Koting, INDONESIA (Agencia Fides 15/09/2021) - “Era el 24 de octubre de 1991. Mi Congregación me envió como misionera a
Flores, una pequeña isla de Indonesia de la que nunca había oído
hablar”. Así comienza el relato de la Hna. Aloisia dal Bo, de la
Congregación del Santo Rostro, C.S.V., a la Agencia Fides, con motivo de
los 30 años de presencia en lo que entonces era para ella una tierra
desconocida.
“Siendo todo desconocido para mí, después de haber estudiado un poco de
geografía y de historia, emprendí mi viaje con el entusiasmo de quien
quiere ser un ‘regalo’ para sus pobres hermanos, lejanos, y ver en ellos
ese Rostro desfigurado del Señor”. “El 30 de octubre llegué a Maumere -
Flores, con la Hna. Luciana Stella y la Madre General, Tiziana Codello.
No teníamos casa, ni lugar, ni destino. Tras un largo discernimiento,
decidimos montar nuestra primera tienda en Koting, un pueblo de las
afueras pero al mismo tiempo cercano a la ciudad. La vieja iglesia se
convirtió en nuestro hogar temporal. Tras un breve periodo en
Malang-Jawa, acogidas por los Padres Pasionistas que nos ayudaban a
estudiar el idioma, regresamos a Koting. Aquí empecé a enseñar religión
en las escuelas primarias del pueblo. No había medios de transporte y
cada día caminaba kilómetros y kilómetros, pero era bonito porque
conocías a la gente y sus costumbres y tradiciones”.
“Los domingos -continúa la hermana Aloisia- llevaba la comunión a los
enfermos y a los ancianos. Así entraba en contacto con la pobreza,
escuchaba la historia, la fe y la alegría de sus vidas. En ese momento
empecé a organizar y animar al grupo SEKAMI (niños de la infancia
misionera)”.
El relato de la misionera continúa lleno de celo, recordando cuando el
trágico terremoto del 12 de diciembre de 1992 lo destruyó todo. “Empecé a
compartir mi sufrimiento, mi llanto, mi angustia y mi vacío interior
con mis hermanos, tratando de dar esperanza, curando las heridas y
repartiendo lo que quedaba. Recuerdo que al día siguiente de aquella
tragedia, el domingo, celebramos la Santa Misa en los escombros de la
Iglesia, bajo un sol abrasador, elevando el canto de la fe y la
esperanza, dando gracias al Señor por la vida y rezando por las
víctimas. Durante cuatro meses vivimos con una familia y luego, hasta
febrero de 2000, en una casa de bambú como todos los lugareños,
experimentando la penuria y la sencillez de una vida sin servicios ni
comodidades”.
A pesar de las presiones diarias, la hermana Aloisia nunca ha descuidado
el objetivo de su Misión. “No ha pasado un día sin el anuncio del
Evangelio, la promoción humana, la catequesis y la animación de grupos,
la visita a las familias. El objetivo y la finalidad de la Misión es
llevar el rostro de Jesús a los lugares más abandonados, restaurarlo en
los rostros desfigurados de nuestros hermanos y hermanas oprimidos por
la injusticia, solos y abandonados”.
A lo largo de los años, las hermanas del CSV han puesto en marcha una escuela infantil en Koting; han abierto la segunda casa de misión con el noviciado adjunto en Ndona - Ende y, desde 2008, viven en Kupang, capital de la provincia de NTT, en la tercera casa de misión donde dos hermanas indonesias daban clases a niños de preescolar, utilizando el garaje como aula, hasta que pudieron construir la nueva Escuela Infantil en 2015. En Wekaseko-Flores, en 2009, las hermanas abrieron una casa para la atención pastoral y en 2012 en Weekombaka – Sumba Barat Daya.