Ciudad de México, MÉXICO (Agencia Fides, 12/06/2019) - "Como Conferencia Episcopal Mexicana,
expresamos nuestra preocupación por la falta de una acogida
verdaderamente humanitaria a nuestros hermanos y hermanas migrantes que
refleje de la misma manera nuestras convicciones sobre el reconocimiento
y la protección de los derechos de todos los seres humanos". Así
comienza el mensaje de los obispos mexicanos tras el acuerdo entre
Estados Unidos y México sobre deberes y política migratoria, firmado por el presidente y el secretario general de la
Conferencia Episcopal Mexicana (CPE), respectivamente el arzobispo de
Monterrey, Mons. Rogelio Cabrera López, y el Obispo auxiliar de
Monterrey, Mons. Alfonso Miranda Guardiola.
El despliegue de seis mil oficiales de la Guardia Nacional en la
frontera sur "no es una solución radical que aborde las verdaderas
causas del fenómeno migratorio", dice el texto recibido por Fides,
destacando: "si hemos rechazado como mexicanos la construcción de un
muro, no podemos convertirnos nosotros mismos en ese muro".
Tras reconocer la legitimidad del "tomar decisiones valientes para
evitar la imposición de aranceles a los productos mexicanos
comercializados con Estados Unidos", lo que causaría graves daños
económicos al país, los obispos alientan a los responsables de las
negociaciones, "para que el diálogo continúe y exprese los valores
fundamentales de dos países democráticos: el respeto a los derechos
humanos, la solidaridad entre los pueblos y el trabajo por el bien común
de nuestra región".
"En este momento histórico -continúan-, el gobierno y la sociedad no
deben renunciar a promover el desarrollo humano integral para
Centroamérica y el sureste mexicano". México "no está aislado, debe
construir, junto con los países de América Central, una estrategia que
sirva al bien común de la región. Nuestros hermanos migrantes nunca
deben ser la moneda de cambio. Ninguna negociación debe estar por encima
de lo que la Iglesia y la sociedad civil han defendido durante años: la
no criminalización de los migrantes y de los defensores de los derechos
humanos".
El mensaje recuerda que miles de migrantes intentan llegar a Estados
Unidos huyendo de la violencia y la miseria de sus países, muchos otros
son arrestados y deportados a México, ahora aún más bajo el programa
unilateral norteamericano, según el cual miles de centroamericanos
esperarán en México por una solución a su condición de inmigrantes,
expuestos a graves riesgos en las ciudades fronterizas mexicanas e
impidiendo su pleno acceso a la asistencia legal. "Como miembros de la
familia humana no podemos ser indiferentes al dolor que muchos de ellos
experimentan y que requiere nuestra ayuda humanitaria y el respeto
irrestricto de sus derechos humanos".
"La Iglesia católica en México está convencida de que es necesaria una
política migratoria justa que, por un lado, garantice un tránsito libre y
ordenado de personas, reguladas y responsables; y, por otro, vele por
los legítimos intereses de los miembros de nuestra nación. De la misma
manera, estamos convencidos de que los mexicanos debemos estar unidos
para enfrentar este y otros desafíos globales. La unidad de los
mexicanos no debe construirse separadamente de la fraternidad entre los
pueblos. Todos somos países complementarios e interdependientes".
Los obispos piden formalmente a los gobiernos de México y Estados Unidos
que "privilegien siempre el diálogo y la negociación transparente en
las relaciones bilaterales, sin caer en la fácil tentación del chantaje o
de la amenaza. El bien de cada país se construye garantizando el bien
de toda la región. No hay futuro si no caminamos juntos como hermanos
como somos, en solidaridad y corresponsabilidad". Los obispos mexicanos y
norteamericanos siempre han expresado su voluntad de colaborar "con
todas las iniciativas que permitan encontrar un camino de mayor
seguridad y protección de los derechos humanos de los que emigran", y
reafirman que es su deber "alzar la voz cuando se violan los derechos
humanos. Así ha sido siempre y será el caso en el futuro".
Los obispos mexicanos reafirman su voluntad de "proporcionar a los
migrantes la ayuda humanitaria que necesitan en su tránsito por nuestro
territorio nacional"; agradecen a miles de hombres y mujeres de la
Iglesia católica, de otras iglesias y de la sociedad civil, que durante
décadas han defendido los derechos fundamentales de los migrantes en
México, Estados Unidos y Centroamérica; y piden a sus hermanos y
hermanas migrantes que se "integren con respeto en las comunidades en
las que son recibidos". El mensaje de los obispos mexicanos concluye con
una invocación al Espíritu Santo para iluminar "a las autoridades
civiles de nuestras naciones para que tomen las decisiones más sabias y
auténticas para nuestros pueblos".