Zomba, MALAWI (Agencia Fides 12/06/2021) – “En la actual situación de emergencia sanitaria,
muchos niños y jóvenes se ven obligados a trabajar para ayudar a sus
familias en condiciones de extrema pobreza. En no pocos casos es una
forma de esclavitud y encarcelamiento, con el consiguiente y grave
sufrimiento físico y psicológico. Así lo dice a la Agencia Fides Mons.
George Desmond Tambala, Obispo de la Diócesis de Zomba, en Malawi, con
motivo de la Jornada contra la explotación del trabajo infantil, que se
celebra en todo el mundo el 12 de junio.
Aunque en Malawi las normas constitucionales establecen los derechos y
la protección de los niños, adolescentes y jóvenes, en el país africano
el 89% de los niños y adolescentes están afectados de alguna manera por
la pobreza, por formas de trabajo infantil o no tienen acceso a la
educación, la información, la vivienda, el agua y el saneamiento. Según
el Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia (Unicef), hay casi 80
mil niños de entre cinco y catorce años: “muchos de ellos trabajan en
las plantaciones de tabaco -informa Mons. George- con turnos de hasta
doce horas, por menos de dos centavos de dólar la hora”.
Los datos del Gobierno señalan que en 2019 había 2,4 millones de niños y
adolescentes, de entre 5 y 17 años, dedicados al trabajo infantil, lo
que representa el 6% de la población (18,63 millones) en este grupo de
edad. Entre 2007 y 2020, 300 niños y adolescentes de 5 a 17 años
murieron y 28.000 sufrieron accidentes graves mientras trabajaban. En el
mismo periodo, 47.500 niños y adolescentes sufrieron algún tipo de
daños a su salud debido al trabajo.
La Iglesia de Malawi se une a las instituciones en la labor de
prevención y erradicación del trabajo infantil, apoyando diversas
iniciativas en este sentido, junto con diversas instituciones y
entidades de la sociedad civil. El objetivo es concienciar sobre el
elevado número de familias con hijos que, lejos de la escuela y la
infancia, trabajan en condiciones indignas. “Es importante - observa
Mons. Tambala - mostrar que el trabajo infantil es una de las formas de
explotación más perjudiciales para el pleno desarrollo del ser humano y
una grave violación de los derechos fundamentales de los niños y
adolescentes”. “La protección de los menores - concluye - es parte
integrante del mensaje evangélico. Es necesario crear un entorno seguro
para ellos, dando prioridad a sus intereses”.