Idlib, SIRIA (Agencia Fides, 07/04/2020) - En Siria, la amenaza de la pandemia de
Coronavirus se cierne sobre una realidad devastada por años de guerra,
que en la provincia noroccidental de Idlib todavía sigue viviendo una
situación perpetua de conflicto armado entre el ejército del gobierno,
las tropas rusas y las milicias yihadistas anti-Assad y las unidades
militares turcas.
En el valle de Oronte, en los tres pueblos de Knaye, Yacoubieh y
Gidaideh - a unos 50 km de Idlib -, cientos de cristianos todavía están
presentes junto con los sacerdotes Hanna Jallouf y Luai Bsciarat, ambos
franciscanos de la Custodia de Tierra Santa, que se quedaron para llevar
a cabo la obra pastoral en ese territorio todavía sujeto a la
dominación de los militantes yihadistas de Tahrir al Sham, opositores
del gobierno sirio. En los últimos días, el conflicto militar en la zona
ha asumido un nivel de semi-tregua, tanto por las precauciones tomadas
por las diversas partes involucradas para evitar el contagio de
Covid-19, como sobre todo, por el acuerdo de alto el fuego negociado a
principios de marzo entre Rusia y Turquía - fuerzas que, en el campo del
conflicto, apoyan al ejército sirio y a las milicias anti-Assad
respectivamente -. En las últimas semanas, turcos y rusos acordaron
patrullar conjuntamente la autopista M-4, una ruta de comunicación
estratégica que sigue
controlada por los milicianos yihadistas.
En esta situación de paréntesis temporal, mientras continúan los
movimientos tácticos de las tropas en el campo, el padre Hanna Jallouf
ha lanzado una petición de solidaridad concreta, que ha sido recogida
por la Asociación italiana “Ayudamos a Siria (Aiulas) Onlus", y que se
implementará en los días de Pascua, para ayudar también los habitantes
del valle de Oronte a que puedan percibir "que Cristo también resucitó
por ellos y que la Iglesia universal no los abandona". En su carta de
petición, publicada por "Ayudamos a Siria", el Padre Hanna describe
brevemente el contexto en el que él y el padre Luai Bsciarat continúan
llevando a cabo su trabajo pastoral: «Trabajamos en el norte de Siria.
(…) Servimos a la comunidad cristiana que se ha quedado aquí, en los
pueblos del Oronte. Hay alrededor de 210 familias (casi 600 personas)
que pertenecen tanto a la Iglesia Católica como a la Iglesia Armenia
Ortodoxa y a la Iglesia Greco Ortodoxa. Somos
los únicos religiosos que quedamos de todos los clérigos que estaban en
la provincia de Idlib antes de la guerra”. La misión de los dos padres
es lleva a ayudar a las familias "para sus diferentes necesidades:
comida, electricidad, agua, escolarización para niños". Y la forma de
apoyo que han puesto en práctica para la Pascua consistirá en la
distribución de 25 euros a cada familia, incluidas “las 35 familias
musulmanas que ya reciben ayuda de la Iglesia".
En octubre de 2014 el franciscano Hanna Jallouf,
párroco de San José en Knaye había
sido secuestrado junto con algunos feligreses por los yihadistas de
al-Nusra. En esa ocasión, la retirada tuvo lugar después de que el
propio padre Jallouf, para denunciar las expropiaciones y saqueos
sufridos en la parroquia por los milicianos, recurriera a la corte
islámica, el órgano establecido en el área bajo el control de los
islamistas para administrar justicia según la ley islámica. El padre
Jallouf, y luego sus feligreses, fueron liberados en pocos días.
Durante la Cuaresma, la Asociación “Ayudamos a Siria” también ha apoyado
un proyecto coordinado por el hermano marista Georges Sabe de Aleppo,
que consiste en la distribución de refrigeradores y lavadoras a 45
familias desplazadas de la ciudad siria durante el período de los
bombardeos, además de ayuda para poder regresar a sus hogares -
saqueados durante la guerra - y retomar una vida normal.