Génova, ITALIA (Agencia Fides, 16/09/2019) - “Cuando por la noche escuchó un golpe en la
puerta de la misión, el padre Gigi abrió sin miedo. Solían ser
habitantes de la aldea de Bomoanga, la sede de la misión, que pedían
medicinas o el favor de transportar al hospital a una mujer a punto de
dar a luz o a pacientes graves”, cuenta el padre Marco Prada, de la
Sociedad de Misiones Africanas (SMA) de Génova, sobre el padre Macalli
del que no hay noticias desde hace un año.
“En la tarde del 17 de septiembre de hace un año, alguien llamó y Luigi,
sin dudarlo, abrió. Pero se encontró frente a sus captores. Lo
inmovilizaron y le vendaron los ojos, robaron lo poco que pudieron y se
lo llevaron disparando a su alrededor para asustar a los aldeanos”.
“En la misión había otro misionero, el padre John Dass, indio, y la
comunidad de monjas cercanas. Además del susto y algunos teléfonos
móviles y computadoras robados, los secuestradores no les hicieron nada.
El objetivo era el padre Pier Luigi y esperaron a que volviera de sus
vacaciones en Italia, de donde se había ido a Níger solo 10 días antes”.
Se han especulado mucho sobre los secuestradores: yihadistas,
extremistas islámicos como los que durante los últimos meses han
organizado ataques y secuestros en el norte del país, pero también en
Mali y Burkina Faso. Pero nadie los ha visto en la cara y hasta ahora no
se han manifestado.
“¿Por qué lo secuestraron? - se pregunta padre Prada -. Hay varias
hipótesis: tal vez exigen un rescate y quieren dar a conocer al mundo
sobre la lucha que están liderando”. El obispo de Niamey sigue confiando
en que el padre Pier Luigi siga vivo e invita a todos a seguir orando
por él.
“En todas las iglesias de la diócesis todos los días, desde hace un año,
rezamos fervientemente por la liberación del padre Pier Luigi. Los
cristianos invocan la intercesión de San Miguel Arcángel y Nuestra
Señora del Perpetuo Socorro. Los cristianos de la misión de Bomoanga, de
etnia Gurmancé, huérfanos de su pastor, organizan peregrinaciones a la
colina donde se planta una gran cruz. Los protestantes y los musulmanes
invitan a sus fieles a unirse en oración”, explica el padre Vito
Girotto, párroco en el pueblo cercano de Makalondi.
El padre Mauro Armanino, que sirve a Niamey en Cáritas y formación de
laicos, recuerda que Níger sufre la inestabilidad del norte de Malí, así
como por el terrorismo de Boko Haram de la vecina Nigeria. Además, las
sequías persistentes han empobrecido enormemente a los agricultores y
ganaderos, y se están poniendo a prueba ciertos equilibrios étnicos y
sociales.
Entre las voces más cercanas al padre Gigi está la del padre Carlos
Bazzara, quien fue con él en 2008 para trabajar juntos en Bomoanga. Pasó
4 años con él antes de ir a fundar una nueva parroquia en Kankani. De
esos años recuerda la experiencia de vivir con musulmanes en la región
de Gurmance.
Para aquellos que subrayan el corte islamista de la
violencia que se da en varias partes del mundo, el padre Carlos asegura
que “en Níger entre cristianos y musulmanes es posible vivir en paz. Mi
corazón siente y cree que debemos continuar luchando por un mundo de
paz, y que los verdaderos musulmanes son aquellos que buscan la paz y
son capaces de respetar las diferencias entre las religiones”, indica.
Una prueba de ello es el 'Comité para el Diálogo Interreligioso de
Níger', del que forman parte musulmanes y cristianos, que inmediatamente
después de la noticia del secuestro de Maccalli declaró: “este
secuestro bárbaro no responde a los preceptos musulmanes. No tiene otro
propósito que oscurecer y arruinar el clima de paz y convivencia
pacífica que siempre ha prevalecido entre las religiones dentro de
nuestra sociedad. ¡Liberad al padre Pier Luigi Maccalli! Es un hombre de
paz, un gran hombre de Dios al servicio de Níger durante más de 10
años”.