Managua, NICARAGUA (Agencia Fides, 04/12/2018) - "Las lágrimas de nuestro pueblo son las
lágrimas de Dios. Él camina con nosotros en medio del dolor y comparte
nuestro sufrimiento", esta es la certeza expresada por la Conferencia
Episcopal de Nicaragua en su mensaje de Adviento. "En la muerte,
desaparición de cualquier ser humano, detenciones, encarcelamientos
injustos, exilio forzado de familias, manipulación de la conciencia,
-especialmente a través de algunos medios de comunicación y redes
sociales que a menudo promueven noticias falsas-, y en la división del
pueblo, Dios mismo es negado", escriben los obispos. En este panorama,
sin embargo, la Iglesia sigue confiando en el Señor, porque "Dios tiene
la última palabra sobre la vida y la historia de los pueblos y también
sobre nuestro país".
Los obispos subrayan tres consideraciones: los gestos de solidaridad, de
amor y de perdón son la clave para hacer frente a una violencia que
sólo genera circuitos de muerte. La situación actual ha puesto al
descubierto la realidad de la nación: "el diálogo, como salida pacífica,
sigue siendo necesario".
Todos los nicaragüenses se han visto afectados por la crisis social y
"esta triste realidad nos permite romper el velo de la indiferencia para
asumir la responsabilidad que nos corresponde como hijos de esta
nación. Nadie debe permanecer de brazos cruzados ante el dolor de los
que, a pesar de ser adversarios, nunca dejan de ser hermanos". En medio
de la injusticia, -continúan-, nuestros ojos deben permanecer fijos en
Jesucristo. "La búsqueda de soluciones pacíficas a la situación
nicaragüense debe pasar por una auténtica conversión a Él. Es una hora
decisiva para los que profesan la fe cristiana, estamos llamados a
romper con el egoísmo personal para vivir como el Maestro".
El texto continúa recordando que, según las enseñanzas de la Iglesia,
"la paz es un don de Dios que debemos pedir con insistencia", pero
también es un compromiso que hay que asumir con valentía. Los
nicaragüenses ya sufren en carne propia los sufrimientos de la lucha
fratricida, que ha abierto heridas que no han sido curadas y que
producen odio y violencia. Por eso, los obispos exhortan "a no dejarse
seducir por soluciones inmediatas", porque la nueva Nicaragua necesita
"líderes no violentos que alcancen, con la ayuda de Dios, metas de
libertad y justicia".
Puesto que el objetivo fundamental de la Iglesia es la gloria de Dios a
través de la salvación integral del ser humano, los obispos consideran
que es su deber proponer, a la luz de la doctrina social, ciertas
orientaciones en la búsqueda de caminos alternativos. En primer lugar,
"hoy más que nunca debemos volver a nuestras raíces nicaragüenses y
sobre todo a nuestras raíces cristianas... Ante las campañas de
descrédito y deshonor de los exponentes de la Iglesia, debemos responder
con mayor oración, penitencia y testimonio de vida". Asimismo,
recuerdan que los nicaragüenses son conocidos por su espíritu de
solidaridad y hospitalidad, y en estos momentos es necesario ejercer las
obras de misericordia.
La Nicaragua mejor que todos anhelamos debe buscar el bien común, la
justicia y la paz, y no los intereses económicos o políticos de unos
pocos. Esto le daría una sacudirá la situación y permitiría unir las
fuerzas de todos los hijos de Nicaragua, sin excepción. La situación
actual tiene profundas raíces en el pecado estructural o social. Por
esto, los obispos llaman a "todos a la conversión". El mundo de hoy
necesita el testimonio de profetas desarmados. En esta perspectiva
subrayaron que "el diálogo debe orientarse a abrir nuevas perspectivas, y
esto requiere valentía, audacia, respeto al otro y, sobre todo, un gran
amor a la patria. Por lo tanto, un buen político es aquel que, teniendo
en cuenta los intereses de todos, busca la oportunidad de un diálogo
abierto. Un buen político siempre elige nerar procesos en lugar de
ocupar espacio".
Finalmente, los obispos reconocen que en diálogo con el Estado y la
sociedad, "la Iglesia no tiene soluciones para todas las situaciones
particulares. Sin embargo, nosotros, los obispos, junto con las diversas
fuerzas sociales, estamos dispuestos a acompañar las propuestas que
mejor respondan a la dignidad de la persona humana y al bien común. Con
el diálogo hay un futuro, sin diálogo todo esfuerzo está condenado al
fracaso. Afirmamos nuestra convicción de que el diálogo es la salida
pacífica de esta crisis sociopolítica".