Lahore, PAKISTÁN (Agencia Fides, 25/02/2020) - Tres hombres cristianos pakistaníes que estaban
trabajando en la construcción de una capilla en Sahiwal, en la
provincia paquistaní de Punjab, han sido heridos en un ataque perpetrado
por personas que querían detener el proyecto. Según la información de
la Agencia Fides, en los últimos días los musulmanes Muhammad Akram,
Muhammad Liaqat, Aslam y sus compañeros atacaron a los cristianos,
quienes habían expresado su intención de construir una pequeña capilla
en sus tierras en el pueblo donde viven, el "Chak 92 -9L ", en el
distrito de Sahiwal. El pueblo está formado por 150 casas, mientras que
la población cristiana total es de alrededor de 120 fieles. Gulzar
Masih, uno de los cristianos locales, dueño de una parcela de tierra
(con certificado legal de propiedad), tenía la intención de erigir un
edificio sencillo para ser utilizado como capilla para el culto de los
cristianos locales, que actualmente se ven obligados a viajar
varios kilómetros para ir a un iglesia. Muhammad Liaqat se opuso a la
construcción de la iglesia, impugnando la propiedad de esa tierra y
también la idea de tener una iglesia cristiana en el pueblo. Por todo
ello surgió una disputa que terminó con la llegada de la policía que
detuvo a las personas involucradas en la pelea: Gulzar y su hijo, Liaqat
y sus compañeros, todos puestos en libertad poco después.
El mismo día, Muhammad Liaqat con sus compinches, esta vez equipados con
armas de fuego y cuchillos, comenzaron a demoler el muro circundante
que los cristianos habían comenzado a construir, para después empezar
con la capilla. A la llegada de Gulzar Masih y otros fieles, que querían
evitar la demolición, los atacantes abrieron fuego hiriendo gravemente a
tres cristianos: Azeem, hijo de Gulzar, Sajjad y Razaq, todos
hospitalizados en el hospital civil de Sahiwal. La policía arrestó
nuevamente a algunos sospechosos, pero mientras tanto los agresores
también presentaron una denuncia contra los cristianos, alegando que
habían sido atacados.
Según la ONG CLAAS (Centre for Legal Aid, Assistance and Settlemen), que
brinda asistencia legal a los cristianos en el pueblo, es "una
violación patente del derecho al culto de los fieles y un abuso cometido
por otros ciudadanos musulmanes, que usan la violencia indiscriminada
contra las minorías religiosas”.
martes, 25 de febrero de 2020
Diálogo y fraternidad: el legado de la declaración de Abu Dhabi en Pakistán
Lahore, PAKISTÁN (Agencia Fides, 25/02/2020) - El diálogo sin prejuicios, la cultura del
encuentro, la relación fraterna con los demás, más allá de las
diferencias de cultura, religión o etnia, idioma o clase social y la
colaboración material y espiritual entre fieles cristianos y musulmanes:
esta es la preciosa herencia que deja a Pakistán el documento histórico
sobre la "Hermandad humana para la paz y la vida en el mundo" firmado
por el Papa Francisco y Ahmad Al-Tayyeb, Gran Imam de Al-Ahzar, el 4 de
febrero de 2019. Es lo que emerge de una reciente reunión, celebrada en
Lahore, con la intención de celebrar en la "tierra de los puros" el
primer aniversario de esa firma histórica, que en Pakistán ha generado
iniciativas de intercambio, diálogo y oración interreligiosa.
A la conmemoración, organizada por la Comisión Nacional para el Diálogo Interreligioso y el Ecumenismo, de la Conferencia Episcopal Católica de Pakistán, asistieron, entre otros líderes cristianos, el Arzobispo Sebastian Francis Shaw, Presidente de la Comisión, y el Arzobispo Christophe Zakhia El-Kassis, nuncio apostólico en Pakistán. Junto a ellos, Chaudhry Mohammad Sarwar, gobernador de la provincia de Punjab, Muhammad Abdul Khabir Azad, imán de la gran "Mezquita Real" de Lahore y muchos otros líderes musulmanes prominentes. Entre los participantes también estaban presentes miembros de la sociedad civil, representantes de escuelas, estudiantes de facultades universitarias y un buen número de fieles de diferentes religiones.
El propósito del evento era renovar el compromiso común para el diálogo y la fraternidad en Pakistán y expresar solidaridad con el Papa Francisco y Ahmad Al-Tayyeb por sus esfuerzos para promover la reconciliación, la cultura del diálogo, la paz, la libertad y justicia en el mundo.
El arzobispo Shaw dijo que "aceptarse y acogerse unos a otros es esencial para vivir juntos en paz y armonía", y recibió con satisfacción el hecho de que "muchas personas de diferentes religiones" se reuniesen "para conmemorar el primer aniversario de ese documento histórico". El Nuncio Apostólico Zakhia El-Kassis reafirmó la visión del Papa Francisco sobre la paz, la armonía y la convivencia en el mundo, recordando que "es necesario promover la cultura del diálogo como un camino para el respeto mutuo, la aceptación, la armonía, la justicia, la libertad y la igualdad”.
Chaudhry Mohammad Sarwar, gobernador de la provincia de Punjab, agradeció el compromiso de los cristianos y musulmanes en Pakistán en favor del diálogo y la convivencia, con miras al bien común del país, y dijo: “Todos estamos llamados a dar nuestra contribución para hacer de Pakistán un país mejor”. La paz, recordó, “no puede promoverse en una sociedad sin justicia", prometiendo que "el gobierno hará todo lo posible para promover la armonía religiosa".
Muhammad Abdul Khabir Azad y los otros líderes musulmanes también expresaron su opinión favorable sobre el documento de Abu Dhabi, confirmando su compromiso de "respeto mutuo, diálogo, derechos humanos y justicia, basados en la misericordia, para construir una sociedad próspera y pacífica en Pakistán".
Al final de la conmemoración, se plantó un olivo en el jardín del Palacio del Gobernador de Punjab en Lahore, ya que es símbolo de paz y prosperidad en la Santa Biblia y el Corán.
A la conmemoración, organizada por la Comisión Nacional para el Diálogo Interreligioso y el Ecumenismo, de la Conferencia Episcopal Católica de Pakistán, asistieron, entre otros líderes cristianos, el Arzobispo Sebastian Francis Shaw, Presidente de la Comisión, y el Arzobispo Christophe Zakhia El-Kassis, nuncio apostólico en Pakistán. Junto a ellos, Chaudhry Mohammad Sarwar, gobernador de la provincia de Punjab, Muhammad Abdul Khabir Azad, imán de la gran "Mezquita Real" de Lahore y muchos otros líderes musulmanes prominentes. Entre los participantes también estaban presentes miembros de la sociedad civil, representantes de escuelas, estudiantes de facultades universitarias y un buen número de fieles de diferentes religiones.
El propósito del evento era renovar el compromiso común para el diálogo y la fraternidad en Pakistán y expresar solidaridad con el Papa Francisco y Ahmad Al-Tayyeb por sus esfuerzos para promover la reconciliación, la cultura del diálogo, la paz, la libertad y justicia en el mundo.
El arzobispo Shaw dijo que "aceptarse y acogerse unos a otros es esencial para vivir juntos en paz y armonía", y recibió con satisfacción el hecho de que "muchas personas de diferentes religiones" se reuniesen "para conmemorar el primer aniversario de ese documento histórico". El Nuncio Apostólico Zakhia El-Kassis reafirmó la visión del Papa Francisco sobre la paz, la armonía y la convivencia en el mundo, recordando que "es necesario promover la cultura del diálogo como un camino para el respeto mutuo, la aceptación, la armonía, la justicia, la libertad y la igualdad”.
Chaudhry Mohammad Sarwar, gobernador de la provincia de Punjab, agradeció el compromiso de los cristianos y musulmanes en Pakistán en favor del diálogo y la convivencia, con miras al bien común del país, y dijo: “Todos estamos llamados a dar nuestra contribución para hacer de Pakistán un país mejor”. La paz, recordó, “no puede promoverse en una sociedad sin justicia", prometiendo que "el gobierno hará todo lo posible para promover la armonía religiosa".
Muhammad Abdul Khabir Azad y los otros líderes musulmanes también expresaron su opinión favorable sobre el documento de Abu Dhabi, confirmando su compromiso de "respeto mutuo, diálogo, derechos humanos y justicia, basados en la misericordia, para construir una sociedad próspera y pacífica en Pakistán".
Al final de la conmemoración, se plantó un olivo en el jardín del Palacio del Gobernador de Punjab en Lahore, ya que es símbolo de paz y prosperidad en la Santa Biblia y el Corán.
Acaparamiento de tierras; los obispos piden “un instrumento jurídico para regular las actividades de las sociedades transnacionales”
Abidjan, COSTA DE MARFIL (Agencia Fides, 25/02/2020) - “Denunciamos enérgicamente el acaparamiento de
tierras y la expropiación forzada de la tierra en todas sus formas. Las
consecuencias son incalculables: pérdida del patrimonio cultural y
ancestral, desplazamiento, desempleo, hambruna, éxodo, migración, etc.”
afirman los obispos del Comité Permanente de la Unión de Conferencias
Episcopales de África Occidental (Cerao/Recowa), en la declaración
publicada al final de su reunión celebrada a mediados de febrero en
Abidjan.
Dirigiéndose a los "Estados, empresas, multinacionales y todos los involucrados en el desastroso acaparamiento de tierras y la expropiación forzada de la tierra en África”, los obispos piden escuchar la palabra de Dios: “No abuses del pobre sólo porque es pobre, ni seas injusto con él en los tribunales” (Proverbios 22,22). Además del "fenómeno de acaparamiento de tierras por parte de las multinacionales con la complicidad de algunos actores locales", los obispos denuncian "la expropiación forzada de tierras de los granjeros por parte de pastores con fines de pastoreo" con la consiguiente "caza al hombre, desplazamiento forzado por aldeanos cuyas tierras de cultivo están destruidas. Y la pérdida de vidas".
“A pesar de lo que se puede decir sobre los beneficios económicos de la minería en África, cabe señalar que sus efectos nocivos son incalculables para el pueblo africano", dice el mensaje. Entre los efectos nocivos están: la degradación del medio ambiente, el desequilibrio del ecosistema, la pérdida de biodiversidad, la contaminación de ríos, mares, aguas subterráneas, etc.
Por lo tanto, los obispos de África occidental piden "la creación de un instrumento global legalmente vinculante para regular las actividades de las empresas transnacionales. Pedimos a nuestros respectivos gobiernos de África Occidental que trabajen colectivamente con otros países para lograr este instrumento de gobernanza global pacífica".
“Trabajemos juntos por un nuevo orden mundial que garantice a las diferentes comunidades de África occidental el derecho a un medio ambiente propicio para el desarrollo sostenible, respetuoso de la naturaleza y los recursos naturales. Siguiendo al Santo Padre, invitamos a los gobiernos de África Occidental a corregir los modelos de crecimiento que parecen incapaces de garantizar el respeto por el medio ambiente y los derechos de las comunidades”, concluye la declaración.
Dirigiéndose a los "Estados, empresas, multinacionales y todos los involucrados en el desastroso acaparamiento de tierras y la expropiación forzada de la tierra en África”, los obispos piden escuchar la palabra de Dios: “No abuses del pobre sólo porque es pobre, ni seas injusto con él en los tribunales” (Proverbios 22,22). Además del "fenómeno de acaparamiento de tierras por parte de las multinacionales con la complicidad de algunos actores locales", los obispos denuncian "la expropiación forzada de tierras de los granjeros por parte de pastores con fines de pastoreo" con la consiguiente "caza al hombre, desplazamiento forzado por aldeanos cuyas tierras de cultivo están destruidas. Y la pérdida de vidas".
“A pesar de lo que se puede decir sobre los beneficios económicos de la minería en África, cabe señalar que sus efectos nocivos son incalculables para el pueblo africano", dice el mensaje. Entre los efectos nocivos están: la degradación del medio ambiente, el desequilibrio del ecosistema, la pérdida de biodiversidad, la contaminación de ríos, mares, aguas subterráneas, etc.
Por lo tanto, los obispos de África occidental piden "la creación de un instrumento global legalmente vinculante para regular las actividades de las empresas transnacionales. Pedimos a nuestros respectivos gobiernos de África Occidental que trabajen colectivamente con otros países para lograr este instrumento de gobernanza global pacífica".
“Trabajemos juntos por un nuevo orden mundial que garantice a las diferentes comunidades de África occidental el derecho a un medio ambiente propicio para el desarrollo sostenible, respetuoso de la naturaleza y los recursos naturales. Siguiendo al Santo Padre, invitamos a los gobiernos de África Occidental a corregir los modelos de crecimiento que parecen incapaces de garantizar el respeto por el medio ambiente y los derechos de las comunidades”, concluye la declaración.
Desafíos de la democracia en África y oposiciones débiles
Sokodè, TOGO (Agencia Fides, 25/02/2020) - Según los resultados publicados por la Comisión
Électorale Nationale Indépendante (CENI), Faure Gnassingbé acaba de ser
reelegido Presidente de Togo para un cuarto mandato con casi el 72.36%
de los votos contra el 18.37% de su principal oponente Agbéyomé Messan
Kodjo, ex primer ministro y ex presidente de la Asamblea Nacional, y el
4.35% de Jean Pierre Fabre, presidente del principal partido de
oposición de Togo, la Alianza Nacional para el Cambio.
A pesar de las protestas de la oposición que denunciaron fraudes, el acceso a Internet estuvo limitado durante el día de la votación y muchos ciudadanos no pudieron votar. “Abordar el desafío de la democracia en África no solo debe ser una prerrogativa de los poderes existentes, sino también de la oposición. El caso reciente de Togo es un ejemplo perfecto de esto" dice el p. Donald Zagore, sacerdote de la Sociedad de Misiones Africanas, misionero en Togo. "Sin embargo – continúa -, en Togo, la oposición ha cometido serios errores por los cuales debe asumir la responsabilidad".
El misionero señala que la campaña electoral de la oposición se limitó solo a la zona sur y estuvo ausente del norte del país. "Antes la oposición era incapaz de hablar al unísono - continúa Zagore -, y había invitado a sus partidarios a no participar en el censo electoral que tuvo lugar del 1° al 25 de octubre de 2018. Al no participar en las elecciones legislativas del 20 de diciembre de 2018, no obtuvo un representante en el Parlamento. Además, durante la campaña electoral, el objetivo principal era la remoción del actual presidente en lugar de proponer un programa gubernamental sólido al pueblo togolés".
“La debilidad de las fuerzas de oposición sigue siendo un grave problema para la democracia en África: socava la política africana, que por lo general registra una gran falta de argumentos concretos, prefiriendo a menudo un lenguaje de violencia y rebeliones armadas para obtener el acceso al poder", concluye el misionero.
A pesar de las protestas de la oposición que denunciaron fraudes, el acceso a Internet estuvo limitado durante el día de la votación y muchos ciudadanos no pudieron votar. “Abordar el desafío de la democracia en África no solo debe ser una prerrogativa de los poderes existentes, sino también de la oposición. El caso reciente de Togo es un ejemplo perfecto de esto" dice el p. Donald Zagore, sacerdote de la Sociedad de Misiones Africanas, misionero en Togo. "Sin embargo – continúa -, en Togo, la oposición ha cometido serios errores por los cuales debe asumir la responsabilidad".
El misionero señala que la campaña electoral de la oposición se limitó solo a la zona sur y estuvo ausente del norte del país. "Antes la oposición era incapaz de hablar al unísono - continúa Zagore -, y había invitado a sus partidarios a no participar en el censo electoral que tuvo lugar del 1° al 25 de octubre de 2018. Al no participar en las elecciones legislativas del 20 de diciembre de 2018, no obtuvo un representante en el Parlamento. Además, durante la campaña electoral, el objetivo principal era la remoción del actual presidente en lugar de proponer un programa gubernamental sólido al pueblo togolés".
“La debilidad de las fuerzas de oposición sigue siendo un grave problema para la democracia en África: socava la política africana, que por lo general registra una gran falta de argumentos concretos, prefiriendo a menudo un lenguaje de violencia y rebeliones armadas para obtener el acceso al poder", concluye el misionero.
lunes, 24 de febrero de 2020
Mensaje del Papa FRANCISCO para la Cuaresma 2020
CIUDAD DEL VATICANO (http://press.vatican.va - 24 de febrero de 2020).- Texto del mensaje del Santo Padre FRANCISCO para la Cuaresma de 2020 cuyo título es: «En nombre de Cristo os pedimos que os reconciliéis con Dios» (2 Co 5,20)
Queridos hermanos y hermanas:
El Señor nos vuelve a conceder este año un tiempo propicio para prepararnos a celebrar con el corazón renovado el gran Misterio de la muerte y resurrección de Jesús, fundamento de la vida cristiana personal y comunitaria. Debemos volver continuamente a este Misterio, con la mente y con el corazón. De hecho, este Misterio no deja de crecer en nosotros en la medida en que nos dejamos involucrar por su dinamismo espiritual y lo abrazamos, respondiendo de modo libre y generoso.
1. El Misterio pascual, fundamento de la conversión
La alegría del cristiano brota de la escucha y de la aceptación de la Buena Noticia de la muerte y resurrección de Jesús: el kerygma. En este se resume el Misterio de un amor «tan real, tan verdadero, tan concreto, que nos ofrece una relación llena de diálogo sincero y fecundo» (Exhort. ap. Christus vivit, 117). Quien cree en este anuncio rechaza la mentira de pensar que somos nosotros quienes damos origen a nuestra vida, mientras que en realidad nace del amor de Dios Padre, de su voluntad de dar la vida en abundancia (cf. Jn 10,10). En cambio, si preferimos escuchar la voz persuasiva del «padre de la mentira» (cf. Jn 8,45) corremos el riesgo de hundirnos en el abismo del sinsentido, experimentando el infierno ya aquí en la tierra, como lamentablemente nos testimonian muchos hechos dramáticos de la experiencia humana personal y colectiva.
Por eso, en esta Cuaresma 2020 quisiera dirigir a todos y cada uno de los cristianos lo que ya escribí a los jóvenes en la Exhortación apostólica Christus vivit: «Mira los brazos abiertos de Cristo crucificado, déjate salvar una y otra vez. Y cuando te acerques a confesar tus pecados, cree firmemente en su misericordia que te libera de la culpa. Contempla su sangre derramada con tanto cariño y déjate purificar por ella. Así podrás renacer, una y otra vez» (n. 123). La Pascua de Jesús no es un acontecimiento del pasado: por el poder del Espíritu Santo es siempre actual y nos permite mirar y tocar con fe la carne de Cristo en tantas personas que sufren.
2. Urgencia de conversión
Es saludable contemplar más a fondo el Misterio pascual, por el que hemos recibido la misericordia de Dios. La experiencia de la misericordia, efectivamente, es posible sólo en un «cara a cara» con el Señor crucificado y resucitado «que me amó y se entregó por mí» (Ga 2,20). Un diálogo de corazón a corazón, de amigo a amigo. Por eso la oración es tan importante en el tiempo cuaresmal. Más que un deber, nos muestra la necesidad de corresponder al amor de Dios, que siempre nos precede y nos sostiene. De hecho, el cristiano reza con la conciencia de ser amado sin merecerlo. La oración puede asumir formas distintas, pero lo que verdaderamente cuenta a los ojos de Dios es que penetre dentro de nosotros, hasta llegar a tocar la dureza de nuestro corazón, para convertirlo cada vez más al Señor y a su voluntad.
Así pues, en este tiempo favorable, dejémonos guiar como Israel en el desierto (cf. Os 2,16), a fin de poder escuchar finalmente la voz de nuestro Esposo, para que resuene en nosotros con mayor profundidad y disponibilidad. Cuanto más nos dejemos fascinar por su Palabra, más lograremos experimentar su misericordia gratuita hacia nosotros. No dejemos pasar en vano este tiempo de gracia, con la ilusión presuntuosa de que somos nosotros los que decidimos el tiempo y el modo de nuestra conversión a Él.
3. La apasionada voluntad de Dios de dialogar con sus hijos
El hecho de que el Señor nos ofrezca una vez más un tiempo favorable para nuestra conversión nunca debemos darlo por supuesto. Esta nueva oportunidad debería suscitar en nosotros un sentido de reconocimiento y sacudir nuestra modorra. A pesar de la presencia —a veces dramática— del mal en nuestra vida, al igual que en la vida de la Iglesia y del mundo, este espacio que se nos ofrece para un cambio de rumbo manifiesta la voluntad tenaz de Dios de no interrumpir el diálogo de salvación con nosotros. En Jesús crucificado, a quien «Dios hizo pecado en favor nuestro» (2 Co 5,21), ha llegado esta voluntad hasta el punto de hacer recaer sobre su Hijo todos nuestros pecados, hasta “poner a Dios contra Dios”, como dijo el Papa Benedicto XVI (cf. Enc. Deus caritas est, 12). En efecto, Dios ama también a sus enemigos (cf. Mt 5,43-48).
El diálogo que Dios quiere entablar con todo hombre, mediante el Misterio pascual de su Hijo, no es como el que se atribuye a los atenienses, los cuales «no se ocupaban en otra cosa que en decir o en oír la última novedad» (Hch 17,21). Este tipo de charlatanería, dictado por una curiosidad vacía y superficial, caracteriza la mundanidad de todos los tiempos, y en nuestros días puede insinuarse también en un uso engañoso de los medios de comunicación.
4. Una riqueza para compartir, no para acumular sólo para sí mismo
Poner el Misterio pascual en el centro de la vida significa sentir compasión por las llagas de Cristo crucificado presentes en las numerosas víctimas inocentes de las guerras, de los abusos contra la vida tanto del no nacido como del anciano, de las múltiples formas de violencia, de los desastres medioambientales, de la distribución injusta de los bienes de la tierra, de la trata de personas en todas sus formas y de la sed desenfrenada de ganancias, que es una forma de idolatría.
Hoy sigue siendo importante recordar a los hombres y mujeres de buena voluntad que deben compartir sus bienes con los más necesitados mediante la limosna, como forma de participación personal en la construcción de un mundo más justo. Compartir con caridad hace al hombre más humano, mientras que acumular conlleva el riesgo de que se embrutezca, ya que se cierra en su propio egoísmo. Podemos y debemos ir incluso más allá, considerando las dimensiones estructurales de la economía. Por este motivo, en la Cuaresma de 2020, del 26 al 28 de marzo, he convocado en Asís a los jóvenes economistas, empresarios y change-makers, con el objetivo de contribuir a diseñar una economía más justa e inclusiva que la actual. Como ha repetido muchas veces el magisterio de la Iglesia, la política es una forma eminente de caridad (cf. Pío XI, Discurso a la FUCI, 18 diciembre 1927). También lo será el ocuparse de la economía con este mismo espíritu evangélico, que es el espíritu de las Bienaventuranzas.
Invoco la intercesión de la Bienaventurada Virgen María sobre la próxima Cuaresma, para que escuchemos el llamado a dejarnos reconciliar con Dios, fijemos la mirada del corazón en el Misterio pascual y nos convirtamos a un diálogo abierto y sincero con el Señor. De este modo podremos ser lo que Cristo dice de sus discípulos: sal de la tierra y luz del mundo (cf. Mt 5,13-14).
Roma, junto a San Juan de Letrán, 7 de octubre de 2019
Memoria de Nuestra Señora, la Virgen del Rosario
MENSAJE DEL SANTO PADRE FRANCISCO
PARA LA CUARESMA 2020
PARA LA CUARESMA 2020
«En nombre de Cristo os pedimos que os reconciliéis con Dios» (2 Co 5,20)
Queridos hermanos y hermanas:
El Señor nos vuelve a conceder este año un tiempo propicio para prepararnos a celebrar con el corazón renovado el gran Misterio de la muerte y resurrección de Jesús, fundamento de la vida cristiana personal y comunitaria. Debemos volver continuamente a este Misterio, con la mente y con el corazón. De hecho, este Misterio no deja de crecer en nosotros en la medida en que nos dejamos involucrar por su dinamismo espiritual y lo abrazamos, respondiendo de modo libre y generoso.
1. El Misterio pascual, fundamento de la conversión
La alegría del cristiano brota de la escucha y de la aceptación de la Buena Noticia de la muerte y resurrección de Jesús: el kerygma. En este se resume el Misterio de un amor «tan real, tan verdadero, tan concreto, que nos ofrece una relación llena de diálogo sincero y fecundo» (Exhort. ap. Christus vivit, 117). Quien cree en este anuncio rechaza la mentira de pensar que somos nosotros quienes damos origen a nuestra vida, mientras que en realidad nace del amor de Dios Padre, de su voluntad de dar la vida en abundancia (cf. Jn 10,10). En cambio, si preferimos escuchar la voz persuasiva del «padre de la mentira» (cf. Jn 8,45) corremos el riesgo de hundirnos en el abismo del sinsentido, experimentando el infierno ya aquí en la tierra, como lamentablemente nos testimonian muchos hechos dramáticos de la experiencia humana personal y colectiva.
Por eso, en esta Cuaresma 2020 quisiera dirigir a todos y cada uno de los cristianos lo que ya escribí a los jóvenes en la Exhortación apostólica Christus vivit: «Mira los brazos abiertos de Cristo crucificado, déjate salvar una y otra vez. Y cuando te acerques a confesar tus pecados, cree firmemente en su misericordia que te libera de la culpa. Contempla su sangre derramada con tanto cariño y déjate purificar por ella. Así podrás renacer, una y otra vez» (n. 123). La Pascua de Jesús no es un acontecimiento del pasado: por el poder del Espíritu Santo es siempre actual y nos permite mirar y tocar con fe la carne de Cristo en tantas personas que sufren.
2. Urgencia de conversión
Es saludable contemplar más a fondo el Misterio pascual, por el que hemos recibido la misericordia de Dios. La experiencia de la misericordia, efectivamente, es posible sólo en un «cara a cara» con el Señor crucificado y resucitado «que me amó y se entregó por mí» (Ga 2,20). Un diálogo de corazón a corazón, de amigo a amigo. Por eso la oración es tan importante en el tiempo cuaresmal. Más que un deber, nos muestra la necesidad de corresponder al amor de Dios, que siempre nos precede y nos sostiene. De hecho, el cristiano reza con la conciencia de ser amado sin merecerlo. La oración puede asumir formas distintas, pero lo que verdaderamente cuenta a los ojos de Dios es que penetre dentro de nosotros, hasta llegar a tocar la dureza de nuestro corazón, para convertirlo cada vez más al Señor y a su voluntad.
Así pues, en este tiempo favorable, dejémonos guiar como Israel en el desierto (cf. Os 2,16), a fin de poder escuchar finalmente la voz de nuestro Esposo, para que resuene en nosotros con mayor profundidad y disponibilidad. Cuanto más nos dejemos fascinar por su Palabra, más lograremos experimentar su misericordia gratuita hacia nosotros. No dejemos pasar en vano este tiempo de gracia, con la ilusión presuntuosa de que somos nosotros los que decidimos el tiempo y el modo de nuestra conversión a Él.
3. La apasionada voluntad de Dios de dialogar con sus hijos
El hecho de que el Señor nos ofrezca una vez más un tiempo favorable para nuestra conversión nunca debemos darlo por supuesto. Esta nueva oportunidad debería suscitar en nosotros un sentido de reconocimiento y sacudir nuestra modorra. A pesar de la presencia —a veces dramática— del mal en nuestra vida, al igual que en la vida de la Iglesia y del mundo, este espacio que se nos ofrece para un cambio de rumbo manifiesta la voluntad tenaz de Dios de no interrumpir el diálogo de salvación con nosotros. En Jesús crucificado, a quien «Dios hizo pecado en favor nuestro» (2 Co 5,21), ha llegado esta voluntad hasta el punto de hacer recaer sobre su Hijo todos nuestros pecados, hasta “poner a Dios contra Dios”, como dijo el Papa Benedicto XVI (cf. Enc. Deus caritas est, 12). En efecto, Dios ama también a sus enemigos (cf. Mt 5,43-48).
El diálogo que Dios quiere entablar con todo hombre, mediante el Misterio pascual de su Hijo, no es como el que se atribuye a los atenienses, los cuales «no se ocupaban en otra cosa que en decir o en oír la última novedad» (Hch 17,21). Este tipo de charlatanería, dictado por una curiosidad vacía y superficial, caracteriza la mundanidad de todos los tiempos, y en nuestros días puede insinuarse también en un uso engañoso de los medios de comunicación.
4. Una riqueza para compartir, no para acumular sólo para sí mismo
Poner el Misterio pascual en el centro de la vida significa sentir compasión por las llagas de Cristo crucificado presentes en las numerosas víctimas inocentes de las guerras, de los abusos contra la vida tanto del no nacido como del anciano, de las múltiples formas de violencia, de los desastres medioambientales, de la distribución injusta de los bienes de la tierra, de la trata de personas en todas sus formas y de la sed desenfrenada de ganancias, que es una forma de idolatría.
Hoy sigue siendo importante recordar a los hombres y mujeres de buena voluntad que deben compartir sus bienes con los más necesitados mediante la limosna, como forma de participación personal en la construcción de un mundo más justo. Compartir con caridad hace al hombre más humano, mientras que acumular conlleva el riesgo de que se embrutezca, ya que se cierra en su propio egoísmo. Podemos y debemos ir incluso más allá, considerando las dimensiones estructurales de la economía. Por este motivo, en la Cuaresma de 2020, del 26 al 28 de marzo, he convocado en Asís a los jóvenes economistas, empresarios y change-makers, con el objetivo de contribuir a diseñar una economía más justa e inclusiva que la actual. Como ha repetido muchas veces el magisterio de la Iglesia, la política es una forma eminente de caridad (cf. Pío XI, Discurso a la FUCI, 18 diciembre 1927). También lo será el ocuparse de la economía con este mismo espíritu evangélico, que es el espíritu de las Bienaventuranzas.
Invoco la intercesión de la Bienaventurada Virgen María sobre la próxima Cuaresma, para que escuchemos el llamado a dejarnos reconciliar con Dios, fijemos la mirada del corazón en el Misterio pascual y nos convirtamos a un diálogo abierto y sincero con el Señor. De este modo podremos ser lo que Cristo dice de sus discípulos: sal de la tierra y luz del mundo (cf. Mt 5,13-14).
Roma, junto a San Juan de Letrán, 7 de octubre de 2019
Memoria de Nuestra Señora, la Virgen del Rosario
FRANCISCO
© Copyright - Libreria Editrice Vaticana
Audiencia a los Miembros de la Asociación "Pro Petri Sede"
CIUDAD DEL VATICANO (http://press.vatican.va - 24 de febrero de 2020).- Esta mañana, en el Palacio Apostólico Vaticano, el Santo Padre
FRANCISCO ha recibido en Audiencia a los Miembros de la Asociación Pro Petri Sede reunidos en Roma para su tradicional peregrinación.
Texto del saludo que el Papa ha dirigido a los presentes durante la Audiencia:
Queridos hermanos y hermanas:
Me complace daros la bienvenida y encontraros, como miembros de la Asociación Pro Petri Sede, durante vuestra peregrinación a Roma. Como San Pedro, habéis sido guiados en vuestro camino por el amor a Cristo. Y recogiéndoos alrededor de la tumba de aquel que derramó su sangre por su Maestro y Salvador, hacéis un acto de fe que os permite renovaros espiritualmente.
Esta peregrinación os brinda también la oportunidad de aportar vuestra contribución financiera y espiritual a las obras sociales y caritativas relacionadas con mi misión pastoral y con las actividades de la Santa Sede. Siguiendo los pasos de vuestros predecesores, participáis en la acción misionera de la Iglesia que lucha por el desarrollo humano integral de cada persona. En efecto, la persona humana debe ser siempre defendida y protegida en su integridad y dignidad, cualquiera que sea su origen o condición social.
En la desenfrenada carrera por tener, por la carrera, los laureles, o el poder, los débiles y los pequeños son a veces ignorados y rechazados. De hecho, "en el afán de correr, de conquistarlo todo y rápidamente, el que se queda atrás molesta y se considera como descarte. ¡Cuántos ancianos, niños no nacidos, personas discapacitadas, pobres considerados inútiles!". (Homilía en la Misa de la Jornada Mundial de los Pobres, 17 de noviembre de 2019). Por eso la Iglesia, sosteniendo la opción preferencial por los pobres, confía en los hombres y mujeres de buena voluntad e imbuidos de Evangelio para llevar la paz y la alegría del Resucitado a cada persona necesitada. Mediante vuestra contribución caritativa a la vida de la Iglesia os convertís en la sal y la luz (cf. Mt 5,13-14) que dan a tantas personas el gusto por la vida.
Queridos amigos, os expreso mi gratitud por vuestra constante ayuda a mi responsabilidad como sucesor de San Pedro. Hoy en día nos enfrentamos a varios desafíos que afectan a la familia humana y a su casa común. En el centro de nuestras preocupaciones, está el grito de angustia de los pueblos que sufren, en particular, por las guerras, el desplazamiento de personas, la pobreza y la degradación del ecosistema. ¡Es urgente acabar con la explotación de los más pobres! ¡Es urgente que cesen las atrocidades en los países presa de guerras y conflictos que llevan a tantas personas al camino del exilio!
Me gustaría insistir en el cuidado de nuestra casa común, lanzando una vez más el llamamiento a una conversión ecológica. Vuestro testimonio de vida cristiana, que se manifiesta a través de la generosidad y la atención a los demás, nos invita hoy a todos a combatir el clima generalizado de individualismo, egoísmo e indiferencia, que amenaza tanto la paz entre las personas como el medio ambiente.
Os invito a permanecer firmes en vuestras convicciones y en vuestra fe, para ser una llama que lleva esperanza a los corazones de los hombres y las mujeres de hoy. Como San Pedro, salid al largo con valentía y compartid el gran amor que Cristo nos ha revelado.
Encomiendo a cada uno de vosotros, a vuestras familias, y a todos los miembros de vuestra asociación a la intercesión de la Virgen María, a San Pedro y a los santos de vuestros países. Os imparto de todo corazón la bendición apostólica. Y por favor no os olvidéis de rezar por mí. ¡Gracias!
Texto del saludo que el Papa ha dirigido a los presentes durante la Audiencia:
DISCURSO DEL SANTO PADRE FRANCISCO
A LOS MIEMBROS DE LA ASOCIACIÓN "PRO PETRI SEDE"
A LOS MIEMBROS DE LA ASOCIACIÓN "PRO PETRI SEDE"
Sala del Concistorio
Lunes, 24 de febrero de 2020
Lunes, 24 de febrero de 2020
Me complace daros la bienvenida y encontraros, como miembros de la Asociación Pro Petri Sede, durante vuestra peregrinación a Roma. Como San Pedro, habéis sido guiados en vuestro camino por el amor a Cristo. Y recogiéndoos alrededor de la tumba de aquel que derramó su sangre por su Maestro y Salvador, hacéis un acto de fe que os permite renovaros espiritualmente.
Esta peregrinación os brinda también la oportunidad de aportar vuestra contribución financiera y espiritual a las obras sociales y caritativas relacionadas con mi misión pastoral y con las actividades de la Santa Sede. Siguiendo los pasos de vuestros predecesores, participáis en la acción misionera de la Iglesia que lucha por el desarrollo humano integral de cada persona. En efecto, la persona humana debe ser siempre defendida y protegida en su integridad y dignidad, cualquiera que sea su origen o condición social.
En la desenfrenada carrera por tener, por la carrera, los laureles, o el poder, los débiles y los pequeños son a veces ignorados y rechazados. De hecho, "en el afán de correr, de conquistarlo todo y rápidamente, el que se queda atrás molesta y se considera como descarte. ¡Cuántos ancianos, niños no nacidos, personas discapacitadas, pobres considerados inútiles!". (Homilía en la Misa de la Jornada Mundial de los Pobres, 17 de noviembre de 2019). Por eso la Iglesia, sosteniendo la opción preferencial por los pobres, confía en los hombres y mujeres de buena voluntad e imbuidos de Evangelio para llevar la paz y la alegría del Resucitado a cada persona necesitada. Mediante vuestra contribución caritativa a la vida de la Iglesia os convertís en la sal y la luz (cf. Mt 5,13-14) que dan a tantas personas el gusto por la vida.
Queridos amigos, os expreso mi gratitud por vuestra constante ayuda a mi responsabilidad como sucesor de San Pedro. Hoy en día nos enfrentamos a varios desafíos que afectan a la familia humana y a su casa común. En el centro de nuestras preocupaciones, está el grito de angustia de los pueblos que sufren, en particular, por las guerras, el desplazamiento de personas, la pobreza y la degradación del ecosistema. ¡Es urgente acabar con la explotación de los más pobres! ¡Es urgente que cesen las atrocidades en los países presa de guerras y conflictos que llevan a tantas personas al camino del exilio!
Me gustaría insistir en el cuidado de nuestra casa común, lanzando una vez más el llamamiento a una conversión ecológica. Vuestro testimonio de vida cristiana, que se manifiesta a través de la generosidad y la atención a los demás, nos invita hoy a todos a combatir el clima generalizado de individualismo, egoísmo e indiferencia, que amenaza tanto la paz entre las personas como el medio ambiente.
Os invito a permanecer firmes en vuestras convicciones y en vuestra fe, para ser una llama que lleva esperanza a los corazones de los hombres y las mujeres de hoy. Como San Pedro, salid al largo con valentía y compartid el gran amor que Cristo nos ha revelado.
Encomiendo a cada uno de vosotros, a vuestras familias, y a todos los miembros de vuestra asociación a la intercesión de la Virgen María, a San Pedro y a los santos de vuestros países. Os imparto de todo corazón la bendición apostólica. Y por favor no os olvidéis de rezar por mí. ¡Gracias!
© Copyright - Libreria Editrice Vaticana
Conferencia de presentación del Mensaje del Papa para la Cuaresma
CIUDAD DEL VATICANO (http://press.vatican.va - 24 de febrero de 2020).- Esta mañana en el Aula Juan Pablo II de la Oficina de Prensa de la
Santa Sede, ha tenido lugar la conferencia de presentación del Mensaje
del Santo Padre FRANCISCO para la Cuaresma de 2020, titulado "" En nombre de Cristo os pedimos que os reconciliéis con Dios” (2 Co, 5-20).
Han intervenido S.E. el Cardenal Peter Kodwo Appiah Turkson, Prefecto del Dicasterio para el Servicio de Desarrollo Humano Integral, el Rev. Bruno Marie Duffé, Secretario del mismo dicasterio y la Dra. Mariella Enoc, Presidenta del Hospital Infantil Niño Jesús.
Intervención del Cardenal Peter Kodwo Appiah Turkson
El Mensaje del Papa para la Cuaresma del 2020 se titula: " En nombre de Cristo os pedimos que os reconciliéis con Dios” (2 Co5:20) y es una súplica (invitación) para superar el alejamiento de Dios con la conversión: un retorno a Dios. La "conversión", sola e incondicional, puede expresar el retorno de una persona a Dios, pero también puede significar el retorno de Dios a su pueblo, después de que la pecaminosidad del pueblo lo haya, por así decirlo, alejado. Este es el sentido de la oración del Salmo 80 de Ezequiel 10-11, (cf.43:4). Pero con la venida de Cristo para compartir la naturaleza de la persona humana hasta su más profundo y último detalle, a saber, la muerte y la sepultura, su resurrección y su ascensión a la gloria del cielo unen de tal manera a Dios con la humanidad que ya no se puede decir que Dios se haya separado de la persona humana. Ahora solamente la persona humana puede alejarse de Dios. Por lo tanto, la súplica de Pablo en el Mensaje de Cuaresma de ser “reconciliado con Dios", sólo puede significar ahora la conversión y el retorno de la persona humana a Dios.
Sobre el Mensaje de Cuaresma:
El Mensaje de Cuaresma del Papa FRANCISCO deja claro su punto de vista ya desde el primer párrafo. Es un llamamiento a:
a) prepararse para celebrar el Misterio de la muerte y resurrección de Jesús con corazones renovados
b) volver continuamente al misterio de la muerte y resurrección de Jesús con la mente y el corazón para que su poder espiritual crezca en nosotros.
c) responder libremente al poder espiritual de la muerte y resurrección de Jesús.
Para el Papa FRANCISCO, prepararse para celebrar la Pascua con corazones renovados, volver continuamente, después, con la mente y con el corazón al sentido de la Pascua para que crezca el poder espiritual dentro de nosotros, y responder libremente a la oferta de la Pascua de poder espiritual son pues, la conversión. Y están enraizados en la aceptación del amor de Dios que se revela en Cristo, y que invita a "una relación llena de diálogo sincero y fecundo con Dios y con otras personas (Christus vivit, 117).
Para el Papa FRANCISCO, la relación de apertura y diálogo fecundo con Dios tiene lugar en la oración: cuando contemplamos a Jesús crucificado y sentimos compasión por él, y junto con él, por las muchísimas personas y situaciones de sufrimiento en el mundo y encomendamos todo ello a la misericordia de Dios.
Pero otra relación de apertura y diálogo fecundo con la gente tiene también lugar cuando somos compasivos con las personas y les mostramos misericordia una y otra vez. El reconocimiento de nuestra propia necesidad del amor y de la misericordia de Dios (a essere misericordiati) debe disponernos a ser misericordiosos y compasivos con los demás, a tolerar las faltas y a estar dispuestos a perdonar. ¡Y esto es muy urgente!
Las estadísticas anuales de Italia en 2019, publicadas a principios de este año, muestran no sólo un lamentable descenso de la natalidad. También muestran, tristemente, que el 33% de las personas viven solas, en su mayoría por relaciones rotas y la consiguiente preferencia por la autonomía y la libertad.
Pero, el ser humano no es un ser individual. Él/Ella es una persona, un ser relacional. Él/Ella está creado para coexistir en relación con una familia, una comunidad, una sociedad, etc., como iguales en dignidad y para perseguir su bien común. Las relaciones y la dignidad son lo que nos distingue como seres humanos, y nadie más y nada más en el cielo o en la tierra está así constituido. Como personas, creadas con una dignidad inalienable, existimos en relación con los demás y, fuera de la relación, lo que desgraciadamente somos es menos que humanos. Esta característica de la persona, como ser relacional, subyace no sólo en el principio de solidaridad y de subsidiariedad. Más importante todavía, nos dispone a respetar la dignidad y los derechos de cada persona, y nos permite abrazar a los débiles, a los pobres, a los enfermos, a los desfigurados y a los desamparados: personas que suelen ser despreciadas y consideradas pobres en cuánto a relación se refiere.
El Mensaje del Papa para la Cuaresma nos recuerda la esclavitud del pecado bajo la que vivimos, y cómo el pecado deshumaniza nuestras vidas y relaciones. Permitirnos reconciliarnos con Dios y vivir bajo su mirada y en el poder espiritual de la muerte y resurrección de Cristo no son sólo piadosas prácticas religiosas piadosas: nos sanan, como seres humanos y sociales. Sanan nuestras relaciones, haciendo que nuestras vidas tengan sentido.
Intervención del Rev. Bruno Marie Duffé
El tiempo de Cuaresma es, para los cristianos, en su vida personal y en su vida comunitaria, el tiempo de la conversión: un tiempo de prueba y un tiempo de alegría renovada, un tiempo de muerte y un tiempo de vida nueva, la resurrección.
Recordamos el camino que está en el corazón de nuestra fe, desde la época de Abraham, el primero de los creyentes que partió hacia la Tierra Prometida, preparada por Dios para él y para sus descendientes.
Recordamos el paso del desierto que vivió el pueblo de la Alianza, guiado por Moisés, entre la esperanza y la desesperación, entre la rebelión y la confianza.
Recordamos todas las experiencias humanas que llevan a la gente desde el sufrimiento hasta el nuevo nacimiento: víctimas de un exilio que les lleva a cruzar mares y fronteras para escapar de la muerte...
Recordamos a Jesús, el Cristo, el Enviado, que vivió y asumió nuestras cruces humanas, desde el nacimiento en la indigencia del pesebre hasta la indigencia de la muerte en la cruz... Desde la muerte indigna hasta el resurgimiento, a la luz de la mañana de Pascua. Porque creemos que Dios ha levantado a su Hijo de la muerte. Y quiere liberar a cada hombre, a cada persona viva, de lo que lo encierra en su soledad, en su sufrimiento y en su muerte. Porque el amor de Dios no quiere el sufrimiento, la soledad, la tristeza y la muerte del hombre. Quiere que se convierta y que dirija su mirada hacia un horizonte de alegría y realización.
Este es el corazón de nuestra fe: lo que llamamos "el kerigma" de nuestra Tradición: una convicción que descansa en el misterio de un "Amor sin medida": un Amor que nunca se resuelve en situaciones de injusticia e indignidad, de esclavitud, en sus formas antiguas o actuales, de instrumentalización que reduce al ser vivo al estado de un objeto... El Dios que Jesús proclama, al ocuparse de los más pobres y de los que sufren, es un Padre que quiere ofrecer la vida a todos los seres en camino: "una vida en abundancia" (Cf. Evangelio según San Juan).
Durante este tiempo de Cuaresma de 2020, nuestro Santo Padre, el Papa FRANCISCO, llama con fuerza a cada cristiano a dirigir su mirada a Cristo crucificado y a reconocerlo, con los brazos abiertos, como un hermano que asume y libera a la humanidad de todos sus defectos, de todas sus desviaciones. Esta mirada hacia el crucificado es una llamada a redescubrir al Dios de la misericordia, de la paciencia, de la compasión y del perdón. Dios que recibe a su hijo como el Padre del hijo pródigo. Contemplar a Cristo en la cruz no conduce a la desesperación sino a la transformación interior por la que nos damos cuenta del deseo de Dios de venir a buscar a su hijo, incluso en la muerte. Porque si pasamos por la cruz, es para renacer, como Cristo, en una experiencia pascual: pasar de la noche y la muerte a la luz y a una vida nueva.
Hay "urgencia de convertirse". La expresión podría sorprender, en su carácter paradójico. Algunos dirán: se es creyente o no: la alternativa es simple. Muchos piensan así. Sin embargo, sabemos que cada uno está llamado a hacer la travesía, de una manera que sólo Dios sabe. Y que por lo tanto es importante no detener nunca el camino.
La conversión es un camino interior: el camino de la oración. Es una experiencia "cara a cara" y "corazón a corazón" que nos lleva a la verdad y al perdón. El perdón pedido, recibido y compartido. Un tiempo de gracia que nos libera de todas las ilusiones y nos hace pasar, con Cristo, del camino de la muerte al camino de la vida y la alegría compartida.
Porque la conversión y la experiencia de Pascua abren para nosotros un tiempo nuevo: una nueva era y un nuevo mundo. Por eso se nos llama, durante el tiempo de Cuaresma, a la oración, pero también al ayuno y a la limosna. La experiencia de la limitación y la sobriedad, la experiencia del pan compartido y la fraternidad, nos hacen redescubrir a Dios en el otro y al otro como parte de nosotros mismos.
La convocación del Papa FRANCISCO a una reflexión de los jóvenes para una nueva economía, en Asís, durante este mes de marzo, y luego, en mayo, a la búsqueda de una educación en la fraternidad, refleja esta urgencia de conversión y la actualidad de la experiencia pascual. Se trata de hacer juntos la travesía, manteniendo la mirada puesta en Cristo y en el perdón del Padre, inspirados por el Espíritu de las Bienaventuranzas y la actitud de servicio que María nos recuerda constantemente, la que reza al pie de la cruz y que sostiene a cada hombre en su camino hacia Jesús, el Viviente.
Intervención de la Dra. Mariella Enoc
La Cuaresma es "un tiempo favorable", una "nueva oportunidad", sugiere el Papa FRANCISCO en su mensaje. En este tiempo de gracia, estamos llamados a detenernos, a tratar de recomponer las fracturas entre la vida y la fe, a comprender cómo podemos llevar a cabo mejor nuestra misión, a hacer discernimiento.
Uno de los pasajes más intensos del mensaje de este año es la invitación a compartir la riqueza, en lugar de acumularla. Me siento profundamente conmovida por estas palabras, especialmente por mi servicio como Presidente del Hospital Infantil Niño Jesús. Hay dos riquezas por encima de todo:
- el saber, el conocimiento médico-científico.
- el saber hacer, la capacidad de cuidado y asistencia
A lo largo de los años el hospital ha crecido mucho, se ha convertido en uno de los mayores centros de tratamiento e investigación del mundo. La tensión constante hacia la excelencia no ha sido un mero objetivo de política empresarial, sino una tensión moral, una especie de imperativo ético: el deber de obediencia - nos recordaba el Santo Padre en la última audiencia - "a la autoridad moral de los niños enfermos y que sufren". Son ellos los que mandan. Son ellos los que dirigen nuestros trabajos, nuestros pensamientos, nuestras investigaciones, nuestras acciones.
Creo que la capacidad de responder eficazmente a los problemas de salud de los niños sea un signo de concreción evangélica que combina palabras y hechos. Tal vez no haya mayor pobreza que la de aquellos que se ven privados de salud por una enfermedad grave, una enfermedad crónica -que te acompaña toda la vida- o una enfermedad rara, cuyo nombre ni siquiera puedes descubrir. Cuando una familia viene con un niño, primero nos pide que lo curemos, y si no podemos curarlo, que lo cuidemos de la mejor manera posible. Esta concreción es nuestro primer deber moral. La capacidad de cuidar, alimentada por la investigación científica, es nuestra primera forma de caridad, nuestra principal riqueza a compartir.
La ciencia y las habilidades adquiridas en el campo clínico no son una propiedad privada que se debe guardar celosamente, sino un talento que se debe poner a disposición de los demás, en la lógica del Evangelio. De esta concientización han nacido a lo largo de los años las experiencias de cooperación internacional del Hospital, que hoy en día nos ven comprometidos en proyectos, sobre todo de formación en muchos países: de Siria a la República Centroafricana, de Jordania a Tanzania, de la India a Etiopía, de China a Camboya.
San Juan Pablo II hablaba de "La caridad del saber que construye la paz" (en 1983 durante un discurso en la Academia Pontificia de Ciencias). El intercambio de conocimientos es exactamente el principio que inspira todos nuestros proyectos de cooperación sanitaria internacional, la principal forma en que el Hospital del Niño Jesús cultiva su vocación de "Hospital de los Niños del Mundo", un signo concreto de la caridad de la Iglesia y del Papa. A través de la formación de los médicos y del cuidado de los niños en todo el mundo, obviamente dentro de los límites de nuestras posibilidades, hemos tratado de interpretar concretamente la "diplomacia de la misericordia" del Papa FRANCISCO.
Un modelo original y a la vez ejemplar de nuestro compromiso es la experiencia de Bangui, en la República Centroafricana donde el Santo Padre inauguró el Jubileo de la Misericordia en noviembre de 2015. En los tres años sucesivos construimos el centro para niños desnutridos y reestructuramos los departamentos; suministramos formación al personal médico y sanitario; recibimos en Roma a niños que necesitaban complejas intervenciones quirúrgicas que no podía realizarse en la capital de la República centroafricana.
En el último año, más de 100 niños de todo el mundo -no sólo de Bangui- han sido recibidos y tratados por el hospital de forma humanitaria, que se ha hecho cargo de los gastos gracias al apoyo de su Fundación y a la generosidad de muchos. Las peticiones de ayuda son muchas, es difícil decir que no a quien busca una esperanza.
Pero este tiempo de Cuaresma también nos pide también a nosotros que no demos por sentado lo que hacemos. Necesitamos volver al profundo significado de nuestras acciones. Para el Niño Jesús este período es, pues, una oportunidad de verificación. Para entender realmente si nuestras acciones de compartición siembran semillas de solidaridad, que desbaratan la ideología de la economía del descarte. Para discernir cómo encontrar cada día la medida correcta entre la sostenibilidad y la apertura al mundo.
Han intervenido S.E. el Cardenal Peter Kodwo Appiah Turkson, Prefecto del Dicasterio para el Servicio de Desarrollo Humano Integral, el Rev. Bruno Marie Duffé, Secretario del mismo dicasterio y la Dra. Mariella Enoc, Presidenta del Hospital Infantil Niño Jesús.
Intervención del Cardenal Peter Kodwo Appiah Turkson
El Mensaje del Papa para la Cuaresma del 2020 se titula: " En nombre de Cristo os pedimos que os reconciliéis con Dios” (2 Co5:20) y es una súplica (invitación) para superar el alejamiento de Dios con la conversión: un retorno a Dios. La "conversión", sola e incondicional, puede expresar el retorno de una persona a Dios, pero también puede significar el retorno de Dios a su pueblo, después de que la pecaminosidad del pueblo lo haya, por así decirlo, alejado. Este es el sentido de la oración del Salmo 80 de Ezequiel 10-11, (cf.43:4). Pero con la venida de Cristo para compartir la naturaleza de la persona humana hasta su más profundo y último detalle, a saber, la muerte y la sepultura, su resurrección y su ascensión a la gloria del cielo unen de tal manera a Dios con la humanidad que ya no se puede decir que Dios se haya separado de la persona humana. Ahora solamente la persona humana puede alejarse de Dios. Por lo tanto, la súplica de Pablo en el Mensaje de Cuaresma de ser “reconciliado con Dios", sólo puede significar ahora la conversión y el retorno de la persona humana a Dios.
Sobre el Mensaje de Cuaresma:
El Mensaje de Cuaresma del Papa FRANCISCO deja claro su punto de vista ya desde el primer párrafo. Es un llamamiento a:
a) prepararse para celebrar el Misterio de la muerte y resurrección de Jesús con corazones renovados
b) volver continuamente al misterio de la muerte y resurrección de Jesús con la mente y el corazón para que su poder espiritual crezca en nosotros.
c) responder libremente al poder espiritual de la muerte y resurrección de Jesús.
Para el Papa FRANCISCO, prepararse para celebrar la Pascua con corazones renovados, volver continuamente, después, con la mente y con el corazón al sentido de la Pascua para que crezca el poder espiritual dentro de nosotros, y responder libremente a la oferta de la Pascua de poder espiritual son pues, la conversión. Y están enraizados en la aceptación del amor de Dios que se revela en Cristo, y que invita a "una relación llena de diálogo sincero y fecundo con Dios y con otras personas (Christus vivit, 117).
Para el Papa FRANCISCO, la relación de apertura y diálogo fecundo con Dios tiene lugar en la oración: cuando contemplamos a Jesús crucificado y sentimos compasión por él, y junto con él, por las muchísimas personas y situaciones de sufrimiento en el mundo y encomendamos todo ello a la misericordia de Dios.
Pero otra relación de apertura y diálogo fecundo con la gente tiene también lugar cuando somos compasivos con las personas y les mostramos misericordia una y otra vez. El reconocimiento de nuestra propia necesidad del amor y de la misericordia de Dios (a essere misericordiati) debe disponernos a ser misericordiosos y compasivos con los demás, a tolerar las faltas y a estar dispuestos a perdonar. ¡Y esto es muy urgente!
Las estadísticas anuales de Italia en 2019, publicadas a principios de este año, muestran no sólo un lamentable descenso de la natalidad. También muestran, tristemente, que el 33% de las personas viven solas, en su mayoría por relaciones rotas y la consiguiente preferencia por la autonomía y la libertad.
Pero, el ser humano no es un ser individual. Él/Ella es una persona, un ser relacional. Él/Ella está creado para coexistir en relación con una familia, una comunidad, una sociedad, etc., como iguales en dignidad y para perseguir su bien común. Las relaciones y la dignidad son lo que nos distingue como seres humanos, y nadie más y nada más en el cielo o en la tierra está así constituido. Como personas, creadas con una dignidad inalienable, existimos en relación con los demás y, fuera de la relación, lo que desgraciadamente somos es menos que humanos. Esta característica de la persona, como ser relacional, subyace no sólo en el principio de solidaridad y de subsidiariedad. Más importante todavía, nos dispone a respetar la dignidad y los derechos de cada persona, y nos permite abrazar a los débiles, a los pobres, a los enfermos, a los desfigurados y a los desamparados: personas que suelen ser despreciadas y consideradas pobres en cuánto a relación se refiere.
El Mensaje del Papa para la Cuaresma nos recuerda la esclavitud del pecado bajo la que vivimos, y cómo el pecado deshumaniza nuestras vidas y relaciones. Permitirnos reconciliarnos con Dios y vivir bajo su mirada y en el poder espiritual de la muerte y resurrección de Cristo no son sólo piadosas prácticas religiosas piadosas: nos sanan, como seres humanos y sociales. Sanan nuestras relaciones, haciendo que nuestras vidas tengan sentido.
Intervención del Rev. Bruno Marie Duffé
El tiempo de Cuaresma es, para los cristianos, en su vida personal y en su vida comunitaria, el tiempo de la conversión: un tiempo de prueba y un tiempo de alegría renovada, un tiempo de muerte y un tiempo de vida nueva, la resurrección.
Recordamos el camino que está en el corazón de nuestra fe, desde la época de Abraham, el primero de los creyentes que partió hacia la Tierra Prometida, preparada por Dios para él y para sus descendientes.
Recordamos el paso del desierto que vivió el pueblo de la Alianza, guiado por Moisés, entre la esperanza y la desesperación, entre la rebelión y la confianza.
Recordamos todas las experiencias humanas que llevan a la gente desde el sufrimiento hasta el nuevo nacimiento: víctimas de un exilio que les lleva a cruzar mares y fronteras para escapar de la muerte...
Recordamos a Jesús, el Cristo, el Enviado, que vivió y asumió nuestras cruces humanas, desde el nacimiento en la indigencia del pesebre hasta la indigencia de la muerte en la cruz... Desde la muerte indigna hasta el resurgimiento, a la luz de la mañana de Pascua. Porque creemos que Dios ha levantado a su Hijo de la muerte. Y quiere liberar a cada hombre, a cada persona viva, de lo que lo encierra en su soledad, en su sufrimiento y en su muerte. Porque el amor de Dios no quiere el sufrimiento, la soledad, la tristeza y la muerte del hombre. Quiere que se convierta y que dirija su mirada hacia un horizonte de alegría y realización.
Este es el corazón de nuestra fe: lo que llamamos "el kerigma" de nuestra Tradición: una convicción que descansa en el misterio de un "Amor sin medida": un Amor que nunca se resuelve en situaciones de injusticia e indignidad, de esclavitud, en sus formas antiguas o actuales, de instrumentalización que reduce al ser vivo al estado de un objeto... El Dios que Jesús proclama, al ocuparse de los más pobres y de los que sufren, es un Padre que quiere ofrecer la vida a todos los seres en camino: "una vida en abundancia" (Cf. Evangelio según San Juan).
Durante este tiempo de Cuaresma de 2020, nuestro Santo Padre, el Papa FRANCISCO, llama con fuerza a cada cristiano a dirigir su mirada a Cristo crucificado y a reconocerlo, con los brazos abiertos, como un hermano que asume y libera a la humanidad de todos sus defectos, de todas sus desviaciones. Esta mirada hacia el crucificado es una llamada a redescubrir al Dios de la misericordia, de la paciencia, de la compasión y del perdón. Dios que recibe a su hijo como el Padre del hijo pródigo. Contemplar a Cristo en la cruz no conduce a la desesperación sino a la transformación interior por la que nos damos cuenta del deseo de Dios de venir a buscar a su hijo, incluso en la muerte. Porque si pasamos por la cruz, es para renacer, como Cristo, en una experiencia pascual: pasar de la noche y la muerte a la luz y a una vida nueva.
Hay "urgencia de convertirse". La expresión podría sorprender, en su carácter paradójico. Algunos dirán: se es creyente o no: la alternativa es simple. Muchos piensan así. Sin embargo, sabemos que cada uno está llamado a hacer la travesía, de una manera que sólo Dios sabe. Y que por lo tanto es importante no detener nunca el camino.
La conversión es un camino interior: el camino de la oración. Es una experiencia "cara a cara" y "corazón a corazón" que nos lleva a la verdad y al perdón. El perdón pedido, recibido y compartido. Un tiempo de gracia que nos libera de todas las ilusiones y nos hace pasar, con Cristo, del camino de la muerte al camino de la vida y la alegría compartida.
Porque la conversión y la experiencia de Pascua abren para nosotros un tiempo nuevo: una nueva era y un nuevo mundo. Por eso se nos llama, durante el tiempo de Cuaresma, a la oración, pero también al ayuno y a la limosna. La experiencia de la limitación y la sobriedad, la experiencia del pan compartido y la fraternidad, nos hacen redescubrir a Dios en el otro y al otro como parte de nosotros mismos.
La convocación del Papa FRANCISCO a una reflexión de los jóvenes para una nueva economía, en Asís, durante este mes de marzo, y luego, en mayo, a la búsqueda de una educación en la fraternidad, refleja esta urgencia de conversión y la actualidad de la experiencia pascual. Se trata de hacer juntos la travesía, manteniendo la mirada puesta en Cristo y en el perdón del Padre, inspirados por el Espíritu de las Bienaventuranzas y la actitud de servicio que María nos recuerda constantemente, la que reza al pie de la cruz y que sostiene a cada hombre en su camino hacia Jesús, el Viviente.
Intervención de la Dra. Mariella Enoc
La Cuaresma es "un tiempo favorable", una "nueva oportunidad", sugiere el Papa FRANCISCO en su mensaje. En este tiempo de gracia, estamos llamados a detenernos, a tratar de recomponer las fracturas entre la vida y la fe, a comprender cómo podemos llevar a cabo mejor nuestra misión, a hacer discernimiento.
Uno de los pasajes más intensos del mensaje de este año es la invitación a compartir la riqueza, en lugar de acumularla. Me siento profundamente conmovida por estas palabras, especialmente por mi servicio como Presidente del Hospital Infantil Niño Jesús. Hay dos riquezas por encima de todo:
- el saber, el conocimiento médico-científico.
- el saber hacer, la capacidad de cuidado y asistencia
A lo largo de los años el hospital ha crecido mucho, se ha convertido en uno de los mayores centros de tratamiento e investigación del mundo. La tensión constante hacia la excelencia no ha sido un mero objetivo de política empresarial, sino una tensión moral, una especie de imperativo ético: el deber de obediencia - nos recordaba el Santo Padre en la última audiencia - "a la autoridad moral de los niños enfermos y que sufren". Son ellos los que mandan. Son ellos los que dirigen nuestros trabajos, nuestros pensamientos, nuestras investigaciones, nuestras acciones.
Creo que la capacidad de responder eficazmente a los problemas de salud de los niños sea un signo de concreción evangélica que combina palabras y hechos. Tal vez no haya mayor pobreza que la de aquellos que se ven privados de salud por una enfermedad grave, una enfermedad crónica -que te acompaña toda la vida- o una enfermedad rara, cuyo nombre ni siquiera puedes descubrir. Cuando una familia viene con un niño, primero nos pide que lo curemos, y si no podemos curarlo, que lo cuidemos de la mejor manera posible. Esta concreción es nuestro primer deber moral. La capacidad de cuidar, alimentada por la investigación científica, es nuestra primera forma de caridad, nuestra principal riqueza a compartir.
La ciencia y las habilidades adquiridas en el campo clínico no son una propiedad privada que se debe guardar celosamente, sino un talento que se debe poner a disposición de los demás, en la lógica del Evangelio. De esta concientización han nacido a lo largo de los años las experiencias de cooperación internacional del Hospital, que hoy en día nos ven comprometidos en proyectos, sobre todo de formación en muchos países: de Siria a la República Centroafricana, de Jordania a Tanzania, de la India a Etiopía, de China a Camboya.
San Juan Pablo II hablaba de "La caridad del saber que construye la paz" (en 1983 durante un discurso en la Academia Pontificia de Ciencias). El intercambio de conocimientos es exactamente el principio que inspira todos nuestros proyectos de cooperación sanitaria internacional, la principal forma en que el Hospital del Niño Jesús cultiva su vocación de "Hospital de los Niños del Mundo", un signo concreto de la caridad de la Iglesia y del Papa. A través de la formación de los médicos y del cuidado de los niños en todo el mundo, obviamente dentro de los límites de nuestras posibilidades, hemos tratado de interpretar concretamente la "diplomacia de la misericordia" del Papa FRANCISCO.
Un modelo original y a la vez ejemplar de nuestro compromiso es la experiencia de Bangui, en la República Centroafricana donde el Santo Padre inauguró el Jubileo de la Misericordia en noviembre de 2015. En los tres años sucesivos construimos el centro para niños desnutridos y reestructuramos los departamentos; suministramos formación al personal médico y sanitario; recibimos en Roma a niños que necesitaban complejas intervenciones quirúrgicas que no podía realizarse en la capital de la República centroafricana.
En el último año, más de 100 niños de todo el mundo -no sólo de Bangui- han sido recibidos y tratados por el hospital de forma humanitaria, que se ha hecho cargo de los gastos gracias al apoyo de su Fundación y a la generosidad de muchos. Las peticiones de ayuda son muchas, es difícil decir que no a quien busca una esperanza.
Pero este tiempo de Cuaresma también nos pide también a nosotros que no demos por sentado lo que hacemos. Necesitamos volver al profundo significado de nuestras acciones. Para el Niño Jesús este período es, pues, una oportunidad de verificación. Para entender realmente si nuestras acciones de compartición siembran semillas de solidaridad, que desbaratan la ideología de la economía del descarte. Para discernir cómo encontrar cada día la medida correcta entre la sostenibilidad y la apertura al mundo.
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