Ashgabat, TURKMENISTÁN (Agencia Fides, 07/03/2018) – “Dialogar, compartir y dar testimonio, son
actitudes que dan frutos. La confrontación no ayuda, pero debemos
trabajar en los puntos en común. Esto es lo que aprendí en mis 25 años
entre una mayoría post-soviética y musulmana”. Es lo que explica a Fides
el padre Andrzej Madej, sacerdote polaco de los Oblatos de María
Inmaculada (OMI) y Superior de la Missio sui iuris de Turkmenistán.
El oblato destaca la relación entre el islam y el cristianismo: “El
islam reconoce a Jesús como un profeta y esto supone un terreno fértil
para el diálogo y para dar testimonio de lo que Cristo es para nosotros,
el Hijo de Dios, el Salvador. También hay otros aspectos. Durante el
festival Kurban Bairan, por ejemplo, los musulmanes celebran la ofrenda
del sacrificio de Abraham. E incluso María representa un importante
puente ecuménico, ya que la reconocen como la madre del profeta. Tenemos
en común la fe en un Dios, la peregrinación a los lugares sagrados, el
ayuno y la misericordia hacia los pobres y la oración. El espacio en el
que podemos crear un clima de diálogo e intercambio es amplio”.
El padre Madej explica: “Experimentamos todo esto en nuestra misión
diaria en Turkmenistán. Cuando una persona de fe islámica viene a
visitarnos y entra en nuestra capilla, podemos ver que siempre tiene un
gran respeto por lo sagrado, por el Dios misterioso y santo. Nosotros
tenemos esa misma actitud cuando participamos en las fiestas islámicas.
Además, cuando visitamos a fieles que viven en otras ciudades, a menudo
aprovechamos la oportunidad para visitar a los líderes islámicos
locales”.
El superior de la Missio sui iuris dijo que los habitantes de Asia
Central estaban “sorprendidos por la visita del Papa Francisco a los
Emiratos Árabes Unidos y el hecho de que pronto irá a Marruecos, tal
como lo hizo Juan Pablo II. Ver al sucesor de Pedro que va a estas
zonas, entre musulmanes, es un testimonio que nos trae beneficios y nos
da la dimensión de lo que es un Pastor universal”.
Turkmenistán tiene una población de 5 millones de habitantes entre los
que el 90% son musulmanes. La comunidad católica turcomana está formada
por dos sacerdotes oblatos de María Inmaculada y unos 250 fieles, que se
reúnen en la capilla de la Transfiguración del Señor, en la capital
Ashgabat. La iglesia católica local renació en 1997, cuando Juan Pablo
II estableció la Missio sui iuris. Durante trece años, la presencia de
los Oblatos fue admitida solo como “representación de la Embajada del
Vaticano”. Al principio se reunían en casas particulares y se celebraba
la misa en el territorio diplomático de la Nunciatura Apostólica de
Ashgabat. En 2010 el gobierno turcomano reconoció oficialmente la
presencia católica.