''Vuestra
asociación -continuó- está al servicio de la escuela y la familia,
contribuyendo a la delicada tarea de construir puentes entre la escuela y
el territorio, entre la escuela y el hogar, entre la escuela y las
instituciones civiles... Como padres, sois depositarios del deber y del
derecho primario e inalienable de educar a vuestros hijos, contribuyendo
de forma positiva y constante a la tarea de la escuela. Os corresponde
el derecho de solicitar una educación conveniente para vuestros hijos,
una educación integral y abierta a los valores humanos y cristianos más
auténticos. Y también os corresponde aseguraros de que la escuela esté a
la altura de la tarea que se le ha confiado, en particular, cuando la
educación que propone se presenta como "católica". ¡Pido al Señor que la
escuela católica no de nunca por sentado el significado de este
adjetivo!''.
''¿Cuáles
son los requisitos para que una escuela sea verdaderamente católica?'',
se preguntó el Papa, proponiendo entre ellos la ''transmisión de una
cultura integral, no ideológica'', o el ''fomento de la armonía en la
diversidad''. Pero, dijo a los miembros de la AGESC: ''¿Cómo se puede
aplicar esto en la práctica? No es un desafío fácil''. En este sentido,
invitó a los padres de alumnos de escuelas católicas a construir puentes
entre la escuela y la sociedad y a ''no escapar nunca de la necesidad
de construir una comunidad educativa en la que, junto con los
profesores, los diversos actores y los estudiantes sean también
protagonistas del proceso educativo''.
''No
estéis fuera de este mundo , sino vivos como la levadura en la masa
-recalcó- La invitación que os dirijo es sencilla pero audaz: sabed
hacer la diferencia con una formación de calidad. Encontrad los medios
para no pasar desapercibidos detrás de las bambalinas de la sociedad y
de la cultura sin despertar clamor, ni trufar vuestros proyectos de
retórica. Distinguíos por vuestra atención constante a las personas,
especialmente a los últimos, a los descartados, a los rechazados , a los
olvidados. Que nunca se os distinga por la "fachada", sino por una
coherencia educativa arraigada en la visión cristiana del hombre y de la
sociedad''. Igualmente recordó que en un momento en que la crisis
económica ha comportado también el cierre de escuelas privadas, ''la
tentación de los "números" es más fuerte insistencia, y con ella la de.
desaliento. Pero a pesar de todo, repito: la diferencia se hace con la
calidad de vuestra presencia, y no con la cantidad de recursos que se
pueden poner sobre el tapete''.
''No
vendáis nunca los valores humanos y cristianos que testimoniáis en la
familia, en la escuela, en la sociedad. Aportad generosamente vuestra
contribución para que la escuela católica no se convierta en un
"repliegue", o en una alternativa insignificante entre las diferentes
instituciones educativas. Colaborad para que la educación católica tenga
el rostro del nuevo humanismo... Esforzaos por garantizar que las
escuelas católicas estén verdaderamente abiertas a todos'', concluyó el
Santo Padre.