Kara, TOGO (Agencia Fides, 09/05/2020) – ¿Qué futuro hay para la misión en África después
de la pandemia? ¿Será necesario volver a las actividades y proyectos
misioneros realizados hasta la interrupción causada por la epidemia
mundial o reiniciar una actividad misionera renovada en sus paradigmas
basados en las consecuencias de esta crisis de salud? Es la pregunta
fundamental que plantea, en una conversación con Fides, el padre Donald
Zagore, teólogo de la Sociedad para las Misiones Africanas, en un
momento en que muchos países africanos viven el confinamiento.
“La crisis sanitaria ha resaltado la fragilidad y las limitaciones de
nuestros enfoques misioneros y pastorales hoy. Sería más prudente
repensar la actividad misionera y sus paradigmas sobre la base de la
dolorosa experiencia de la crisis de salud y sus consecuencias para
reinventarla y hacerla aún más rica".
“Hasta ahora, continúa Zagore, hemos desarrollado un enfoque misionero
excesivamente sacramental, a expensas de una política pastoral misionera
construida concretamente sobre la Palabra de Dios. Nuestros cristianos
se han sentido perdidos cuando el sistema pastoral sacramental ha
colapsado debido a la pandemia. Sin embargo, lo que ha permanecido y
permanece es la Palabra de Dios. Sería necesario trabajar para la
formación de cristianos bien arraigados en la vida sacramental, pero
sobre todo imbuidos de la Palabra de Dios. Nuestras actividades
pastorales y misioneras diarias - insiste el sacerdote - se han enfocado
para construir y consolidar el principio de la Iglesia como una gran
familia de cristianos. Nuestras iglesias siempre han estado llenas.
Ahora, con la crisis sanitaria, ¿cuántos han logrado mantener una fe
dinámica fuera de las grandes reuniones a las que estábamos
acostumbrados? Para continuar con la realidad de la Iglesia como una
gran familia de cristianos,
tendremos que trabajar para desarrollar el principio de las familias
como iglesia doméstica, para que los fieles no solo se limiten a orar en
público, en masa, sino también en familia, en pequeños grupos".
“Además en África - agrega el misionero -, el factor económico
contribuye a agravar la situación. Muchas de nuestras iglesias dependen
de las ayudas. Por lo tanto, debemos trabajar para repensar seriamente
la creación de iglesias capaces de ser autosuficientes. Cuidar de la
Iglesia es sin duda un deber de los cristianos, pero no debería
convertirse en una carga para los cristianos, especialmente en un
continente como África, donde la precariedad de muchos sectores, salud,
política, militar, contribuye a empobrecer aún más a las poblaciones”.