En Kathmandú, la mayoría de los enfermos y los heridos se encuentran al aire libre. Algunos cirujanos han establecido una sala de operaciones en una tienda de campaña en el parque del Kathmandu Medical College. La gente hace la cola para tomar el agua suministrada por las cisternas, mientras que las pocas tiendas abiertas se han quedado sin alimentos en sus estantes. Los equipos de rescate están utilizando helicópteros para transportar a decenas de personas, de dos en dos, que han quedado atrapadas en las zonas altas. En la capital han se han colocado baños químicos; algunas organizaciones humanitarias locales están organizando la distribución de alimentos; desde el extranjero se intensifican los esfuerzos para obtener equipos médicos, medicamentos, alimentos, agua, mantas, tiendas de campaña y equipos de búsqueda y rescate de desaparecidos y/o enterrados bajo los escombros, también en las zonas interiores de Nepal.
El gran reto ahora es la intervención humanitaria, para la cual los Camilos han lanzado un llamamiento: “Instamos a los países extranjeros a enviar suministros de socorro y equipos médicos. La situación es aún peor en las zonas rurales más remotas. Las carreteras están bloqueadas por los deslizamientos de tierra y muchos pueblos y comunidades no tienen agua ni electricidad, sobreviven con los alimentos que han podido recuperar y sin ninguna ayuda exterior”.