El 4 de octubre de 1992 en Roma, el gobierno de Mozambique y la Resistencia Nacional de Mozambique (RENAMO) firmaron el tratado de paz que puso fin a la guerra civil del país que estalló en 1975 inmediatamente después de la independencia de Portugal. El acuerdo se alcanzó gracias a la mediación de la Comunidad de San Egidio, el entonces arzobispo de Beira, Su Exc. Jaime Gonçalves y el representante del gobierno italiano Mario Raffaelli.
Mozambique se enfrenta ahora, por un lado, a las dificultades que aún se encuentran para la plena aplicación de los acuerdos de Roma y, por otro, a la explosión de la violencia yihadista en la provincia norteña de Cabo Delgado. En cuanto al primer punto, en 2014, la Renamo había rechazado el resultado de las elecciones volviendo a tomar las armas. En diciembre de 2016 se alcanzó una tregua provisional que congeló el conflicto armado. El 6 de agosto de 2019, en vísperas de la visita del Papa Francisco al país, el presidente Filipe Nyusi y el líder de la Renamo, Ossufo Momade, firmaron un acuerdo para poner fin a las hostilidades.
Desde octubre de 2017 en la provincia de Cabo Delgado, la violencia rebelde ha costado más de 1.000 muertos y ha desplazado a 250.000 personas.
Según el expresidente de Mozambique, Joaquim Chissano, es necesario encontrar las razones profundas de la violencia en Cabo Delgado para garantizar la paz en el país. Para el ex presidente de la República se necesita hacer un diagnóstico claro de lo que está sucediendo en la región más septentrional de Mozambique, rica en gas y petróleo. Chissano duda que las motivaciones de los insurgentes sean económicas. Recuerda que hay países africanos con recursos naturales, como gas y petróleo, pero que viven en paz. “Se debe encontrar la razón de esta guerra para poder sofocarla. En la guerra tienes un oponente abierto con quien luchar. Pero esto ... ¿esto es una guerra?”, Se pregunta Chissano, destacando así las incógnitas que rodean a una insurrección, que ya ha causado numerosas víctimas.
El exjefe de Estado destaca que el diálogo es la única forma de resolver esta guerra sin rostro. “El diálogo no debe dejarse nunca de lado. Ahora hay que saber con quién hablar y de qué hablar. Lo hicimos en su momento con los portugueses y con la Renamo y debemos hacerlo ahora”.