''La
voz del Bautista -continuó- grita aún en los desiertos de hoy de la
humanidad, que son las mentes cerradas y los corazones duros, y nos
provoca para que nos preguntemos si efectivamente estamos recorriendo el
camino justo, viviendo una vida según el Evangelio. Hoy, como entonces,
él nos amonesta con las palabras del profeta Isaías: ''¡Preparen el
camino del Señor!'' Es una invitación apremiante a abrir el corazón y
recibir la salvación que Dios nos ofrece incesantemente, casi con
testarudez, porque nos quiere a todos libres de la esclavitud del
pecado... La salvación se ofrece a todo hombre, a todo pueblo, sin
excluir a nadie, a cada uno de nosotros: nadie de nosotros puede decir:
''Yo soy santo, yo soy perfecto, yo ya estoy salvado''. ¡No!. Siempre
debemos aceptar este ofrecimiento de la salvación, y por ello el Año de
la Misericordia: para avanzar más en ese camino de la salvación, ese
camino que nos ha enseñado Jesús. Dios quiere que todos los hombres sean
salvados por medio de Jesucristo, único mediador''.
El
Papa recordó que ''cada uno de nosotros está llamado a hacer conocer a
Jesús a cuantos no lo conocen aún'' y destacó que esto no es hacer
proselitismo sino abrir una puerta. ''¡Ay de mí si no predicara el
Evangelio!'' y animó también a reflexionar sobre si ''¿De verdad estoy
enamorado de Jesús? ¿Estoy convencido de que Jesús me ofrece y me da la
salvación? Y, si estoy enamorado, ¡tengo que hacerlo conocer!''.
''Debemos ser valientes -añadió antes de finalizar- allanar las montañas
del orgullo y de la rivalidad, rellenar los abismos excavados de la
indiferencia y de la apatía, enderezar los senderos de nuestras perezas y
de nuestros acomodamientos''.
Al finalizar el Ángelus el Santo Padre saludó a los
peregrinos presentes en la Plaza y afirmó que sigue con gran atención
los trabajos de la Conferencia sobre el clima en curso en París. ''¿Qué
tipo de mundo queremos dejar a quienes nos sucedan, a los niños que
están creciendo? -dijo- Por el bien de la casa común, de todos nosotros y
de las futuras generaciones, en París todo el esfuerzo debe estar
dirigido a la mitigación del impacto de los cambios climáticos y, al
mismo tiempo, a contrastar la pobreza para que florezca la dignidad
humana''. De esta manera animó a todos a rezar ''para que el Espíritu
Santo ilumine a los que están llamados a tomar decisiones tan
importantes y les dé el coraje de tener siempre como criterio de
elección el bien mayor para la familia humana''.
El
Pontífice rememoró el quincuagésimo aniversario de la Declaración común
del Papa Pablo VI y del Patriarca Ecuménico Atenágoras, con la que se
eliminaban de la memoria las sentencias de excomunión intercambiadas
entre la Iglesia de Roma y la de Constantinopla en 1054. ''No hay un
auténtico camino hacia la unidad -dijo- sin una petición de perdón a
Dios y entre nosotros, por el pecado de la división''. Asimismo pidió
rezar por el Patriarca Ecuménico Bartolomé y los demás jefes de las
Iglesias ortodoxas, ''para que las relaciones entre católicos y
ortodoxos se inspiren siempre en el amor fraterno''.
Seguidamente
recordó a Michael Tomaszek, Zbigniew Strzałkowski y el sacerdote
Alessandro Dordi que fueron proclamados beatos el sábado en Chimbote,
Perú. ''Que la fidelidad de estos mártires en el seguimiento de Cristo
nos dé fuerza a todos, pero especialmente a los cristianos perseguidos
en diferentes partes del mundo, para dar testimonio valiente del
Evangelio''.