CIUDAD DEL VATICANO (http://press.vatican.va - 10 de mayo de 2019).- El Santo Padre FRANCISCO, Obispo de Roma, ha encontrado ayer por la tarde en
la Basílica de San Juan de Letrán a su diócesis al final del Año
pastoral dedicado a los temas de la memoria y de la reconciliación. Participaron en el encuentro el Cardenal Vicario Angelo de Donatis, los Obispos Auxiliares, Sacerdotes, Religiosos y numerosos laicos. El
encuentro se abrió con las palabras de un Sacerdote que ha
explicado el estado de la Iglesia en la ciudad, definiéndola, “tierra de
misión”, a la que han seguido las intervenciones de una joven, de una
pareja y del Director de Caritas que ha hecho hincapié en la pobreza que
atenaza a mitad de la población romana.
El Papa ha improvisado un discurso, en el que, constatando la difícil
situación de Roma, ha afirmado, que era necesario resistir a la
tentación de “reorganizar” las cosas. “No, no, debemos reorganizar la
ciudad, reorganizar la diócesis, poner todo en orden, No se trata de
"reorganizar". Hemos escuchado [en intervenciones anteriores] los
desequilibrios de la ciudad, el desequilibrio de los jóvenes, los
ancianos, las familias ... El desequilibrio de las relaciones con los
hijos... Hoy estamos llamados a regir el desequilibrio. No podemos hacer
algo bueno, evangélico si tenemos miedo al desequilibrio. Tenemos que
tomar el desequilibrio con las manos: es lo que nos dice el Señor,
porque el Evangelio –creo que me entenderéis- es una doctrina
“desequilibrada”. Pensad en las Bienaventuranzas: ¡Se merecen el premio
Nobel del desequilibrio!. El Evangelio es así”.
“Tened bien en la mente y en el corazón que, cuando el Señor quiere
convertir a su Iglesia, es decir, acercarla más a sí, hacerla más
cristiana, hace siempre así: toma al más pequeño y lo coloca en el
centro, invitando a todos a ser pequeños y a "humillarse" "- dice
literalmente el texto del Evangelio - para volverse pequeño, como lo
hizo Él, Jesús. La reforma de la Iglesia comienza con la humildad, y la
humildad nace y crece con humillaciones. De esta manera neutraliza
nuestras pretensiones de grandeza”.
Después, el Santo Padre habló de los tres sentimientos o rasgos que
deben ser el motor propulsor de la misión diocesana. “El primer
sentimiento que hay que tener en el corazón para saber escuchar -subrayó-
es la humildad y el guardarse mucho de despreciar a los pequeños
quienes quiera que sean, los jóvenes que sufren de orfandad o que han
acabado en el túnel de las drogas, las familias probadas por la vida
cotidiana o rotas en sus relaciones, los pecadores, los pobres, los
extranjeros, las personas que han perdido la fe, las que nunca la han
tenido, los ancianos, los discapacitados, los jóvenes que buscan el pan
en la basura, como hemos escuchado ... ¡Ay de los que miran desde lo
alto y desprecian a los pequeños! Solo en un caso podemos mirar a una
persona de arriba hacia abajo: para ayudarla a ponerse de pie”.
“El segundo rasgo necesario, -el primero es la humildad: para
escuchar, debes abajarte- el segundo rasgo necesario para escuchar el
grito es el desinterés. ..El Señor escuchó el grito de los hombres que
conoció y estuvo cerca de ellos, porque no tenía nada que defender ni
nada que perder ... Deja a las noventa y nueve (ovejas) que estaban a
salvo y va a buscar a la perdida. Nosotros, en cambio, como he dicho
otras veces, a menudo estamos obsesionados con las pocas ovejas que se
han quedado en el recinto. Y muchos dejan de ser pastores de ovejas para
convertirse en "peinadores" de ovejas exquisitas ... Nunca encontramos
el coraje para buscar a las otras, a las que están perdidas, que van por
senderos que nunca hemos recorrido. Por favor, convenzámonos de que
todo merece ser dejado y sacrificado por el bien de la misión".
“El último rasgo del corazón, necesario para escuchar el grito y
evangelizar, es haber experimentado las Bienaventuranzas ... Las
Bienaventuranzas son un mensaje cristiano, pero también humano. Es el
mensaje que te hace vivir, el mensaje de la novedad ... las
Bienaventuranzas son teocéntricas, miran la vida, te llevan hacia
adelante, te desnudan pero te hacen más ligero para seguir a Jesús”.
Por último, el Papa reiteró a su diócesis que para enfrentar los
retos de la evangelización, y de la cultura urbana se sirvieran de la Exhortación Apostólica Evangelii gaudium, sobre todo del capítulo
segundo, que habla de la crisis del compromiso comunitario y les
encomendó dos tareas en vista del camino que recorrerán el próximo año:
“En primer lugar: Ejercitar una mirada contemplativa sobre las vidas
de las personas que viven en la ciudad. Mirar. Y para hacer esto, en
cada parroquia, tratemos de entender cómo vive la gente, cómo piensa,
qué sienten los habitantes de nuestro vecindario, adultos y jóvenes;
tratemos de recoger historias de vida".
“La segunda tarea es la de ejercitar una mirada contemplativa sobre las nuevas culturas que se generan en la ciudad. “En Evangelii gaudium
subrayé – recordó el Papa - que los contextos urbanos son precisamente
los lugares donde se produce una nueva cultura: nuevas historias, nuevos
símbolos, nuevos paradigmas, nuevos idiomas, nuevos mensajes ...
Necesitamos entenderlos; encontrarlos y entenderlos. Y todo esto produce
el bien y el mal. El mal a menudo está bajo la mirada de todos: " los
«no ciudadanos», los «ciudadanos a medias» o los «sobrantes urbanos»"
(ibid., 74), porque hay personas que no tienen acceso a las mismas
oportunidades de vida que otras y que son rechazadas; Así se generan
tensiones insoportables. Tened cuidado, porque el fenómeno cultural
mundial, digamos al menos europeo, del populismo crece sembrando miedo.
Pero en la ciudad también hay mucho bien, porque hay lugares positivos,
lugares fructíferos: donde los ciudadanos se reúnen y dialogan de manera
constructiva y solidaria, aquí creamos « un entramado en el que grupos
de personas comparten las mismas formas de soñar la vida y similares
imaginarios y se constituyen en nuevos sectores humanos, en territorios
culturales, en ciudades invisibles”.