Canelones, URUGUAY (Agencia Fides, 14/03/2019) - En el país con el menor número de católicos
de América Latina (42% de la población de los que solo el 1% dice que
van a misa el domingo), el impulso misionero es un desafío para dialogar
con la sociedad y la mayor participación de los laicos. Es lo que
sostiene el padre Leonardo Rodríguez, Director Nacional de las Obras
Misionales Pontificias (OMP) de Uruguay.
“La eclesiología del pueblo de Dios, que nos hace a todos
corresponsables de la misión, es la clave de la misión en nuestro país”,
subraya el sacerdote. Por este motivo, y considerando que 2019 será
también año electoral en Uruguay, las OMP y los obispos uruguayos han
establecido, de cara al Mes Misionero Extraordinario de octubre, unos
objetivos “muy concretos y realistas”. Entre ellos, fortalecer el
departamento para las misiones de la Conferencia Episcopal, promover en
las comisiones episcopales la misma visión de la misión en la Iglesia y
concluir el período pastoral de tres años canalizando todas las energías
hacia el Mes Misionero Extraordinario.
Las actividades relacionadas con la campaña electoral y las elecciones
dificultarían la participación en los principales eventos eclesiales,
por lo que se decidió apuntar a un “cambio de mentalidad” en el enfoque
de la misión de la Iglesia. La oportunidad brindada por el Mes Misionero
Extraordinario se aprovechará para “fortalecer el departamento
misionero de la Conferencia Episcopal y sus objetivos, con programas
simples y concretos”, explica el padre Rodríguez. El objetivo es formar
la conciencia misionera de acuerdo con las indicaciones del Papa
Francisco y de acuerdo con las directrices de la instrucción Cooperatio
missionalis, “un documento de 1998 aún vigente”, dice el sacerdote.
En Uruguay, el Director Nacional de las OMP es también el Secretario del
Departamento Misionero de la Conferencia Episcopal, así que también en
las visitas a las diócesis el padre Leonardo es quien se reúne con los
obispos y sus equipos misioneros. En estas ocasiones, ayuda a analizar y
concretar los planes misioneros adecuados a las necesidades y
oportunidades del lugar, pero sobre todo para concertar “una misma forma
de ser Iglesia en salida”. No se trata de dar una huella misionera a
las actividades pastorales, sino de mejorar la inserción de los laicos
en la sociedad y de sostener su acción evangelizadora.
“En la jerarquía a veces hay temor de abrir posibilidades para los
laicos, especialmente los jóvenes, para que creen espacios adecuados
para la misión”, observa el sacerdote. “Los sacerdotes y los obispos
tienden a clericalizar a los laicos, colocándolos en estructuras
eclesiales y pensando que eso es un éxito pastoral. Pero el verdadero
éxito en la misión laica es su acción en la sociedad donde viven y donde
pueden hacer fermentar el Evangelio. De lo contrario nos convertimos en
una Iglesia autorreferencial”. Para el padre Leonardo Rodríguez es “un
gran cambio de mentalidad” y al mismo tiempo “un largo camino que
recorrer”.
En Uruguay, concluye el padre Rodríguez, la clara y antigua separación
entre el Estado y la Iglesia, al igual que el ambiente laico y, a
menudo, laicista, ha significado que la Iglesia sea “muy libre, pobre y
sencilla”, donde las parroquias generalmente tienen “poca fuerza
pastoral” y son “misioneramente frágiles”. Por lo tanto, tratamos de
estimular la creatividad a través de diferentes experiencias y
facilitamos a los laicos la posibilidad de “mantener el vínculo de
amistad y fe con Jesucristo”, el primer evangelizador y modelo de
evangelización.