miércoles, 20 de febrero de 2019

Audiencia General del Papa FRANCISCO: “Padre que estás en los cielos”

CIUDAD DEL VATICANO (http://press.vatican.va - 20 de febrero de 2019).- Esta mañana, a las 9.10 horas, antes de la Audiencia General el Papa FRANCISCO ha recibido en la Basílica de San Pedro a los participantes en la peregrinación de la Arquidiócesis de Benevento.


Sucesivamente, a las 9:45 en el Aula Pablo VI el Papa ha encontrado grupos de peregrinos y fieles de Italia y de todo el mundo y, retomando el ciclo de catequesis sobre el Padre nuestro, se ha centrado en el tema “Padre que estás en los cielos”  (Pasaje bíblico: Isaías 49, 14-16)


Tras resumir su discurso en diversas lenguas, el Santo Padre ha saludado en particular a los grupos de fieles presentes procedentes de todo el mundo.


La Audiencia General ha terminado con el canto del  Pater Noster  y la Bendición Apostólica.


PAPA FRANCISCO

AUDIENCIA GENERAL


Aula Pablo VI
Miércoles, 20 de febrero de 2019


Catequesis sobre el “Padre nuestro”: 7. Padre que estás en los cielos


Queridos hermanos y hermanas, ¡buenos días!

La audiencia de hoy se desarrolla en dos lugares. Primero he encontrado a los fieles de Benevento que estaban en San Pedro y ahora a vosotros. Esto se debe a la delicadeza de la Casa Pontificia que no quería que os resfriaseis: démosles las gracias por ello. Gracias.

Continuamos la catequesis sobre el  "Padre nuestro". El primer paso de cada oración cristiana es el ingreso en un misterio, el de la paternidad de Dios.  No se puede rezar como cotorras. O tu entras en el misterio, en la certeza de que Dios es tu Padre o no rezas. Si yo quiero rezar a Dios, Padre mío, comienzo por el misterio. Para entender en qué medida Dios es nuestro padre, pensemos en las figuras de nuestros padres, pero, de alguna manera tenemos siempre que "refinarlas", purificarlas.  El Catecismo de la Iglesia Católica también dice esto. Dice así "La purificación del corazón concierne a imágenes paternales o maternales, correspondientes a nuestra historia personal y cultural, y que impregnan nuestra relación con Dios." (No. 2779).

Ninguno de nosotros ha tenido padres perfectos, ninguno;  como nosotros, a  nuestra vez, nunca seremos padres o pastores perfectos. Todos tenemos defectos, todos. Vivimos siempre nuestras relaciones de amor bajo el signo de nuestros límites y también de nuestro egoísmo, por lo que a menudo están contaminadas por deseos de posesión o manipulación del otro. Por eso, a veces, las declaraciones de amor se convierten en sentimientos de rabia y hostilidad. Pero mira, estos dos se querían tanto la semana pasada; hoy se odian a muerte: ¡esto lo vemos todos los días!. Es por eso, porque todos tenemos dentro raíces amargas, que no son buenas y a veces salen y hacen daño.

Por eso, cuando hablamos de Dios como "padre", mientras pensamos en la imagen de nuestros padres, especialmente si nos han querido, al mismo tiempo tenemos que ir más allá. Porque el amor de Dios es el del Padre "que está en los cielos", según la expresión que nos invita a usar a Jesús: es el amor total que en esta vida solo saboreamos de manera imperfecta. Los hombres y las mujeres son eternamente mendigos del amor, -nosotros somos mendigos de amor, necesitamos amor-  buscan un lugar donde ser amados finalmente, pero no lo encuentran. ¡Cuántas amistades y cuántos amores defraudados hay en nuestro mundo!¡Cuántos!

El dios griego del amor, en la mitología, es el más trágico de todos: no está claro si es un ser angelical o un demonio. La mitología dice que es el hijo de Poros y de Penía, que es astuto y pobre, destinado a llevar algo de la fisonomía de estos padres. Desde aquí podemos pensar en la naturaleza ambivalente del amor humano: capaz de florecer y de dominar la vida en una hora del día, e inmediatamente después de marchitarse y morir; lo que atrapa, siempre se le escapa (ver Platón, Symposium, 203). Hay una expresión del profeta Oseas que enmarca despiadadamente la debilidad congénita de nuestro amor: "Vuestro amor es como nube mañanera, como rocío matinal que pasa" (6: 4). Esto es lo que nuestro amor suele ser: una promesa que es difícil cumplir, un intento que pronto se seca y se evapora, un poco como cuando sale el sol por la mañana y se lleva el rocío de la noche.
 


Cuántas veces los hombres hemos amado de esa manera tan débil e intermitente. Todos hemos pasado por esta experiencia: hemos amado pero luego ese amor ha cesado o se ha vuelto débil. Deseosos de amar, nos hemos tenido que enfrentar, en cambio, con nuestros límites, con la pobreza de nuestras fuerzas: incapaces de mantener una promesa que en los días de gracia parecía fácil de lograr. Después de todo, incluso el apóstol Pedro tuvo miedo y escapó. El apóstol Pedro no fue fiel al amor de Jesús. Siempre hay una debilidad que nos hace caer. Somos mendigos que en el camino corren el peligro de no encontrar nunca por completo el tesoro que buscan desde el primer día de su vida: el amor.

Sin embargo, hay otro amor, el del Padre "que está en los cielos". Nadie debe dudar que es destinatario de este amor. Nos ama. “Me ama”, podemos decir. Si incluso nuestro padre y nuestra madre no nos hubieran amado, -es una hipótesis histórica- hay un Dios en el cielo que nos ama como nadie en la tierra nunca lo ha hecho ni lo podrá hacer. El amor de Dios es constante.  El profeta Isaías dice: "¿Acaso olvida una mujer a su niño de pecho, sin compadecerse del hijo de sus entrañas? Pues aunque esas llegasen a olvidar yo no te olvido. Míralo, en las palmas de mis manos te tengo tatuada "(49: 15-16). Hoy están de moda los tatuajes: “En las palmas de mis manos te tengo tatuada”.  Me he hecho un tatuaje tuyo en las manos. Yo estoy en las manos de Dios, así, y no puedo borrarlo. El amor de Dios es como el amor de una madre que nunca se puede olvidar . ¿Y si una madre se olvidase? “Yo no me olvidaré”, dice el Señor. Este es el amor perfecto de Dios, así nos ama. Si todos nuestros amores terrenales se desmoronasen, y no quedase nada más que polvo, siempre queda  para todos nosotros, ardiente, el amor único y fiel de Dios.

En el hambre de amor que todos sentimos, no buscamos algo que no existe: es, en cambio, la invitación a conocer a Dios que es padre. La conversión de San Agustín, por ejemplo, pasó por esa cima: el joven y brillante retórico buscaba sencillamente entre las criaturas algo que ninguna criatura podría darle, hasta que un día tuvo el coraje de mirar hacia arriba. Y ese día conoció a  Dios. A Dios que ama.
La frase "en los cielos" no quiere expresar una distancia, sino una diferencia radical de amor, otra dimensión de amor, un amor incansable, un amor que permanecerá siempre, todavía más, que está al alcance de la mano. Solo hace falta decir: “Padre nuestro que estás en los cielos” y ese amor viene.


Por lo tanto,¡ no tengáis miedo! Ninguno de nosotros está solo. Si, hasta por desgracia, tu padre terrenal se hubiera olvidado de ti y  tú quizás sintieras rencor por él, no se te niega la experiencia fundamental de la fe cristiana: saber que eres un hijo amadísimo de Dios y que no hay nada en la vida que pueda extinguir su apasionado amor por ti.


Saludos en las diversas lenguas


Saludos en francés


Saludo cordialmente a los francófonos, en particular a los jóvenes de Francia y a los peregrinos de Suiza y Münich. Os invito, con motivo de vuestra peregrinación a Roma, a rehacer la experiencia de este inmenso amor paternal que Dios siente por nosotros, para que lo reveléis a los demás. ¡Dios os bendiga!.


Saludos en inglés


Saludo a los peregrinos de habla inglesa presentes en la audiencia de hoy, especialmente los de Inglaterra, Escocia, Irlanda, Canadá y los Estados Unidos de América. Sobre todos vosotros y vuestras familias, invoco el gozo y la paz del Señor. ¡Dios os bendiga!


Saludos en alemán


Una cordial bienvenida a los peregrinos de habla alemana. Ser hijos del Padre de los cielos significa amar al prójimo y estar cerca de aquellos que están solos y en dificultades. Para este testimonio de la divina misericordia, el Señor os conceda, así como a vuestras familias, su Paráclito y su gracia.




Catequesis y saludos en español


Queridos hermanos y hermanas:


Siguiendo la catequesis sobre el Padrenuestro, hoy vemos cómo el primer paso de toda oración cristiana es el de introducirnos en el misterio de la paternidad de Dios. Aunque hayamos tenido unos buenos padres nuestra experiencia familiar no es suficiente para entender esta paternidad, porque sabemos que todo lo humano, también el amor, es imperfecto ya que está sujeto al egoísmo personal y a los límites propios de nuestra condición de hombres y mujeres.


Todos somos “mendicantes de amor” y experimentamos un gran deseo de amar y ser amados; pero al mismo tiempo encontramos que nuestro amor humano es débil e inconstante; es una promesa difícil de mantener, un intento que se seca rápido y se evapora, «como una nube mañanera, como el rocío que al alba desaparece», dice el profeta Oseas.


En cambio, el amor de Dios, nuestro Padre que está en los cielos, es diferente. Es un amor cercano, total y fiel; destinado a todos y a cada uno. Y aunque todos nuestros afectos terrenos se esfumaran, incluso el amor de nuestros padres, el amor de Dios permanece siempre. Es un amor del que no podemos dudar, porque la experiencia fundamental del cristiano es la certeza de saber que somos sus hijos amados.


Saludo cordialmente a los peregrinos de lengua española venidos de España y Latinoamérica, en particular a los seminaristas de la Diócesis de Getafe acompañados por su obispo, Mons. Ginés García Beltrán, y que celebran 25 años de la creación de ese centro de formación.

Que el Señor nos conceda la gracia de no tener miedo y de saber que no estamos solos, porque no hay nada en esta vida que pueda apartarnos de su amor de Padre.

Que Dios los bendiga a todos. Muchas gracias.


Saludos en portugués


Con gran afecto, saludo a los peregrinos de habla portuguesa, deseando a todos que siempre os deis cuenta de que la vida es un regalo maravilloso. ¡Qué la Virgen María vele vuestro camino y os ayude a ser signo de confianza y esperanza entre vuestros hermanos! La bendición de Dios descienda sobre vosotros y vuestras familias.


Saludos en árabe


Doy una cordial bienvenida a los peregrinos de habla árabe, especialmente los de Jordania, Tierra Santa y Oriente Medio. El corazón inquieto del hombre encuentra su paz solo en el fiel amor de Dios. Efectivamente, solo el amor de Dios Padre puede colmar nuestra insaciable hambre de amor. ¡Que el Señor os bendiga y os proteja siempre del maligno!


Saludos en polaco


Saludo cordialmente a los peregrinos polacos. Queridos hermanos y hermanas, nunca olvidéis que somos hijos amados de Dios y que no hay nada que pueda extinguir su amor apasionado por nosotros. La oración a nuestro Padre que está en los cielos, colme todo sentimiento de falta de amor en la vida de todos y cada uno de vosotros. ¡Dios os bendiga!


Saludos en italiano


Doy una cordial bienvenida a los peregrinos de lengua italiana.

Me complace recibir  a las Hermanas de María Auxiliadora y a los grupos parroquiales, en particular al de Sant'Arcangelo di Romagna.

Doy la bienvenida a los fieles procedentes de San Giorgio Lucano: Con mucho gusto bendeciré la efigie de Nuestra Señora de los Ángeles que se venera en el santuario local.

Saludo al Comité Regional de Lazio de la Federación Italiana de Fútbol-Liga Amateur Nacional; al grupo del personal Policía de Campobasso; a las familias del Departamento de Hematología Oncológica Pediátrica del Hospital Salesi de Ancona a los estudiantes del Máster anticorrupción de la Universidad de Roma Tor Vergata y a los institutos escolares.

Y a vosotros de Campobasso os quiero recordar una curiosidad histórica, pero que os atañe. Yo soy del Sur, de cerca de la Antártida. Vosotros sabéis que el primer capellán que fue a la Antártida era un paisano vuestro, uno nacido en Campobasso. ¡Felicidades por este honor!.

Un pensamiento especial para los jóvenes, los ancianos, los enfermos y los recién casados.

El próximo viernes celebraremos la fiesta de la Cátedra de San Pedro Apóstol. Rezad  por mí y por mi ministerio, también por el Papa Benedicto, para que confirme siempre y en todas partes a los hermanos en la fe.



















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