Manaus, BRASIL (Agencia Fides, 04/09/2018) – Los primero “es ponerse en el lugar del otro,
de las víctimas” porque el tráfico de personas es una violación de la
dignidad humana y de los derechos humanos, una comercialización de la
vida, asegura a la Agencia Fides la religiosa Eurides Alves de Oliveira,
que forma parte de la Red “Un grito por la Vida”.
Una de las regiones donde el tráfico ha aumentado drásticamente es el
Amazonas, donde también el número de rutas se ha multiplicado. A la
vista de este flagelo, es necesario, como dice a Fides la hermana Rose
Bertoldo, “establecer mecanismos para detenerlo y hacer visible el
problema a través de denuncias y condenas efectivas. También es
necesario hacer más trabajo de prevención y que el problema tenga más
peso en la política”.
El fenómeno de la migración y la trata de personas han sido objeto del
seminario “Migración Forzada y la trata de personas”, organizado por la
Región Norte 1 de la Conferencia Nacional de Obispos de Brasil, CNBB,
que se celebró en Manaus del 31 de agosto de El 2 de septiembre, con la
participación de más de un centenar de representantes de las nueve
diócesis y prelaturas que forman parte de la región.
América Latina es la región con mayor número de migrantes y con más
nuevas rutas de migración, sobre todo en la Amazonía, destaca la
socióloga Marcia de Oliveira, consejera del Sínodo de la Pan-Amazonia.
En declaraciones a la Agencia Fides, afirma que “los grupos
especializados en la explotación laboral de inmigrantes han crecido” y
subraya el papel de las instituciones, “tanto dentro como fuera de la
Iglesia” que trabajan activamente en el campo migratorio. A la vista de
las actitudes xenófobas y la persecución sufrida por los inmigrantes y
las instituciones que los apoyan, la socióloga hace hincapié en la
necesidad de pensar en el tratamiento de nuestras comunidades eclesiales
el tema de odio contra los inmigrantes.
Monseñor Evaristo Spengler, obispo de Marajò, miembro de la Comisión
pastoral especial para la lucha contra la trata de personas de la
Conferencia Episcopal de Brasil, reconoce que la llegada del Papa
Francisco ha contribuido a hacer más visible el fenómeno de la migración
y el tráfico de seres humanos, insistiendo “en que somos una sociedad
que pierde la capacidad de llorar y tener piedad”.
Junto con monseñor Spengler, el Presidente de la Región Norte, el obispo
de Roraima, monseñor Mario Antonio da Silva, presentaron durante el
seminario el trabajo realizado por la Iglesia Católica en su diócesis
que es la puerta para los inmigrantes venezolanos que buscan refugio en
Brasil.