Yangon, MYANMAR (Agencia Fides, 09/09/2021) - En muchas regiones de Myanmar el ejército
regular pide a las autoridades de las aldeas que recluten a jóvenes como
ayudantes de los militares, y que ayuden al ejército en la logística,
especialmente en las zonas de combate. Si las autoridades del pueblo se
niegan, los militares entran en las casas en busca de los chicos y los
secuestran. “Según algunos, se trata de una táctica para utilizarlos
como escudos humanos en las zonas de combate; otros señalan que, tras el
golpe, las academias militares, antes llenas de jóvenes, están vacías y
el ejército necesita nuevos reclutas”, explica una fuente local de
Fides en la comunidad católica birmana. “Pero el ejército ejerce la
violencia sobre los civiles y no tiene la confianza de la población, y
menos de los jóvenes”, señala.
Los jóvenes optan, en cambio, por unirse a la resistencia y a las
Fuerzas de Defensa del Pueblo, para combatir la "guerra defensiva"
proclamada por el Gobierno de Unidad Nacional (GUN) que se opone a la
junta militar en el poder. Como señalan las
fuentes de la Agencia Fides, muchos jóvenes han reaccionado
positivamente al anuncio del NUG y se han movilizado, uniéndose a las
milicias locales. Michael Thang, un joven católico, dice a Fides: “Creo
en la justicia y la democracia. En lugar de unirme al ejército de
Myanmar, me uniré a las Fuerzas Populares de Defensa que realmente
defienden al pueblo”. Otro joven, Nerius Ri, afirma: “Los soldados del
Tatmadaw cometen violaciones de los derechos humanos todos los días; no
pueden obligarnos a luchar junto a ellos. Defenderemos a los inocentes,
la libertad, los pobres, el futuro de nuestro país”.
Mary Nge, religiosa católica del estado birmano de Kachin, comenta: “Mientras el ejército de Myanmar detiene, encarcela y mata a civiles desarmados, el NUG cuenta con el pleno apoyo moral del pueblo de Myanmar, especialmente de los jóvenes. Lo ven como su esperanza para un futuro de paz, justicia y democracia”. La hna. Ester Bawk, también desde Kachin, dice a Fides que “los jóvenes cristianos, junto con todos los demás de diferentes culturas, grupos étnicos y confesiones religiosas, están respondiendo a la llamada del NUG”. La mitad de la población de Myanmar tiene menos de 30 años y muchos de estos jóvenes se han beneficiado de la frágil transición democrática que ha tenido lugar en el país durante la última década. Saben que su futuro está en juego”, dicen las religiosas, “el desarrollo humano y las libertades fundamentales de la nación están en juego. Han utilizado Internet y ahora ven restringida la libertad de expresión. No quieren renunciar a sus derechos, a su educación, quieren construir su futuro en autonomía y libertad”.
Inicialmente, tras el golpe de Estado del 1° de febrero, los jóvenes
birmanos animaron el “Movimiento de Desobediencia Civil”, activando la
resistencia no violenta organizada con sentadas, manifestaciones
callejeras pacíficas, huelgas, boicots, incluso acciones creativas,
invitando a la policía y al ejército a unirse a la resistencia. Tras la
feroz represión del ejército, se formaron cuerpos de Fuerzas de Defensa
Popular en todo el país y se inició una resistencia popular, considerada
como “combate civil en defensa propia, necesario para la
supervivencia”. Estas milicias de la resistencia están compuestas
principalmente por jóvenes.
En Myanmar, el 85% de la población profesa el budismo theravada (unos 48
millones de personas), el 6% el cristianismo (1,6 millones de baptistas
y 550.000 católicos), el 4% el islam (2,2 millones), el 1% el hinduismo
(550.000 seguidores), mientras que otras minorías siguen otras
corrientes del budismo (como el mahayana) y el animismo.