, 04/09/2018Astana, KAZAJISTÁN (Agencia Fides, 04/09/2018) – "En Kazajistán, el principio de la tolerancia
religiosa es la base de la constitución del Estado. Las ciudades de
Kazajistán están repletas de magníficas mezquitas e iglesias ortodoxas
que conviven armoniosamente, pero el aspecto religioso se limita
exclusivamente a la vida privada del ciudadano. Este enfoque se
relaciona con una política que ha demostrado ser visionaria". Así lo
afirma, en una entrevista concedida a Fides, Giannicola Saldutti,
investigador asociado del Instituto de Altos Estudios en Geopolítica y
Ciencias Auxiliares, con sede en Roma.
Según Saldutti, erudito de Asia Central, "Nazarbayev fue capaz de hacer
de la necesidad una virtud. Inmediatamente después de la disolución de
la Unión Soviética, la crisis económica y el deterioro de las
instituciones del Estado hubieran podido catalizar un conflicto
interétnico de proporciones desastrosas en el corazón de Asia Central
(como sucedió, por ejemplo, en la vecina Tayikistán). El precio lo
hubiera pagado, como en muchos países del espacio postsoviético, la
comunidad rusa ortodoxa, 'minoría' que, en 1992, representaba casi la
mitad de la población. El Kazajstán logró prevenir este escenario
inquietante, a través de un modelo social que ve en el reconocimiento
del papel fundamental del Estado una piedra angular".
El investigador destaca: "Visitando el país y hablando con la gente se
tiene la impresión que hay una especie de “yuxtaposición” de dos
'cultos': uno público y dominante, ligado a la lealtad al Estado, a la
ley y a la iconografía salpicada por un cierto culto a la personalidad
de Nazarbayev; y uno privado, estrechamente relacionado con la religión y
a la etnia a la que se pertenece".
"Además, hay que considerar un hecho importante: En un período de
radicalización generalizada del Islam, Kazajistán nunca ha sido teatro
de ataques terroristas de relevancia, como aquellos que en Europa han
sido atribuidos al Isis; si bien la comunidad islámica representa la
mayoría los ciudadanos del país. Sin una política social inteligente y
de encuentro interreligioso, ISIS hubiera diseminado fácilmente el
proselitismo en Kazajstán como sucedió en el mundo árabe y en los
Balcanes", concluye Saldutti.
En los últimos años, el Gobierno ha promulgado una serie de medidas que
restringen y controlan la actividad de las asociaciones y las
comunidades religiosas, como: la obligación de celebrar las funciones
solamente en lugares autorizados por el Estado o la instalación de
telecámaras en los diferentes lugares de culto para que, en caso de
ataque o violencia, se pueda identificar a los autores. En Kazajistán
conviven comunidades de nacionalidades y credos diversos. Según los
datos oficiales proporcionados por el Ministerio de Relaciones
Exteriores kazajo, de 17 millones de habitantes, 70% son musulmanes y
aproximadamente 26% son cristianos, de los cuales 1% profesan la fe
católica.