jueves, 12 de septiembre de 2013

FRANCISCO: Discursos (Agosto 28, 21 y 13)

SALUDO DEL SANTO PADRE FRANCISCO
A UNA PEREGRINACIÓN DE JÓVENES
DE LA DIÓCESIS DE PIACENZA-BOBBIO


Basílica Vaticana - Altar de la Cátedra
 

Miércoles 28 de Agosto de 2013


¡Gracias por esta visita!


El obispo ha dicho que he hecho un gran gesto viniendo aquí. Pero lo he hecho por egoísmo. ¿Sabéis por qué? ¡Porque me gusta estar con vosotros! Y esto es un egoísmo.
¿Por qué me gusta estar con los jóvenes? Porque tenéis dentro de vuestro corazón una promesa de esperanza. Vosotros sois portadores de esperanza. Vosotros, es verdad, vivís en el presente, pero, mirando el futuro... vosotros sois artífices de futuro, artesanos de futuro. Además —y ésta es vuestra alegría— es algo bello ir hacia el futuro, con las ilusiones, con tantas cosas hermosas —y es también vuestra responsabilidad. Convertirse en artesanos del futuro. Cuando me dicen: «Pero, padre, que malos tiempos, estos... Mira, no hay nada qué hacer». ¿Cómo no se puede hacer nada? ¡Y explico que se puede hacer mucho! Pero cuando un joven me dice: «Qué malos tiempos estos, padre, no se puede hacer nada». 


¡Bah! Le mando al psiquiatra. Porque, es verdad, no se entiende. No se entiende a un joven, un chico, una chica, que no quieran hacer algo grande, apostar por ideales grandes, grandes para el futuro. Después harán lo que puedan, pero la apuesta es por las cosas grandes y bellas. Y vosotros sois artesanos del futuro. ¿Por qué? Porque dentro de vosotros tenéis tres deseos: el deseo de la belleza. A vosotros os gusta la belleza, y cuando hacéis música, hacéis teatro, hacéis pintura —cosas de belleza—, estáis buscando esa belleza, sois buscadores de belleza. Segundo: vosotros sois profetas de bondad. Os gusta la bondad, ser buenos. Y esta bondad es contagiosa, ayuda a todos los demás. Y también —tercero— vosotros tenéis sed de verdad: buscar la verdad. «Pero, padre, yo tengo la verdad». En cambio te equivocas, porque la verdad no se tiene, no la llevamos, se encuentra. Es un encuentro con la verdad, que es Dios, pero hay que buscarla. Y estos tres deseos que tenéis en el corazón debéis llevarlos adelante, al futuro, y construir el futuro con la belleza, con la bondad y con la verdad. ¿Habéis entendido? Este es el desafío: vuestro desafío. Pero si sois perezosos, si sois tristes —qué feo, un joven triste—, si estáis tristes... ¡bah! Esa belleza no será belleza, esa bondad no será bondad y esa verdad será algo... Pensad bien en esto: apostar por un gran ideal, el ideal de hacer un mundo de bondad, belleza y verdad. Esto podéis hacerlo, vosotros tenéis el poder de hacerlo. Si vosotros no lo hacéis, es por pereza. Esto quería deciros, esto deseaba deciros.


Quería deciros esto, y deciros: ánimo, id adelante, haced ruido. Donde están los jóvenes debe haber ruido. Después se ordenan las cosas, pero la ilusión de un joven es hacer ruido siempre. ¡Id adelante! En la vida habrá siempre personas que os harán propuestas para frenar, para bloquear vuestro camino. Por favor, id a contracorriente. Sed valientes, valientes: id a contracorriente. Me dicen: «No, pero, esto, ¡bah! Toma un poco de alcohol, toma un poco de droga». ¡No! Id a contracorriente respecto a esta civilización que nos está haciendo tanto daño. ¿Entendido, esto? Ir a contracorriente; y esto significa hacer ruido, ir adelante, pero con los valores de la belleza, de la bondad y de la verdad. Esto quería deciros. Quiero desearos a vosotros todo el bien, un buen trabajo, alegría en el corazón: ¡jóvenes alegres! Y por esto desearía daros la bendición. Pero antes, todos juntos, rogaremos a la Virgen, que es la Madre de la belleza, la Madre de la bondad y la Madre de la verdad, que nos dé esta gracia del valor, porque la Virgen era valiente, tenía valor, esta mujer. Era buena, buena, buena. Le pedimos a Ella, que está en el Cielo, que es nuestra Madre, que nos dé la gracia del valor para ir adelante y a contracorriente. Todos juntos, como estáis, así, rezamos un Ave Maria a la Virgen.


Tras recitar el Avemaría e impartir la bendición, el Pontífice concluyó.


Y os pido que recéis por mí, porque este trabajo es un trabajo «insalubre», no hace bien... ¡Rezad por mí!.

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DISCURSO DEL SANTO PADRE FRANCISCO
A UN GRUPO DE ESTUDIANTES Y PROFESORES DEL COLEGIO
JAPONÉS SEIBU GAKUEN BUNRI JUNIOR HIGH SCHOOL
DE SAITAMA


Patio de San Dámaso
 
Miércoles 21 de Agosto de 2013



¡Buenos días! Se ve que comprenden el italiano…


¡Un saludo! Para mí es un placer esta visita. Espero que este viaje sea para vosotros muy fructuoso, porque conocer a otras personas, otras culturas siempre nos hace mucho bien, nos hace crecer.


Y esto, ¿por qué? Porque si nosotros estamos aislados en nosotros mismos, tenemos sólo aquello que tenemos, no podemos crecer culturalmente; en cambio, si nosotros vamos a encontrar a otras personas, otras culturas, otros modos de pensar, otras religiones, salimos de nosotros mismos y comenzamos esa aventura tan bella que se llama «diálogo».


El diálogo es muy importante para la propia madurez, porque en la confrontación con otra persona, en la confrontación con las demás culturas, incluso en la confrontación con las demás religiones, uno crece: crece, madura.


Cierto, existe un peligro: si en el diálogo uno se cierra y se enfada, puede pelear; es el peligro de pelear, y esto no está bien porque nosotros dialogamos para encontrarnos, no para pelear.


Y, ¿cuál es la actitud más profunda que debemos tener para dialogar y no pelear? La mansedumbre, la capacidad de encontrar a las personas, de encontrar las culturas, con paz; la capacidad de hacer preguntas inteligentes: «¿Por qué tú piensas así? ¿Por qué esta cultura hace así?». Escuchar a los demás y luego hablar. Primero escuchar, luego hablar. Todo esto es mansedumbre. Y si tú no piensas como yo —pero sabes… yo pienso de otra manera, tú no me convences—, somos igualmente amigos, yo escuché como piensas tú y tú escuchaste como pienso yo.


Y, ¿sabéis una cosa, una cosa importante? Este diálogo es lo que construye la paz. No se puede tener paz sin diálogo. Todas las guerras, todas las luchas, todos los problemas que no se resuelven, con los cuales nos encontramos, se dan por falta de diálogo. Cuando existe un problema, diálogo: esto construye la paz. Y esto es lo que os deseo a vosotros en este viaje de diálogo: que sepáis dialogar; cómo piensa esta cultura, qué bello es esto, esto no me gusta, pero dialogando. Y así se crece. Os deseo esto y os deseo un buen viaje en Roma.


Os deseo lo mejor para vosotros, para vuestra escuela, para vuestras familias. Que Dios os bendiga a todos. Gracias.


Al final del encuentro, una muchacha, en nombre de todos, agradeció al Papa con estas palabras:


Estamos felices por haber tenido la posibilidad de encontrarnos con Usted y escuchar sus palabras; de ahora en adelante pondremos en práctica en nuestra vida lo que hemos escuchado. Quisiéramos agradecerle también por habernos concedido un poco de su valioso tiempo.

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DISCURSO DEL SANTO PADRE FRANCISCO
A LOS COMPONENTES DE LAS DELEGACIONES
DE LAS SELECCIONES NACIONALES DE FÚTBOL
DE ITALIA Y ARGENTINA


Palacio Apostólico Vaticano
Sala Clementina
 
Martes 13 de Agosto de 2013


Queridos amigos:


Os agradezco esta visita, con ocasión del partido amistoso entre los equipos nacionales de fútbol de Italia y Argentina. Será un poco difícil para mí alentar a uno, pero por suerte es un amistoso… y que sea verdaderamente así, ¡os lo recomiendo!


Agradezco a los dirigentes de la Federación italiana de fútbol y a los de la Federación argentina. Saludo a los atletas de los dos equipos nacionales.


Vosotros, queridos jugadores, sois muy populares: la gente os sigue mucho, no sólo cuando estáis en el campo sino también fuera. Esto es una responsabilidad social. Me explico: en el juego, cuando estáis en el campo, se encuentran la belleza, la gratuidad y el compañerismo. Si a un partido le falta esto pierde fuerza, incluso si el equipo gana. No hay sitio para el individualismo, sino que todo es coordinación para el equipo. Tal vez estas tres cosas: belleza, gratuidad y compañerismo se resumen en un término deportivo que nunca se debe abandonar: «aficionado», amateur. Es verdad que la organización nacional e internacional profesionaliza el deporte, y debe ser así, pero esta dimensión profesional nunca debe dejar de lado la vocación inicial de un deportista o de un equipo: ser amateur, «aficionado». Un deportista, incluso siendo profesional, cuando cultiva esta dimensión de «aficionado», hace bien a la sociedad, construye el bien común a partir de los valores de la gratuidad, del compañerismo y de la belleza.


Y esto os lleva a pensar que, antes de ser campeones, sois hombres, personas humanas, con vuestras fortalezas y vuestros defectos, con vuestro corazón y vuestras ideas, vuestras aspiraciones y vuestros problemas. Entonces, incluso si sois personalidades, seguís siendo hombres, en el deporte y en la vida. Hombres, portadores de humanidad.


A vosotros dirigentes, desearía dar un aliento para vuestro trabajo. El deporte es importante, pero debe ser auténtico deporte. El fútbol, como algunas otras disciplinas, se ha convertido en un gran «business». Trabajad para que no pierda el carácter deportivo. También vosotros promoved esta actitud de «aficionados» que, por otra parte, elimina definitivamente el peligro de la discriminación. Cuando los equipos van por este camino, el estadio se enriquece humanamente, desaparece la violencia y vuelven a verse a las familias en la tribunas.


Yo recuerdo que de chicos íbamos en familia al Gasómetro, íbamos en familia, papá, mamá y los chicos. Volvíamos felices a casa, por supuesto, ¡sobre todo durante la campaña del 46! A ver si alguno de ustedes se anima a hacer un gol como el de Pontoni, allí, ¿no? Saludo de modo especial a los directivos y deportistas argentinos. Gracias por esta visita, tan agradable para mí. Les pido que vivan el deporte como un don de Dios, una oportunidad para hacer fructificar sus talentos, pero también una responsabilidad. Queridos jugadores, quisiera recordarles especialmente, que con su modo de comportarse, tanto en el campo como fuera de él, en la vida, son un referente. El domingo pasado hablaba por teléfono con unos muchachos de un grupo, querían saludarme, charlé como media hora con ellos, y por supuesto el gran tema de esos muchachos era el partido de mañana. Iban enumerando a varios de ustedes, y decían: «No, este me gusta por esto, este por esto, este por esto». 


Ustedes son ejemplo, son referentes. El bien que ustedes hacen es impresionante. Con su conducta, con su juego, con sus valores hacen bien, la gente los mira, aprovechen para sembrar el bien. Aunque no se den cuenta, para tantas personas que los miran con admiración son un modelo, para bien o para mal. Sean conscientes de esto y den ejemplo de lealtad, respeto y altruismo. Ustedes también son artífices del entendimiento y de la paz social, artífices del entendimiento y de la paz social, que necesitamos tanto. Ustedes son referencia para tantos jóvenes y modelo de valores encarnados en la vida. Yo tengo confianza en todo el bien que podrán hacer entre la muchachada.


Queridos amigos, rezo por vosotros, para que podáis llevar adelante esta vocación tan noble del deporte. Pido al Señor que os bendiga y a la Virgen Madre que os proteja. Y, por favor, os pido que recéis por mí, para que también yo, en el «campo» en el que Dios me puso, pueda jugar un partido honrado y valiente para el bien de todos nosotros. Gracias.


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