reina del Líbano, para que, con el apoyo de la comunidad internacional, ese país siga siendo un lugar de coexistencia pacífica y de respeto de la dignidad y la libertad de todas las personas, en beneficio de toda la región del Oriente Medio, que tanto sufre.


Saludo con afecto a todos vosotros, peregrinos de Italia y de varios países, especialmente de São Paulo, Brasil; y de Polonia, así como al grupo del “Centro Académico Romano Fundación”, de España.


Saludo a las Apóstoles del Sagrado Corazón, que conmemoran el centenario de su fundación; a la comunidad siro-malabar de la diócesis de Patti; y a los seminaristas de la diócesis de Reggio Emilia-Guastalla, que han asistido esta mañana a la Misa en la Basílica. Y también veo que están los confirmandos de Galzignano: ¡Os saludo a todos!


Este es el último domingo de octubre, el mes misionero, que este año ha tenido un carácter extraordinario, y es también el mes del Rosario. Renuevo mi invitación a rezar el Rosario por la misión de la Iglesia hoy, especialmente por los misioneros y las misioneras que encuentran las mayores dificultades. Al mismo tiempo seguimos rezando el Rosario por la paz. Evangelio y paz caminan de la mano.


Os deseo a todos feliz domingo. Por favor no os olvidéis de rezar por mí. ¡Buen almuerzo y hasta pronto!


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