jueves, 12 de septiembre de 2013

FRANCISCO: Mensajes del mes de Agosto 7 y 19 (2)

MENSAJE DEL SANTO PADRE FRANCISCO
AL PRESIDENTE DEL CONSEJO PONTIFICIO
PARA LA PROMOCIÓN DE LA UNIDAD DE LOS CRISTIANOS
CON OCASIÓN DEL XIII SIMPOSIO INTERCRISTIANO
[MILÁN, 28-30 DE AGOSTO DE 2013]
 


Al venerado hermano cardenal Kurt Koch 
Presidente del Consejo pontificio
para la promoción de la unidad de los cristianos



Con especial alegría recibí la noticia de la iniciativa de los Simposios intercristianos, organizados, cada dos años, por el Instituto Franciscano de espiritualidad de la Pontificia Universidad Antonianum y por el departamento de teología de la Facultad teológica ortodoxa de la Universidad Aristóteles de Salónica, con el fin de profundizar el conocimiento de las tradiciones teológicas y espirituales de Oriente y de Occidente y cultivar relaciones fraternas de amistad y estudio entre los miembros de las dos instituciones académicas.


Deseo, por lo tanto, dirigir mi cordial saludo a los organizadores, a los relatores y a todos los participantes en la XIII edición de la benemérita iniciativa, que este año se realiza en Milán, con la colaboración de la Universidad católica del Sacro Cuore, sobre el tema «La vida de los cristianos y el poder civil. Cuestiones históricas y perspectivas actuales en Oriente y Occidente». Tal argumento se inserta bien en el marco de las múltiples iniciativas con las que se quiere conmemorar el XVII centenario de la promulgación del Edicto constantiniano, iniciativas que en Milán tuvieron momentos de especial relieve, como la visita del Patriarca ecuménico Bartolomé i a la Iglesia ambrosiana y a la ciudad.


La histórica decisión, con la cual se decretó la libertad religiosa para los cristianos, abrió nuevos caminos a la difusión del Evangelio y contribuyó de forma determinante al nacimiento de la civilización europea. La memoria de ese acontecimiento ofrece la ocasión, para el presente Simposio, de reflexionar sobre la evolución de las modalidades con las cuales el mundo cristiano se relacionó con la sociedad civil y con la autoridad que la preside. Tales modalidades se desarrollaron a lo largo de la historia en contextos muy diversos, conociendo significativas diversificaciones en Oriente y Occidente. Al mismo tiempo, las mismas conservaron algunos rasgos fundamentales comunes, como la convicción de que el poder civil encuentra su límite ante la ley de Dios, la reivindicación del justo espacio de autonomía para la conciencia, la toma de conciencia de que la autoridad eclesiástica y el poder civil están llamados a colaborar por el bien integral de la comunidad humana.


Al desear que los trabajos del Simposio den frutos abundantes para el progreso de la investigación histórica y del conocimiento mutuo entre las diversas tradiciones, aseguro mi recuerdo en la oración y de corazón invoco la bendición apostólica sobre quienes han contribuido en la organización del Congreso y sobre todos los que en él participan.


Vaticano, 19 de Agosto de 2013


FRANCISCUS


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MENSAJE DEL SANTO PADRE FRANCISCO,
FIRMADO POR EL CARDENAL SECRETARIO DE ESTADO,
CON OCASIÓN DEL XXXIV MEETING PARA LA AMISTAD ENTRE LOS PUEBLOS
(RÍMINI, 18 - 24 DE AGOSTO DE 2013)


Excelencia Reverendísima:


Con alegría le transmito el saludo cordial del Santo Padre Francisco a Su Excelencia, a los organizadores y a todos los participantes del Meeting para la amistad entre los pueblos, que llega a su XXXIV edición. El tema elegido —«Una emergencia: el hombre»— intercepta la gran urgencia de evangelización de la que tantas veces ha hablado el Santo Padre, siguiendo a sus predecesores, y ha suscitado en él profundas consideraciones que a continuación le refiero.


El hombre es el camino de la Iglesia: así escribía el beato Juan Pablo II en su primera encíclica, Redemptor hominis (cf. n. 14). Esta verdad sigue siendo válida, también y sobre todo en nuestro tiempo, cuando la Iglesia, en un mundo cada vez más globalizado y virtual, en una sociedad cada vez más secularizada y privada de puntos de referencia estables, está llamada a redescubrir su propia misión, concentrándose en lo esencial, y buscando nuevos caminos de evangelización.


El hombre sigue siendo un misterio, irreductible a cualquier imagen que de él se forme en la sociedad y que el poder mundano trate de imponer. Misterio de libertad y de gracia, de pobreza y de grandeza. ¿Pero qué significa que el hombre es el «camino de la Iglesia»? Y sobre todo, ¿qué quiere decir para nosotros hoy recorrer este camino?


El hombre es camino de la Iglesia porque es el camino recorrido por Dios mismo. Desde los albores de la humanidad, después del pecado original, Dios se pone en busca del hombre. «¿Dónde estás?» —preguntó a Adán, que se escondía en el jardín (Gn 3, 9). Esta pregunta, que aparece al inicio del libro del Génesis y que no deja de resonar a lo largo de toda la Biblia y en cada momento de la historia que Dios, a lo largo de los milenios, ha construido con la humanidad, alcanza en la encarnación del Hijo su expresión más alta. Afirma san Agustín en su comentario al Evangelio de Juan: «Permaneciendo junto al Padre, [el Hijo] es verdad y vida; haciéndose hombre, se hizo camino» (i, 34, 9). Por tanto, es Jesucristo «el camino principal de la Iglesia», pero puesto que Él «es también el camino hacia cada hombre», el hombre se convierte en «el camino primero y fundamental de la Iglesia» (cf. Redemptor hominis, 13-14).


«Yo soy la puerta», afirma Jesús (Jn 10, 7): yo soy, por tanto, el portal de acceso a todos los hombres y a todas las cosas. Sin pasar a través de Cristo, sin concentrar en Él la mirada de nuestro corazón y de nuestra mente, no entenderemos nada del misterio del hombre. Y así, casi de forma inadvertida, nos veremos obligados a imitar del mundo nuestros criterios de juicio y de acción, y cada vez que nos acerquemos a nuestros hermanos en humanidad seremos como esos «ladrones y salteadores» de los que habla Jesús en el Evangelio (cf. Jn 10, 8). De hecho, también el mundo, a su modo, está interesado en el hombre. El poder económico, político, mediático, necesita del hombre para perpetuarse e inflarse a sí mismo. Y por eso a menudo trata de manipular a las masas, de inducir deseos, de eliminar lo más precioso que el hombre posee: la relación con Dios. El poder teme a los hombres que están en diálogo con Dios porque eso les hace libres y no asimilables.


Esta es, por lo tanto, la emergencia-hombre que el Meeting para la amistad entre los pueblos pone este año en el centro de su reflexión: la urgencia de restituir al hombre a sí mismo, a su más alta dignidad, a la unicidad y preciosidad de toda existencia humana desde su concepción hasta su término natural. Hay que volver a tomar en consideración la sacralidad del hombre y al mismo tiempo decir con fuerza que es sólo en la relación con Dios, es decir, en el descubrimiento y en la adhesión a la propia vocación, donde el hombre puede alcanzar su verdadera estatura. La Iglesia, a la que Cristo confió su Palabra y sus Sacramentos, custodia la mayor esperanza, la posibilidad más auténtica de realización para el hombre, en todas las latitudes y en todos los tiempos. ¡Qué gran responsabilidad tenemos! No guardemos para nosotros este precioso tesoro que todos, conscientemente o no, buscan. Salgamos con valentía al encuentro de los hombres y mujeres de nuestro tiempo, de los niños y los ancianos, de los «doctos» y la gente sin instrucción alguna, de los jóvenes y las familias. ¡Salgamos al encuentro de todos, sin esperar a que sean ellos los que nos busquen! Imitemos en esto a nuestro divino Maestro, que dejó su cielo para hacerse hombre y estar cerca de cada uno de nosotros. No sólo a las iglesias y a las parroquias, por tanto, sino a todos los ambientes, llevemos el perfume del amor de Cristo (cf. 2 Co 2, 15). A las escuelas, a las universidades, a los lugares de trabajo, a los hospitales, a las cárceles; pero también a las plazas, a las calles, a los centros deportivos y a los locales donde la gente se encuentra. ¡No seamos avaros al donar lo que nosotros mismos hemos recibido sin mérito alguno! No debemos tener miedo de anunciar a Cristo tanto en las ocasiones oportunas como en las inoportunas (cf. 2 Tm 4, 2), con respeto y con franqueza.


Esta es la tarea de la Iglesia, y esta es la tarea de todo cristiano: servir al hombre yendo a buscarlo hasta los rincones sociales y espirituales más escondidos. La condición de credibilidad de la Iglesia en esta misión suya de madre y maestra es la fidelidad a Cristo. La apertura hacia el mundo está acompañada, y en cierto sentido es posible, por la obediencia a la verdad, de la cual la Iglesia misma no puede disponer. «Una emergencia: el hombre» significa, pues, la emergencia de volver a Cristo, de aprender de Él la verdad sobre nosotros mismos y sobre el mundo, y con Él y en Él ir al encuentro de los hombres, especialmente de los más pobres, por quienes Jesús siempre mostró su predilección. Y la pobreza no es sólo la material. Existe una pobreza espiritual que aferra al hombre contemporáneo. Somos pobres de amor, sedientos de verdad y justicia, mendigos de Dios, como sabiamente el siervo de Dios monseñor Luigi Giussani siempre destacó. La mayor pobreza es la falta de Cristo, y mientras no llevemos a Jesús a los hombres siempre habremos hecho por ellos demasiado poco.


Excelencia, deseo que estos breves pensamientos puedan ser de ayuda para aquellos que participan en el Meeting. Su Santidad Francisco asegura a todos su cercanía en la oración y su afecto; y desea que los encuentros y las reflexiones de estos días enciendan en el corazón de todos los participantes un fuego que alimente y sostenga su testimonio del Evangelio en el mundo. Y de corazón le envía a Usted, a los responsables, a los organizadores de este evento, así como a todos los presentes, una especial bendición apostólica.


Uno también yo un cordial saludo y aprovecho la ocasión para confirmarme con sentido de distinguido respeto.


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VIDEOMENSAJE DEL SANTO PADRE FRANCISCO
 EN LA FIESTA DE SAN CAYETANO - ARGENTINA


Miércoles, 7 de Agosto de 2013
 


Buenas tardes!


Como todos los años, después de recorrer la fila, hablo con ustedes. Esta vez la fila la recorrí con el corazón. Estoy un poquito lejos y no puedo compartir con ustedes este momento tan lindo. Este momento en que ustedes están caminando hacia la imagen de San Cayetano. ¿Para qué? Para encontrarse con él, para encontrarse con Jesús. Pero hoy, el lema de esta peregrinación, lema elegido por ustedes, seleccionado entre tantas posibilidades, hoy el lema habla de otro encuentro, y dice: “Con Jesús y san Cayetano, vayamos al encuentro de los más necesitados”. Habla del encuentro de las personas que necesitan más, de aquellos que necesitan que les demos una mano, que los miremos con cariño, que compartamos su dolor o sus ansiedades, sus problemas. Pero lo importante no es mirarlos de lejos, o ayudarlos desde lejos. ¡No, no! Es ir al encuentro. ¡Eso es lo cristiano! Eso lo que nos enseña Jesús: Ir al encuentro de los más necesitados. Como Jesús que iba siempre al encuentro de la gente. Él iba a encontrarlos. Salir al encuentro de los más necesitados.


A veces yo le pregunto a alguna persona:


- ¿Usted da limosnas?


Me dicen: “Sí, padre”.


- Y cuando da limosnas, ¿mira a los ojos de la gente que le da las limosnas?


- “Ah, no sé, no me di cuenta”.


- “Entonces no lo encontró. Le tiró la limosna y se fue. Cuando usted da limosna, ¿toca la mano o le tira la moneda?”


- “No, le tiro la moneda” Y no lo tocaste, y si no lo tocaste, no te encontraste con él”.


Lo que Jesús nos enseña es primero a encontrarnos, y en el encuentro, ayudar. 


Necesitamos saber encontrarnos. Necesitamos edificar, crear, construir, una cultura del encuentro. Tantos desencuentros, líos en la familia, ¡siempre! Líos en el barrio, líos en el trabajo, líos en todos lados. Y los desencuentros no ayudan. La cultura del encuentro. Salir a encontrarnos. Y el lema dice, encontrarnos con los más necesitados, es decir, con aquellos que necesitan más que yo. Con aquellos que están pasando un mal momento, peor que el que estoy pasando yo. Siempre hay alguien que la pasa peor, ¿eh? ¡Siempre! Siempre hay alguien. Entonces yo pienso, estoy pasando un mal momento, vengo a la cola para encontrarme con San Cayetano y con Jesús, y después salgo a encontrarme con los demás, porque siempre hay alguien que la pasa peor. Con esos, es con quienes nos debemos encontrar. Gracias por escucharme, gracias por venir aquí hoy, gracias por todo lo que llevan en el corazón. ¡Jesús los quiere mucho! ¡San Cayetano los quiere mucho! Solamente les pide una cosa: ¡Que se encuentren! ¡Que vayan y busquen y encuentren al que más necesita! Pero solos no. ¡Con Jesús, con San Cayetano! ¿Voy a convencer a otro que se haga católico? ¡No, no, no! ¡Vas a encontrarlo, es tu hermano! ¡Eso basta! Y lo vas a ayudar, lo demás lo hace Jesús, lo hace el Espíritu Santo. Acordate bien: Con San Cayetano, los necesitados, vamos al encuentro de los más necesitados. Con Jesús, los necesitados, los que más necesitan, vamos al encuentro de los que más necesitan. Y ojalá Jesús te vaya marcando camino para encontrarte con quien necesita más. Tu corazón, cuando te encuentres con aquél que más necesita, ¡se va a empezar a agrandar, agrandar, agrandar! Porque el encuentro multiplica la capacidad del amor. El encuentro con otro, agranda el corazón. ¡Animate! “Sólo no se cómo hacer”. ¡No, no, no! ¡Con Jesús y con San Cayetano! Que Dios te bendiga y que termines bien el día de San Cayetano. Y por favor, no te olvides de rezar por mí. Gracias. 

                                                                

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