Maputo, MOZAMBIQUE (Agencia Fides 16/06/2021) – “Las intervenciones deben integrar aspectos de buena convivencia entre los desplazados y la población local. Las ayudas no deben ir sólo a los desplazados, ignorando totalmente a la población local”, dice Su Excelencia. Mons. António Juliasse Sandramo, administrador apostólico de Pemba, capital de la provincia del norte de Mozambique, donde se está acogiendo a los desplazados de las zonas afectadas por la violencia de los grupos armados, de los que al menos uno afirma haberse unido al Estado Islámico. Los ataques y enfrentamientos con el ejército mozambiqueño han causado ya más de 2.800 muertos y 714.000 desplazados.
Según Mons. Sandramo, para evitar la rivalidad y el conflicto entre la
población local y los recién llegados, es necesario compartir los
recursos movilizados para acoger a los desplazados; desde la tierra
hasta los materiales de construcción de las casas, pasando por los
productos de primera necesidad.
Además, es necesario detener el conflicto, afirma Mons. Sandramo,
mediante el diálogo con las poblaciones islámicas y dentro de las
propias comunidades musulmanas. “Es necesario fomentar el diálogo con
los hermanos musulmanes y entre ellos”, continúa el obispo. “En
particular, las familias deben encontrar maneras de dialogar con los
jóvenes para mostrarles que la verdadera cara de la religión islámica no
es la violencia”.
“La violencia y el extremismo no son la verdadera cara del Islam”, subraya.
Por último, Mons. Juliasse señala que, en ausencia de seguridad, los
inversores internacionales se retiran: “Si no hay seguridad, es difícil
atraer inversiones. Algunas inversiones se han detenido precisamente por
la inseguridad".
Por su parte, el responsable de Comunicación Social de la Diócesis de
Pemba, el padre Kwiriwi Fonseca, ha dado la voz de alarma sobre el
secuestro de niños y jóvenes por parte de los grupos yihadistas que
luego son reclutados a la fuerza en sus filas.
Aunque no hay datos oficiales sobre el número de niños y jóvenes
desaparecidos, “son varios centenares, si tenemos en cuenta los
diferentes pueblos de donde han sido secuestrados”, dice el sacerdote.
Los niños son entrenados como combatientes mientras que las niñas sufren
violencia sexual y son entregadas en matrimonio a los yihadistas.