Loikaw,, MYANMAR (Agencia Fides 08/06/2021) - Es una situación grave y dramática la de la diócesis de Loikaw, en el estado birmano de Kayah (este de Myanmar), donde el conflicto entre el ejército birmano y las fuerzas populares de defensa que se oponen a la junta militar, tras el golpe de estado del 1° de febrero está causando estragos. La Iglesia católica local está haciendo todo lo posible para ayudar a los desplazados internos, pero “las iglesias están en el punto de mira de los militares”: así lo afirma el padre Celso Ba Shwe, vicario general de la diócesis católica de Loikaw, en una carta pastoral enviada también a la Agencia Fides. Ante el repentino fallecimiento del obispo y de su sede vacante, el padre Celso Ba Shwe, vicario general, rige la pastoral ordinaria de la diócesis.
En la carta pastoral difundida hoy, el vicario informa sobre los
intensos combates entre el ejército y las fuerzas de la resistencia,
compuestas por jóvenes de todas las etnias y religiones. En un escenario
crítico desde el punto de vista humanitario y precario para la
seguridad de los civiles, “todas las comunidades religiosas de la
diócesis están dando refugio y ayudando a los civiles en sus respectivas
iglesias y edificios. Pero las iglesias están en el punto de mira de
los militares”, dice con gran preocupación.
Ante una violencia y una ferocidad sin precedentes, con bombardeos
indiscriminados contra mujeres, ancianos y niños desplazados, el Vicario
exhorta a todo el pueblo de Dios “a recurrir a la Virgen María y a
rezar el Rosario todas las tardes a las 19 horas por la paz y el retorno
de la estabilidad en Myanmar”. El texto de la misiva subraya que “la
población está cansada y aterrorizada y ahora, debido a los bombardeos
de iglesias y monasterios, donde los civiles habían encontrado refugio,
están huyendo a zonas forestales que también son inseguras”, señala.
Según la información de la Agencia Fides, hay al menos seis iglesias
afectadas o que se han visto dañadas por la violencia y las incursiones
militares de los últimos días. Los sacerdotes y los religiosos locales
están desplegando todas sus energías físicas y espirituales para
permanecer cerca de la población en una fase de verdadera emergencia
humanitaria.