Yangon, MYANMAR (Agencia Fides, 11/05/2020) - "Alentamos a todos los fieles cristianos en
Asia a vivir fructífera, generosamente y con esperanza la Jornada de
ayuno, oración y caridad programada en todo el mundo para el 14 de mayo,
con la intención de pedir la liberación de la pandemia. Mirémonos unos a
otros. Unámonos como líderes religiosos y como creyentes en Dios en
todo el mundo": es el llamamiento lanzado por el cardenal Charles Maung
Bo, arzobispo de Yangon y presidente de las Conferencias Episcopales de
Asia. En el mensaje enviado a Fides, las Iglesias de Asia adhieren, de
esta manera, a la "Jornada de oración, ayuno y obras de caridad",
convocado universalmente por el Alto Comité para la Fraternidad Humana,
para pedir a Dios que proteja a la humanidad de la pandemia de
coronavirus. El llamamiento fue relanzado también por el Papa Francisco y
por el Gran Imam de Al Azhar, Sheikh Ahmed al Tayyeb.
"La pandemia de Covid-19 en el mundo ahora se ha convertido en una
'tormenta perfecta'. Desafía nuestras formas de vivir, trabajar y
celebrar. Es un momento de prueba para todos, especialmente los
desempleados, los trabajadores migrantes, los indigentes y los grupos de
poblaciones marginadas", observa el arzobispo Bo.
"Hay restricciones en la mayoría de los países asiáticos. Las escuelas
están cerradas, las fábricas están cerradas, los mercados se están
quedando sin suministros, los viajes están prohibidos. Sin embargo, con
una locura increíble, los conflictos continúan", continúa el comunicado
enviado a Fides.
Luego el texto agrega: "Mucha gente pregunta: ¿cuándo volverá todo a la
normalidad? La respuesta a la pregunta es que no terminará, no solo en
el sentido de que las cosas ya no serán las mismas. Asia ha
experimentado muchos conflictos, guerras y crisis sin fin, el tsunami,
el ciclón Nargis y frecuentes tifones devastadores. Cada crisis nos ha
dejado cambiados. Esta vez todos los países del mundo se ven afectados y
la pandemia dejará nuestro mundo profundamente cambiado. La política
cambiará. Las relaciones internacionales serán diferentes".
El Card. Bo señala: "Una catástrofe que afecta a más de 200 países
cambia el mundo. Es como una guerra mundial. Aunque el Covid-19 se pueda
contener en unos pocos meses, su legado vivirá con nosotros durante
décadas. Afectará la forma en que vemos y entendemos a la comunidad,
cambiará la forma en que nos conectamos, cómo viajamos, cómo construimos
nuestras relaciones. Si los gobiernos no hacen frente al desafío,
perderán la confianza de sus pueblos".
En esta crisis, se ven los elementos clave de un buen liderazgo: dar
indicaciones, crear significado y empatía, asumir la responsabilidad y
proteger e incluir a los pobres y débiles, los vulnerables: “En una
crisis como esta, los verdaderos líderes explotan sus oportunidades para
generar confianza, ‘no ansiedad y terror’”, señala la nota.
Hoy nos preguntamos: "¿Por qué hemos permitido tanta división en el
mundo? ¿Por qué hay tantas zonas de Asia sujetas a conflictos? ¿Por qué
tenemos las guerras más largas del mundo en Asia? Observando nuestra
historia hasta ahora, ¿por qué no se han creado lazos más fuertes cuando
tuvimos la oportunidad? ¿Por qué millones de personas tienen que
emigrar al extranjero para poder vivir? ¿Podemos construir una economía
inclusiva que priorice la dignidad de la persona? ¿Podemos tener una
solidaridad tenaz y un deseo por el bien común basado en el respeto?”
En este momento, subraya el Cardenal, se necesita paciencia, energía e
inteligencia: “Este es el momento de organizar nuestras vidas
sabiamente; un momento para alimentar nuestra imaginación e inteligencia
y prepararnos para un mundo nuevo. Es hora de entender esto, dependemos
unos de otros y debemos aprender a trabajar juntos, compartiendo
responsabilidades y apreciando la solidaridad. Sobre todo, este es un
momento para dejar de lado el odio y las armas y hacer frente al enemigo
común que está atacando a toda la humanidad".
“La pandemia nos ofrece un tiempo para animarnos mutuamente, un tiempo
de solidaridad con las personas vulnerables y un tiempo para orar, para
comprender lo que está sucediendo en nuestro mundo", dice el texto,
motivando así la adhesión a la jornada especial de oración y ayuno del
14 de mayo. "En toda Asia, muchas personas están heridas, física,
emocional, financiera y espiritualmente. Es hora de traer la bondad, la
misericordia y el amor de Dios a nuestro mundo", concluye el Presidente
de la FABC, apelando a la unidad, solidaridad y fraternidad de todas las
comunidades religiosas en Asia.