''No
podemos olvidar las graves consecuencias sociales del cambio climático
-afirmó el Papa en el discurso que les dirigió- son los más pobres los
que padecen las peores consecuencias. Por eso... la cuestión del clima
es una cuestión de justicia; y también de solidaridad, que no puede
separarse nunca de la justicia. La ciencia y tecnología ponen en
nuestras manos un poder sin precedentes: es nuestro deber hacia la
humanidad y en particular para las generaciones más pobres y futuras,
usarlo para el bien común".
''¿Conseguirá
nuestra generación ser recordada por haber asumido con generosidad sus
graves responsabilidades? - se preguntó - Aún en medio de las muchas
contradicciones de nuestro tiempo, tenemos razones suficientes para
nutrir la esperanza de ser capaces de lograrlo. Y debemos guiarnos por
esta esperanza. En el cumplimiento de esta tarea, desearía que cada uno
de vosotros sintiera el gusto de participar en acciones que transmiten
la vida. La alegría del Evangelio también habita aquí''.
"Todos
estamos llamados en primera persona a ser responsables y solidarios, a
defender nuestra dignidad como personas y ciudadanos del mundo ''en
virtud del papel que ocupamos en la familia, en el mundo del trabajo, de
la economía y la investigación, en la sociedad civil y las
instituciones'', pero sin sacar de la manga ''recetas improbables''
porque ninguno las tiene, sino más bien aportando al diálogo cuanto se
ha aprendido. ''A todos se nos pide una contribución para lograr un
resultado que sólo puede ser el fruto de un esfuerzo conjunto. El gran
enemigo, en este aspecto, es la hipocresía", subrayó el Pontífice.
Para
ello, ese diálogo necesita inspirarse en una visión ''tan transparente
como amplia, y proceder según un enfoque integral, pero también
participativo, incluyendo a todos los interesados, también a los que
fácilmente permanecen al margen de los procesos institucionales''.
FRANCISCO dirigió en este sentido una apremiante invitación a hacer todo
lo posible ''para que en las mesas en las que se busca resolver la
única y compleja crisis socio-ambiental puedan hacer oir su voz los más
pobres entre los países y entre los seres humanos: También este es un
deber de justicia ambiental. Frente a la emergencia del cambio climático
y con la vista puesta en los acontecimientos cruciales de los próximos
meses - la aprobación de los Objetivos de Desarrollo Sostenible de las
Naciones Unidas a finales de este mes y, especialmente, la COP 21 en
París al principio de diciembre -, propongo que este diálogo se
convierte en una verdadera alianza para llegar a acuerdos ambientales
globales realmente significativos y eficaces''.
''En
este camino -finalizó- contáis con mi apoyo personal y el de toda la
Iglesia, empezando por el de la oración, indispensable. Desde ahora
ofrezco al Señor nuestro esfuerzo común, pidiéndole que lo bendiga, para
que la humanidad escuche por fin el grito de la tierra -hoy nuestra
madre tierra está entre los tantos excluidos que claman ayuda al Cielo.
Nuestra madre tierra es una excluída.- de nuestra madre y hermana, y de
los más pobres entre los que lo habitan, y la cuidan. De esta manera, la
creación se acercará cada vez más a la casa común que el único Padre
imaginó como un don para la familia universal de sus criaturas''.