lunes, 7 de diciembre de 2015

Ángelus Papal: "Derribar obstáculos y barreras que impidan nuestra conversión" y "No hay unidad sin perdón"

CIUDAD DEL VATICANO, 6 de diciembre de 2015 (VIS).-  ''¿Por qué nos tendríamos que convertir? La conversión es para el que de ateo se vuelve creyente, de pecador se hace justo, pero nosotros no la necesitamos, nosotros ya somos cristianos. Así que estamos bien. Y esto no es verdad. Pensando de este modo, nos damos cuenta de que es precisamente por esta presunción - que somos cristianos y somos justos - que nos debemos convertir: de la suposición de que, en fin de cuentas, va bien así y no necesitamos conversión alguna''. Son las palabras que el Papa FRANCISCO dirigió a los fieles y peregrinos reunidos en la Plaza de San Pedro desde la ventana de su estudio, en el Palacio Apostólico Vaticano, antes del rezo del Ángelus.
 
''La voz del Bautista -continuó- grita aún en los desiertos de hoy de la humanidad, que son las mentes cerradas y los corazones duros, y nos provoca para que nos preguntemos si efectivamente estamos recorriendo el camino justo, viviendo una vida según el Evangelio. Hoy, como entonces, él nos amonesta con las palabras del profeta Isaías: ''¡Preparen el camino del Señor!'' Es una invitación apremiante a abrir el corazón y recibir la salvación que Dios nos ofrece incesantemente, casi con testarudez, porque nos quiere a todos libres de la esclavitud del pecado... La salvación se ofrece a todo hombre, a todo pueblo, sin excluir a nadie, a cada uno de nosotros: nadie de nosotros puede decir: ''Yo soy santo, yo soy perfecto, yo ya estoy salvado''. ¡No!. Siempre debemos aceptar este ofrecimiento de la salvación, y por ello el Año de la Misericordia: para avanzar más en ese camino de la salvación, ese camino que nos ha enseñado Jesús. Dios quiere que todos los hombres sean salvados por medio de Jesucristo, único mediador''.
 
El Papa recordó que ''cada uno de nosotros está llamado a hacer conocer a Jesús a cuantos no lo conocen aún'' y destacó que esto no es hacer proselitismo sino abrir una puerta. ''¡Ay de mí si no predicara el Evangelio!'' y animó también a reflexionar sobre si ''¿De verdad estoy enamorado de Jesús? ¿Estoy convencido de que Jesús me ofrece y me da la salvación? Y, si estoy enamorado, ¡tengo que hacerlo conocer!''. ''Debemos ser valientes -añadió antes de finalizar- allanar las montañas del orgullo y de la rivalidad, rellenar los abismos excavados de la indiferencia y de la apatía, enderezar los senderos de nuestras perezas y de nuestros acomodamientos''.
 
Al finalizar el Ángelus el Santo Padre saludó a los peregrinos presentes en la Plaza y afirmó que sigue con gran atención los trabajos de la Conferencia sobre el clima en curso en París. ''¿Qué tipo de mundo queremos dejar a quienes nos sucedan, a los niños que están creciendo? -dijo- Por el bien de la casa común, de todos nosotros y de las futuras generaciones, en París todo el esfuerzo debe estar dirigido a la mitigación del impacto de los cambios climáticos y, al mismo tiempo, a contrastar la pobreza para que florezca la dignidad humana''. De esta manera animó a todos a rezar ''para que el Espíritu Santo ilumine a los que están llamados a tomar decisiones tan importantes y les dé el coraje de tener siempre como criterio de elección el bien mayor para la familia humana''.
 
El Pontífice rememoró el quincuagésimo aniversario de la Declaración común del Papa Pablo VI y del Patriarca Ecuménico Atenágoras, con la que se eliminaban de la memoria las sentencias de excomunión intercambiadas entre la Iglesia de Roma y la de Constantinopla en 1054. ''No hay un auténtico camino hacia la unidad -dijo- sin una petición de perdón a Dios y entre nosotros, por el pecado de la división''. Asimismo pidió rezar por el Patriarca Ecuménico Bartolomé y los demás jefes de las Iglesias ortodoxas, ''para que las relaciones entre católicos y ortodoxos se inspiren siempre en el amor fraterno''.
 
Seguidamente recordó a Michael Tomaszek, Zbigniew Strzałkowski y el sacerdote Alessandro Dordi que fueron proclamados beatos el sábado en Chimbote, Perú. ''Que la fidelidad de estos mártires en el seguimiento de Cristo nos dé fuerza a todos, pero especialmente a los cristianos perseguidos en diferentes partes del mundo, para dar testimonio valiente del Evangelio''.