Bagdad,, IRAK (Agencia Fides, 10/11/2021) - El camino para recomponer la plena unidad entre
las Iglesias y las comunidades eclesiales “no es tan fácil como algunos
imaginan”. El cardenal Louis Raphael Sako, Patriarca de Babilonia de
los Caldeos, toma nota de ello, con realismo pero sin recriminaciones
derrotistas. En un discurso difundido a través de los canales oficiales
del Patriarcado, el cardenal iraquí reconoce que la cuestión del camino
hacia la reconstitución de la plena unidad sacramental entre los
bautizados es una “cuestión compleja” que no puede ser tratada con
arrogancia o sentimentalismo.
Las Iglesias y las comunidades eclesiales -reconoce el Patriarca- no
pueden ser unificadas de manera forzada, y tampoco pueden ser despojadas
de sus identidades individuales “por decreto”, porque “la Iglesia no es
una mera entidad administrativa”, sino una realidad íntimamente
connotada por su propia e inconfundible naturaleza espiritual. Además,
el debate sobre la necesidad de recomponer la unidad plena entre los
cristianos, en la actualidad, puede verse complicado por los
condicionamientos sociológicos y culturales, dado que en nuestro mundo
contemporáneo el pluralismo es siempre reconocido y afirmado como un
valor positivo, mientras que los procesos de homologación son
denunciados como formas de imposición asfixiante.
El modelo histórico e ideal al que mirar -subraya el Patriarca,
continuando su reflexión- sigue siendo el de la Iglesia naciente,
relatado en los Hechos de los Apóstoles. En aquel principio -señala el
cardenal iraquí- la unidad de los bautizados no era una meta ideal que
debía alcanzarse con esfuerzos y estratagemas humanas, sino que florecía
como efecto gratuito de la fe y la caridad que animaban los corazones
alcanzados por la gracia de Cristo. Sólo la unidad vivida en la fe y en
la caridad puede convivir sin esfuerzo y con gratitud con el legítimo
pluralismo de las diferentes sensibilidades teológicas, de los múltiples
ritos y de las diferentes trayectorias históricas de las comunidades
eclesiales que florecen en diferentes civilizaciones, culturas y países.
El discurso del Patriarca Sako no se detiene en consideraciones
generales sobre las dificultades del ecumenismo, sino que también quiere
llamar la atención sobre una cierta inmovilidad que, según el cardenal
iraquí, caracteriza a las organizaciones ecuménicas y a los contactos
intereclesiales en su país. En Irak -recuerda el Patriarca- existen
oficialmente 14 comunidades y denominaciones eclesiales relativas, de
consistencia variable.
“El Consejo de Jefes de Iglesias y Comunidades Cristianas de Irak se
creó en 2006, y en varias ocasiones -reconoce el Patriarca- ha
respondido a la necesidad de unificar las posiciones y los discursos
oficiales” de los distintos sujetos eclesiales. Al mismo tiempo, en
opinión del Patriarca Sako, el organismo parece estar pasando en los
últimos años por una temporada de desprestigio, justo cuando organismos
similares que operan en Egipto, Jordania y Líbano se muestran mucho más
emprendedores y sensibles a las urgencias y emergencias del momento
histórico actual. El Patriarca, entre otras cosas, recuerda el intento
fallido de identificar una fecha común para las fiestas litúrgicas
cristianas que actualmente se celebran en días diferentes por las
distintas comunidades eclesiales.
En septiembre de 2013, unos meses después de su elección a la dirección
de la Iglesia caldea, el Patriarca Sako envió una carta de felicitación a
Mar Dinkha IV, en aquel entonces Patriarca de la Iglesia Asiria de
Oriente, con motivo de su 78º cumpleaños. En ese
mensaje de buenos deseos, el Patriarca Sako dirigió también al Jefe de
la Iglesia asiria una elocuente invitación oficial a iniciar juntos un
camino de diálogo para restablecer la plena comunión eclesial entre la
comunidad cristiana caldea -unida al Obispo de Roma- y la asiria, que
comparten la misma herencia litúrgica, teológica y espiritual. La
propuesta hecha en aquella ocasión por el Patriarca Sako no se ha
desarrollado en actos concretos hasta la fecha.