El Secretario Nacional de Acción Social (NASSA) de Filipinas - organismo que constituye la Caritas local -, ha señalado que “el tifón ciertamente traerá mayor pobreza a nuestras comunidades severamente afectadas, ya que también están combatiendo los efectos de la pandemia Covid-19”, invitando a los filipinos, y a los fieles en el extranjero, a actuar “con generosidad y compasión por todos”, como ha dicho el obispo José Colin Bagaforo, director nacional de NASSA.
Dirigiéndose a las poblaciones afectadas, el padre Tony Labiao, ex secretario ejecutivo de Caritas, ha declarado: “En estos tiempos difíciles, poned todo en manos de nuestro Dios. Sabemos que muchos en el mundo podrán escuchar nuestras oraciones y enviar ayuda”. Los voluntarios católicos y los equipos diocesanos de respuesta a emergencias continúan ayudando a las personas, especialmente a los desplazaos, que han encontrado refugio en las iglesias, explica el padre Labiao a la Agencia Fides. “Sabemos que esta calamidad agravará la situación en las comunidades más pobres. Pero compartiendo podemos superarlo”.
Según el National Disaster Risk Reduction and Management Council, el 2 de noviembre al menos más de dos millones de personas de 12 regiones se vieron afectadas por el súper tifón. Algunas de las ciudades y pueblos costeros han sido inundados por el desbordamiento de los ríos.
Goni, además de golpear la región de Bicol, también ha causado daños a las provincias de Quezón y Batangas antes de dirigirse al Mar de China Meridional. Como medida de precaución, más de 390.000 personas han huido a lugares más seguros y unas 345.000 se han refugiado en varios centros de evacuación que incluyen iglesias, escuelas gubernamentales y otros lugares.