Reproducimos a continuación amplios fragmentos del discurso que el Pontífice entregó a los participantes en el Capítulo general, a los que también se dirigió improvisando unas palabras.
''Testigos'',
-escribe el Santo Padre comentando el título del encuentro- porque la
alegría no se puede comunicar si no está presente y profundamente
enraizada tanto en la propia vida como en la de la comunidad.
''Mensajeros'', porque lo bueno hay que compartirlo y al compartirla la
alegría se purifica y se multiplica, haciéndose verdaderamente
''evangélica''.
''¿Cómo
han encontrado la Congregación en el análisis capitular? En este
ejercicio de discernimiento, ¿Cómo les ha interpelado la voz del
Espíritu?'' se pregunta FRANCISCO añadiendo que un camino muy seguro
para discernir sus llamadas ''es situarse a la escucha en las diferentes
periferias de nuestro mundo. En ellas su voz resuena con mayor
claridad. Esto es todavía más importante para una Congregación misionera
como la de ustedes''.
Después
recuerda que con motivo del Año de la Vida Consagrada, que se está
celebrando, había enviado una carta a todos los consagrados y
consagradas invitándoles a mirar al pasado con gratitud, vivir el
presente con pasión y abrazar el futuro con esperanza y explica a los
Claretianos cómo debían responder a esa invitación.
''Hacer
''memoria agradecida del pasado'' -señala- es dar gracias a Dios por el
testimonio de muchos de sus hermanos que, sostenidos por su fe,
vivieron con profundo gozo su vocación - algunos de ellos hasta el
martirio -. Es también, reconocer la misericordiosa mano del Señor que a
pesar de nuestra debilidad y nuestra inconstancia sigue obrando
maravillas en medio de su Pueblo. ''Vivir el presente con pasión'' es
fundamentar su programa misionero en el espíritu de san Antonio María
Claret que puso como lema en su escudo episcopal el Caritas Christi
urget nos. Amar como amó Jesús debe interpelar cada una de nuestras
opciones vitales y pastorales.''Abrazar el futuro con esperanza'',
significa no dejarse arrastrar por el desánimo. No tener miedo. Es el
Señor quien envía. Pongan siempre los ojos en quienes esperan el
anuncio, en quienes necesitan de Su testimonio para sentir la presencia
misericordiosa de Dios en sus vidas''.
El
Obispo de Roma da las gracias a los miembros de la congregación por su
vida y su trabajo misionero, pidiéndoles también que llevasen su saludo a
todos y cada uno de sus hermanos ''en particular a quienes, por la
enfermedad o por la edad avanzada, colaboran ahora con su oración y su
testimonio a la misión congregacional''.
''San
Antonio María Claret, como fundador, les dio un bello título: ''Hijos
del Corazón de María'' -concluye el Pontífice- Dejen que todas las
dimensiones de sus vidas estén profundamente marcadas por esta
''cordialidad'', que inspiró a María el hermoso canto del Magnificat; y
expresen la maternidad de la Iglesia, madre misericordiosa, que nunca se
cansa de esperar, acompañar y perdonar''.