La manifestación del 19 de octubre, convocada en tres puntos distintos de la capital, terminó pacíficamente a las siete de la tarde disolviéndose espontáneamente. El domingo 18 de octubre, los manifestantes se habían reunido en otras dos áreas de la ciudad (Monumento a la Victoria en Asok intersection) mientras que el día anterior los manifestantes habían elegido cinco áreas diferentes. El sistema de comunicación del lugar de encuentro se realiza, gracias a las redes sociales, o a través del telefónico o telemática y todo al último minuto para evitar que la policía bloquee la afluencia: modo que, desde el pasado sábado, ha funcionado impidiendo que la policía se organice o bloquee las manifestaciones. Sin embargo, la policía ha recibido la orden de intervenir, mientras continúan las movilizaciones en casi veinte ciudades tailandesas y en la capital se registran procesiones masivas con decenas de miles de jóvenes.
Los agentes del orden han pedido permiso para bloquear cinco medios de comunicación independientes acusados de difundir noticias que podrían socavar la seguridad nacional. Pero por ahora, ningún sitio ha sido cerrado después de una protesta de académicos, periodistas y sociedad civil.
Los manifestantes reclaman la dimisión del Primer Ministro, una reforma de la Constitución que también cambia la composición del Senado (por ahora elegido y no elegido) y una modificación de los dos primeros capítulos de la Constitución sobre el papel de la monarquía. Las manifestaciones comenzaron el pasado mes de febrero, pero a partir de agosto cobraron nueva fuerza culminando el día 14 de octubre y, posteriormente, en una semana de continua movilización. Mientras tanto, el partido de oposición Pheu Thai ha pedido al tribunal que anule el decreto promulgado el pasado jueves por el Primer Ministro, que agrava el estado de emergencia.
Tailandia no es ajena a los movimientos de protesta: ha habido varias oleadas de manifestaciones durante la última década, así como un golpe militar. Pero esta campaña tiene una nueva cara: está compuesta mayoritariamente por estudiantes y trabajadores jóvenes. Su movimiento cuestiona tanto el poder del gobierno respaldado por los militares como la monarquía tradicionalmente venerada y saca a la luz reclamos democráticos latentes en la sociedad civil tailandesa.