CIUDAD DEL VATICANO, 7 de noviembre de 2015
(VIS).- El derecho al descanso, a la pensión de jubilación, a la
asistencia a la maternidad, entre otros derechos vinculados con el
ejercicio del trabajo, ''basados en la misma naturaleza de la persona y
su dignidad trascendental'', han sido los temas claves del discurso que
el Papa FRANCISCO ha dirigido esta mañana en la Plaza de San Pedro a
23.000 personas, miembros del Instituto Nacional de Previsión Social
Italiano (INPS).
El
Papa hizo hincapié en lo que definió la custodia del derecho al
descanso. ''No me refiero -dijo- sólo a ese descanso que es apoyado y
legitimado por una amplia gama de prestaciones sociales -del día de
descanso semanal a las vacaciones, a las que todo trabajador tiene
derecho - sino también y sobre todo a una dimensión del ser humano que
no carece de raíces espirituales''.
Dios,
que llamó al hombre al reposo, descansó también el séptimo día. De ahí
que, en lenguaje de la fe -como recordó FRANCISCO- el descanso tenga al
mismo tiempo una dimesión humana y divina, pero ''con una prerrogativa
única: la de no ser una mera abstención del esfuerzo y la fatiga diaria,
sino una oportunidad para vivir plenamente nuestra condición de
criaturas que Dios mismo elevó a la dignidad filial. La exigencia de
"santificar" el reposo se une, por tanto, a la- revivida semanalmente el
domingo -de un tiempo para ocuparse de la vida familiar, cultural,
social y religiosa''.
El
Pontífice se refirió después a las complejas situaciones del mundo del
trabajo en nuestros días, desde el paro a la precariedad de garantías
para los empleados. ''Y si se vive así ¿cómo se puede descansar? -dijo-
El descanso es el derecho que todos tenemos cuanto trabajamos; pero si
la situación de desempleo, de injusticia social, de trabajo clandestino,
de precariedad es tan fuerte ¿Cómo se puede descansar?... Es
vergonzoso... Hay gente que dice: ¿Quieres trabajar?... Muy bien.
Empiezas en septiembre hasta julio y, luego, en julio, agosto y parte de
septiembre no comes, no descansas... Esto es lo que pasa hoy. Y pasa en
todo el mundo, aquí también. Descanso porque hay trabajo. Si no, no se
puede descansar''.
Después,
el Papa señaló que hasta hace poco era normal asociar la jubilación con
la llamada tercera edad, en la que estaba previsto gozar de un merecido
descanso y ofrecer sabiduría y consejo a las generaciones más jóvenes.
Sin embargo ''nuestra época ha alterado significativamente estos ritmos.
Por un lado, la eventualidad del descanso se ha anticipado, a veces se
ha diluido en el tiempo, a veces es renegociada hasta extremos
aberrantes, como el que llega a desnaturalizar la hipótesis misma de un
cese del trabajo. Por otra parte, nunca cesan las necesidades de
atención, tanto para los que han perdido el trabajo o no lo han tenido
nunca o para aquellos que se ven obligados a interrumpirlo por varias
razones... Uno interrumpe el trabajo y se queda sin asistencia
sanitaria''.
En
ese sentido la tarea de institutos como el INPS es contribuir a que no
falten las subvenciones indispensables para la subsistencia de los
trabajadores en paro y de sus familias. ''Que no falte en vuestras
prioridades la atención privilegiada al trabajo de las mujeres, además
de la asistencia a la maternidad que siempre debe proteger la vida que
nace y a quien la sirve diariamente -recalcó -. Que nunca falte la
seguridad para la vejez, la enfermedad, las lesiones relacionadas con el
trabajo. Que no falte el derecho, y subrayo el derecho porque de esto
se trata, a la jubilación''.
''A
fin de cuentas, trabajar significa prolongar la obra de Dios en la
historia contribuyendo a ella de manera personal, útil y creativa.
Apoyando el trabajo – dijo a los miembros del INPS- apoyáis esa obra .
Además, garantizando una subsistencia digna a los que tienen que dejar
el trabajo, afirmáis la realidad más profunda: el trabajo, de hecho, no
puede ser un mero engranaje en el mecanismo perverso que muele recursos
para obtener más y más ganancias. Por lo tanto no puede prolongarse o
reducirse en función de la ganancia de unos pocos y de formas
productivas que sacrifican valores, relaciones y principios. Esto se
aplica a la economía en general... e igualmente a todas las instituciones
sociales, cuyo principio, sujeto y fin es y debe ser la persona
humana''.
''No
olvidar a la persona: este el imperativo. Amar y servir a la persona
con conciencia, responsabilidad y disponibilidad. Trabajar para los que
trabajan, sin dejar de lado a aquellos a los que gustaría trabajar, pero
no pueden. Y hacerlo no como una obra de solidaridad, sino como un
deber de justicia y de subsidiariedad. Sostener a los más débiles, para
que a nadie le falte la dignidad y la libertad de vivir una vida
verdaderamente humana''.