Christchurch, NUEVA ZELANDA (Agencia Fides, 15/03/2019) - “Es un acto horrible que condenamos con
todas nuestras fuerzas. No esperábamos algo así en nuestra tranquila
comunidad de Christchurch. Estamos conmocionados, como toda la nación.
Expresamos toda nuestra solidaridad con las familias afectadas y con la
comunidad islámica. Confiemos a Dios las vidas rotas y el sufrimiento
causado por la masacre de inocentes”. Son las palabras enviadas a la
Agencia Fides por el obispo Emérito de Christchurch, John Basil Meeking,
que expresa todo el dolor por la masacre que tuvo lugar hoy en dos
mezquitas en la ciudad de Christchurch, en Nueva Zelanda, donde viven
600.000 personas, incluidos 70.000 mil católicos. Un comando de cuatro
personas ha cometido los asesinatos. Estaban liderados por el veintiocho
australiano, Brenton Tarrant. Los ataques tuvieron lugar alrededor de
las 13:40 hora local y el número de muertos es de al menos cuarenta y
nueve. La primera ministra de Nueva Zelanda, Jacinta Arden,
declaró inmediatamente que “este es uno de los días más oscuros de Nueva
Zelanda. Nos enfrentamos a un acto de violencia sin precedentes”.
Monseñor Patrick James Dunn, obispo de Auckland y presidente de la
Conferencia Episcopal de Nueva Zelanda, envió un mensaje a todas las
comunidades católicas de la nación solicitando incluir una oración
especial por las víctimas en todas las misas que se celebren el próximo
domingo 17 de marzo.
El director de las Obras Misionales Pontificias de Nueva Zelanda, el
padre verbita Bernardo Epiritu, comenta a la Agencia Fides: “Estamos
asombrados porque la nuestra es una nación que practica la convivencia
pacífica entre diferentes culturas y religiones. Evidentemente, algunos
grupos de extrema derecha albergan sentimientos islamófobos o de
“supremacía blanca”. Pero puedo decir que en la sociedad, entre la gente
común, no hay sentimientos antirracistas ni musulmanes. Este es un acto
execrable, completamente inesperado. En nuestra sociedad hay
actualmente una mezcla de culturas y etnias, para la inmigración, un
fenómeno histórico y actual. Incluso la Iglesia Católica se está
revitalizando gracias a la contribución de los inmigrantes católicos
provenientes de países asiáticos y también de América del Sur. En
general, el sentimiento de aceptación hacia los refugiados e inmigrantes
es generalizado, sin discriminación por motivos religiosos. Como
comunidad
católica podemos contribuir a promover la paz, la tolerancia y la
convivencia, para que los venenos del odio y el miedo no permitan que
vuelva a derramarse sangre inocente”.