Yangoon, MYANMAR (Agencia Fides, 08/05/2020) - Una oración especial para pedir la curación
del coronavirus y el fin de la guerra en la nación: con este espíritu,
la Conferencia de Obispos Católicos de Myanmar ha anunciado su
participación en la "Jornada de oración, ayuno y obras de caridad",
convocada universalmente por el Alto Comité para la Fraternidad Humana,
para pedir a Dios que proteja a la humanidad de la pandemia de
coronavirus. El llamamiento fue relanzado por el Papa Francisco y el
Gran Imam de Al Azhar, Ahmed al Tayyeb. Pero una pandemia en muchos
países, como sucede en Myanmar, se combina con la palabra guerra.
Hace unos días, Nai Tun, un civil de 37 años, resultó gravemente herido
en la pierna por la explosión de una mina en la aldea de Han Gan, en la
Ye Township del estado de Mon, en el sureste de Myanmar: es solo la
última noticia de una "guerra silenciosa" que hace de Myanmar un país
con un conflicto en curso de baja intensidad. Y aunque la guerra
continúa ahora especialmente en los estados de Rakhine y Chin, sus
efectos devastadores se sienten en todas partes. En los mismos días, el 3
de mayo, tres organizaciones separatistas que luchan contra el gobierno
central de Yangoon, como el Ejército Arakan - formación en la lista de
grupos considerados terroristas - reiteraron el llamamiento al alto el
fuego, ya anunciado a principios de abril, con una "tregua unilateral",
afirma una declaración, en la que no descartan una respuesta en caso de
ataque.
La situación confusa, especialmente en los estados de Mon y Rakhine,
donde el ejército ha rechazado la tregua, hace que sea difícil atribuir
la responsabilidad de las muertes de civiles a los rebeldes o a los
soldados del gobierno. El 20 de abril, un conductor de la Organización
Mundial de la Salud fue asesinado mientras transportaba suministros
médicos. En los últimos días, el Arakan Army atacó un convoy de ayuda
del Programa Mundial de Alimentos, que transportaba arroz y otros
alimentos básicos, entre las ciudades de Samee y Paletwa (Chin), y un
conductor resultó herido.
La guerra y las acusaciones mutuas no facilitan el acceso de los
trabajadores humanitarios en áreas de crisis, donde la expansión de
Covid-19 se ve agravada por una escasez endémica de alimentos, que ahora
ha aumentado por el virus. La siembra de arroz monzónico - que
representa el 80% de la producción birmana -, generalmente comienza a
fines de abril con cosechas en septiembre y octubre, pero dado que se
han suspendido los préstamos del gobierno y de las instituciones de
micro-finanzas, muchos agricultores no pueden obtener las semillas
necesarias.
Después de los ataques contra los convoyes de la ONU, las agencias de
las Naciones Unidas y varias ONG que operan en Myanmar han pedido un
alto el fuego inmediato en la zona occidental del país, pero el gobierno
del estado de Rakhine ha respondido prohibiendo a los grupos
humanitarios que establezcan campamentos para desplazados internos (IDP)
sin aprobación ejecutiva: en el norte del estado, al menos 160.000
personas han sido desplazadas debido a los enfrentamientos entre el
ejército y el Arakan Army.
El 27 de abril, la Federación de Conferencias Episcopales de Asia se
unió a la solicitud de la ONU y del Papa Francisco de una tregua global
ante la amenaza sin precedentes de la pandemia. Pocos días después,
varias embajadas extranjeras firmaron un llamamiento en esta misma
dirección en la capital, Yangoon.