Tashkent, UZBEKISTÁN (Agencia Fides, 08/03/2018) - "Si tuviera que hacer balance de los últimos
diez años, diría que la Iglesia uzbeka no ha crecido tanto en número
como en composición de personas, porque muchos han emigrado y al mismo
tiempo han llegado nuevos grupos de fieles. Pero, sobre todo, la
conciencia de los católicos ha cambiado: son más maduros y responsables.
Hace diez años no teníamos laicos que se pusieran al servicio de la
comunidad. Hoy, en cambio, ayudan a organizar las diversas actividades
pastorales, como la catequesis para niños o los ejercicios espirituales
para adultos". Así lo refirió a la Agencia Fides el administrador
apostólico de Uzbekistán, el franciscano polaco Jerzy Maculewicz,
OFMConv.
"La nación entera está experimentando una fase de crecimiento. Desde el
pasado 1° de febrero, por ejemplo, 45 estados han recibido permiso para
entrar en Uzbekistán sin visado. Esto da a muchos la oportunidad de
venir a visitarnos: recibimos grupos de peregrinos que, acompañados por
sacerdotes, quieren conocer la conocer la realidad de nuestra Iglesia y
conocer la cultura local", dijo el franciscano.
En esta parte de Asia Central hay un intenso diálogo interreligioso e
intercultural, favorecido por años de coexistencia pacífica entre
diferentes grupos étnicos: "Hay más de 100 comunidades étnicas,
probablemente porque Uzbekistán era el corazón de la ‘Ruta de la Seda’ y
muchos, de paso, decidieron quedarse. La gente está acostumbrada a
estar con gente de otras culturas y por esta razón no hay fermentos
extremistas. Vivo en este país desde hace 14 años y nunca he conocido a
nadie que pudiera ser considerado agresivo. Por el contrario, mucha
gente está interesada en nuestra fe", añadió el religioso.
En Uzbekistán, la fe católica es reconocida como una "religión
tradicional", junto con las religiones islámica, ortodoxa, luterana,
armenia y judía: "Por esta razón, el cristianismo se percibe como
profundamente arraigado en la historia del país. Esto nos ayuda, porque
somos conocidos y respetados, y los representantes de otras religiones
no tienen ningún problema en participar en nuestras iniciativas".
Hace unos días, un nuevo sacerdote vino a servir en la parroquia de
Samarcanda, que hasta el mes pasado sólo contaba con la presencia de un
religioso que no era sacerdote. En total son 8 sacerdotes y 4
religiosos: "Como estamos en un país extranjero y somos pocos, tratamos
de sentirnos menos solos viviendo 4 días al mes todos juntos en
Tashkent. De esta manera podemos orar, estar juntos, hablar, confesarnos
unos a otros", explicó el padre Maculewicz.
La comunidad de fieles, en cambio, cuenta con poco más de 700 católicos
activos en las grandes ciudades, a los que se añaden otros distribuidos
en pequeños pueblos: "Hay pocos uzbekos, la mayoría de los fieles son
inmigrantes. Tenemos todos los grupos de edad, aunque son principalmente
los jóvenes y las personas de mediana edad quienes se acercan a la
Iglesia y hacen preguntas sobre su camino espiritual. A veces nos
contactan personas que descubren que sus antepasados eran de origen
católico y que quieren formar parte de nuestra comunidad. Son acogidos
con gusto porque el Espíritu Santo también puede actuar de esta manera",
concluyó el franciscano.