La apropiación abusiva a gran escala de tierras e inmuebles pertenecientes a familias cristianos, asirias y caldeas en la región del Kurdistán iraquí, según lo informado por la Agencia Fides fue denunciado con especial vehemencia a partir de 2016. Según las denuncias presentadas, las expropiaciones ilegales fueron llevadas a cabo por conciudadanos kurdos, quienes actuaron de manera individual o coordinada con otros miembros de su clan familiar. Ya en ese momento, solo en la gobernación de Dohuk, había una lista de 56 aldeas donde la superficie de tierra robada ilegalmente a familias cristianas ascendía a 47.000 acres.
En los últimos años, las expropiaciones ilegales han sido principalmente de tierras y casas de cristianos que han abandonado la zona, especialmente desde la década de 1980, para escapar de los conflictos regionales y de la violencia sectaria y tribal que estalló con mayor intensidad tras las intervenciones militares de coaliciones internacionales en territorio iraquí. A principios de octubre (véase Fides 6/10/2020), la Oficina de Presidencia de la Región Autónoma del Kurdistán iraquí ordenó la creación de una Comisión ad hoc responsable de verificar, documentar y perseguir las expropiaciones ilegales sistemáticas de tierras y bienes denunciadas por propietarios cristianos en los últimos años, especialmente en la gobernación de Dohuk.