''La
publicación de dos libros que tratan de las instituciones y las
actividades económicas y financieras del Vaticano es objeto de
curiosidad y de muchos comentarios. Hacemos algunas observaciones.
Como
es sabido, buena parte de lo que se ha publicado es el resultado de una
divulgación de noticias y documentos, de por sí reservados y por lo
tanto ilegal, que por ese motivo, es perseguida penalmente según la
decisión de las autoridades competentes del Vaticano. Pero en este
momento, no este nuestro argumento, dado que ya es objeto de tanta
atención.
Lo
que ahora nos interesa es más bien reflexionar sobre el contenido de lo
divulgado. Se puede decir que por la mayor parte se trata de
información ya conocida, aunque a menudo con menos amplitud y detalle,
pero sobre todo hay que señalar que la documentación publicada está
relacionada en gran parte con la notable recopilación de datos e
informaciones puesta en marcha por el Santo Padre en persona para llevar
a cabo un análisis y una reflexión acerca de la reforma y la mejora de
la situación administrativa del Vaticano y la Santa Sede.
La
COSEA (Comisión Referente de Estudio y Guía sobre la Organización de
las Estructuras Económico-administrativas de la Santa Sede) de cuyo
archivo procede gran parte de la información publicada, fue instituida
por el Papa el 18 de julio 2013 para ese fin y disuelta tras el
cumplimiento de su encargo.
Por
lo tanto, no se trata, en su origen de informaciones obtenidas contra
la voluntad del Papa o de los responsables de las distintas instituciones
sino, en general, de información obtenida o suministrada con la
colaboración de esas mismas instituciones, con el fin de cooperar en un
objetivo positivo y común.
Naturalmente,
una gran cantidad de información de esta naturaleza debe ser estudiada,
entendida e interpretada con cuidado, equilibrio y atención. A menudo,
partiendo de los mismos datos, son posibles lecturas diferentes.
Un
ejemplo es la situación de la Caja de Pensiones, que ha merecido, en
tiempos sucesivos, diversas evaluaciones, desde las que hablan con
preocupación de un gran "agujero", a las que proporcionan una lectura
tranquilizadora (como resultaba de los Comunicados oficiales publicados
con autoridad a través de la Oficina de Prensa de la Santa Sede).
Como
es obvio también nos encontramos con la cuestión de los fines y el uso
de los bienes que pertenecen a la Santa Sede. Bienes que, analizados en
conjunto, parecen ingentes, cuando en realidad tienen el fin de sostener
a lo largo del tiempo amplísimas actividades de servicio cuya gestión
corre a cargo de la Santa Sede o instituciones con ella relacionadas,
tanto en Roma como en las diversas partes del mundo.
El
origen de la propiedad de estos bienes es diverso y desde hace tiempo
están también disponibles varias herramientas para conocer su historia y
su evolución (por ejemplo, estaría bien informarse acerca de los
acuerdos económicos entre Italia y la Santa Sede en el marco de los
Pactos Lateranenses y de la labor de establecimiento de una
administración eficaz, desarrollada por Pío XI con la ayuda de óptimos y
expertos colaboradores; una labor reconocida comúnmente como acertada y
con visión de futuro, incluso en los aspectos sobre las inversiones en
el extranjero y no sólo en Roma o en Italia).
Con
respecto al Óbolo de San Pedro, es necesario tener en cuenta que sus
usos son diferentes, dependiendo también de las situaciones, a juicio
del Santo Padre, a las que se da la ofrenda, con la confianza de los
fieles que sostienen su ministerio. Las obras de caridad del Papa para
los pobres son indudablemente una de los más importantes, pero desde
luego los fieles no tienen la intención de excluir que el Papa pueda
evaluar por sí mismo las situaciones de emergencia y el modo de
responder a ellas a la luz de su servicio para el bien de la Iglesia
universal . El servicio del Papa incluye también la Curia Romana - como
instrumento de su servicio -, sus iniciativas fuera de la diócesis de
Roma, la comunicación de su magisterio a los fieles en las diversas
partes del mundo, incluidas las más pobres y distantes, el apoyo a 180
misiones diplomáticas pontificias en todo el mundo, que sirven a las
Iglesias locales e intervienen como agentes principales para distribuir
la caridad del Papa en los distintos países, además de como
representantes del Santo Padre en los gobiernos locales. La historia del
Óbolo demuestra todo ello con claridad.
En
el curso del tiempo estos temas retornan periódicamente, pero son
siempre motivo de curiosidad o de polémicas. Habría que tener la
seriedad de profundizar en las situaciones y los problemas específicos,
para reconocer lo mucho (más de lo que generalmente se diga y silenciado
sistemáticamente en la clase de publicaciones de las que estamos
hablando) que es completamente justificado y normal y bien administrado
(comprendido el pago de los debidos impuestos) y distinguir donde hay
problemas que deben corregirse, oscuridades que deben iluminarse,
verdaderas irregularidades o ilegalidades que deben eliminarse.
Precisamente
a esto está encaminado el trabajo fatigoso y complejo comenzado por
impulso del Papa con la institución de COSEA, que ha cumplido desde hace
tiempo su tarea, y con las decisiones e iniciativas que están todavía
en fase de desarrollo e implementación (y que al menos, por una parte,
son fruto de las sugerencias de la COSEA al final de su labor). La
reorganización de los dicasterios económicos, el nombramiento del
Auditor General, el buen funcionamiento de las instituciones competentes
para el control de las actividades económicas y financieras, etc., son
una realidad objetiva e incontrovertible.
La
publicación a granel de una gran cantidad de información diferente, en
gran parte vinculada a una fase de la tarea ya superada, sin la
posibilidad necesaria de profundización y evaluación objetiva vez
alcanza, en cambio, el resultado - por desgracia en buena parte deseado -
de crear la impresión de lo contrario, de un reinado permanente de la
confusión, de la falta de transparencia, cuando no de la búsqueda de
intereses individuales o incorrectos.
Por
supuesto, así no se reconoce en absoluto el valor y el esfuerzo con los
que el Papa y sus colaboradores han enfrentado y siguen enfrentando el
reto de mejorar el uso de los bienes temporales al servicio de los
espirituales. Sin embargo, esto es lo que debería ser más apreciado y
alentado en un trabajo correcto de información para responder
adecuadamente a las expectativas de la opinión pública y las exigencias
de la verdad. El camino de la buena administración, de la corrección y
la transparencia, continua y progresa sin incertidumbre. Esta es,
evidentemente, la voluntad de FRANCISCO y desde luego no faltan en el
Vaticano los que colaboran con ella con plena lealtad y con todas sus
fuerzas''.