“Esta situación y el cierre de uno de los cuatro campos de refugiados que alberga a más de 15.000 personas - explica abba Mussie - ha generado muchos refugiados urbanos sin ningún tipo de protección, sin derechos. En el Tigrai (la región norte de la frontera con Eritrea) miles de eritreos se ven reducidos a la hambruna, expuestos a todas las formas de explotación y abuso. Las personas más vulnerables son las mujeres y los menores, especialmente los menores no acompañados, muchos de ellos abandonados a su suerte, con el riesgo de acabar siendo víctimas de depredadores sexuales, o de reducción a la esclavitud laboral. La situación empeora día a día y es desesperante creando las condiciones para quienes trafican con seres humanos. Además el éxodo hacia Sudán y Libia está aumentando todo debido a las malas condiciones de acogida que encuentran hoy en Etiopía”.
Los refugiados que están cerca de los centros urbanos también sufren. Además de la pérdida de derechos, también deben hacer frente a la pandemia y al altísimo costo de vida. Por ello, los eritreos son víctimas de explotación, prostitución y privaciones.
“Hacemos un llamamiento al gobierno etíope para que respete las obligaciones internacionales derivadas de su adhesión a las convenciones que protegen los derechos de los niños y los derechos de los refugiados”, concluye Abba Mussie. “Pedimos a la Unión Europea que invierta recursos para que estos refugiados eritreos sean acogidos en Etiopía con dignidad. De lo contrario, el éxodo hacia Europa aumentará, con el triste número creciente de muertos en el desierto y el mar Mediterráneo".