Dar es Salaam, TANZANIA (Agencia Fides, 09/05/2020) - ¿Cómo está afectando la pandemia de
Covid-19 a la vida de la misión en Tanzania? Para dar respuesta a esta y
otras preguntas, Fides ha entrevistado al p. Alfred S. Kwene, Asistente
Nacional de la Oficina de las Obras Misionales Pontificias en Tanzania.
¿Cómo está desafiando esta pandemia la misión de la Iglesia en su país?
El hecho de que hasta ahora las estadísticas oficiales muestren que solo
tenemos 505 casos de COVID-19 confirmados, puede dar la impresión de
que los efectos de la pandemia no son tantos en comparación con otros
países, especialmente como Europa y América.
En primer lugar, damos gracias a Dios de que no se haya impuesto un
bloqueo total hasta ahora en Tanzania, de modo que las funciones de la
Iglesia tampoco se han detenido por completo. La posición de nuestros
obispos siempre ha sido que la Iglesia debe considerarse un hospital
espiritual y, por lo tanto, de la misma manera que los trabajadores
sanitarios (médicos, enfermeras y otros) que continúan prestando su
servicio, debemos hacer lo mismo y, si es posible, más.
Hemos adoptado varias restricciones en nuestros servicios litúrgicos y
en la vida general de la Iglesia, como: la suspensión de las
celebraciones de otros sacramentos, como bautizos y confirmaciones; la
suspensión de reuniones de las pequeñas comunidades cristianas y de
grupos apostólicos (incluidas las prácticas del coro); la limitación del
número de personas que participan en la Santa Misa y los servicios
funerarios (a veces celebrando los servicios funerarios sin la Santa
Misa); la suspensión de las escuelas dominicales y misas infantiles; la
celebración de la Santa Misa sin cantos y bailes; el uso de mascarillas
durante nuestros servicios litúrgicos, lavarse las manos al ingresar a
las instalaciones de la Iglesia, por nombrar solo algunas.
En tercer lugar, la gestión de los efectos económicos de la pandemia.
Los efectos en esta área se sienten realmente en todos los niveles,
especialmente a nivel individual, social, estatal y eclesial. Se puede
imaginar, como para la joven Iglesia africana que depende en gran medida
de la generosidad de sus fieles, la mayoría de los cuales son pobres,
esta situación complica aún más las cosas, especialmente porque algunas
áreas también han sufrido graves inundaciones este año que han destruido
las actividades agrícolas.
Y en particular, ¿cómo afecta esta situación a la actividad misionera?
Dado que una de las medidas para responder a la pandemia de COVID-19 es
adoptar el distanciamiento social, ¡es fácil imaginar cómo sea difícil
el trabajo misionero, que requiere mucha movilidad! Aunque en Tanzania
no teníamos un bloqueo total, como he dicho anteriormente, hemos tenido
que respetar, en cierta medida, el distanciamiento social. Por ejemplo,
aquí, en la sede de la Conferencia Episcopal en Dar es Salaam, hemos
suspendido todas las reuniones anuales de los diversos departamentos en
los que participan los representantes de todas las diócesis y también
hemos limitado el número del personal de apoyo. Una situación similar se
ha aplicado en varias diócesis.
¿Cómo funciona el fondo especial de emergencia de las OMP para las
víctimas de coronavirus en su país? ¿Qué tipo de iniciativas se han
lanzado gracias a ese Fondo?
En respuesta al llamado del Papa FRANCISCO, la Iglesia local de Tanzania
ya ha lanzado varias iniciativas espirituales y materiales. Primero, en
cada diócesis hay campañas de sensibilización para informar a las
personas sobre este desafío tanto a nivel local como global. En segundo
lugar, con la promoción de ejercicios espirituales que incluyen: Santa
Misa, novenas, intercesiones de misericordia divina, santo rosario e
incluso la composición de oraciones especiales. Por ejemplo, una de
estas oraciones especiales fue compuesta por la Conferencia Episcopal y
actualmente se recita en todas las diócesis durante la Santa Misa.
En cuanto a la asistencia material, ya están en marcha varias
iniciativas para la recaudación de contribuciones caritativas. A nivel
de la Conferencia Episcopal, cada diócesis ha sido invitada a establecer
un mecanismo a través del cual puedan recaudar fondos y, en última
instancia, enviar su contribución a la Oficina Nacional de las OMP, a
quién la Santa Sede ha encomendado esta tarea directamente.